EN ROSARIO, HIJOS DENUNCIÓ Y ESCRACHÓ A UN EX REPRESOR
Pese a las agresiones e intimidaciones sufridas el miércoles por militantes de la agrupación Hijos, el escrache al ex comisario acusado de torturador César “Pirincha” Peralta no sólo se realizó tal como estaba previsto, sino que se extendió por casi cuatro horas e incluyó una acto en San Lorenzo y Dorrego y una multitudinaria caravana que cruzó buena parte de la ciudad y culminó con la lectura de un documento en la avenida de las Tres Vías y Albert Sabín, a metros de la casa de ex represor denunciado. En esa esquina, el miércoles Peralta y un grupo de hombres amenazaron y golpearon a integrantes de la agrupación Hijos con el fin de hacerlos desistir de la protesta, hecho que, según quedó demostrado ayer, no lograron.
Toda esa zona –y en especial el frente del domicilio de pasaje Franco 2081, donde vive Peralta– estuvo muy custodiada por la policía. Pero paralelamente, los mismos manifestantes de Hijos organizaron un operativo interno de seguridad que incluyó una prolija disposición de la caravana bajo la consigna de movilizarse todos en bloque para protegerse mutuamente.
El acto comenzó en San Lorenzo y Dorrego poco después de las 15, frente a lo que fue el centro de detención clandestino El Pozo, donde actuó Peralta durante la dictadura militar como parte de los represores del ex jefe de la policía local, Agustín Feced. Allí, el ex detenido y sobreviviente de El Pozo Luis Cuello habló “en nombre de un colectivo de ex presos políticos sobrevivientes” y rescató la actuación de los militantes de la década del setenta, relacionándola con las actuales luchas de trabajadores, desocupados y organismos de derechos humanos.
“La lucha contra la impunidad es presente. No es reflotar el pasado, como dicen algunos. Es presente mientras no sean castigados los culpables. Las agresiones a los integrantes de Hijos lo demuestran”, señaló Cuello antes de la partida de la caravana. Poco después de las 16, ya todo estaba preparado para la partida: bombos, banderas, pancartas, volantes, equipo de sonido móvil y una enorme cámara fotográfica de cartón (que hacía referencia al hecho de que Peralta fotografió a los militantes de Hijos el día de la agresión). Minutos después arrancó la formación. La encabezaba un grupo de bicicletas con las que se iba cortando el tránsito para facilitar la circulación de la caravana. Detrás se ubicó una camioneta desde la que se repartían volantes y se proveían los afiches que se iban pegando en las paredes durante todo el itinerario. Más atrás marchaba un automóvil que llevaba el equipo de sonido. Detrás circulaba un camión repleto con los militantes más jóvenes y bullangueros, seguido por un colectivo de dos pisos “para las embarazadas, los ancianos y los niños”. Una buena cantidad de autos particulares cerraba la formación. La caravana recorrió Santa Fe, San Nicolás, Alberdi, y Avenida de las Tres Vías, y durante todo el trayecto, que fue lento e insumió más de una hora, los militantes realizaron una intensa tarea de difusión.
Cientos de personas se asomaron a la vereda a ver qué sucedía. Muchos pensaban, al principio, que se trataba de propaganda partidaria, pero cuando se daban cuenta de la verdad se mostraban más interesados. Y algunos llegaron a insultar a los policías que acompañaban la formación: “Vayan a perseguir a los chorros”, les gritó una señora desconociendo que los uniformados estaban allí para proteger a los manifestantes de la furia de un ex policía “famoso por su ferocidad durante las torturas”, según denunciaron los organizadores del escrache, que solicitaron la reapertura de la causa Feced, la columna vertebral de las investigaciones judiciales en torno a la represión ilegal en Rosario durante la dictadura.
“Siempre sostuvimos que la Justicia es una construcción social y que cuando el pueblo decidiera castigar a sus verdugos no iba a haber leyes de impunidad capaces de frenar la voluntad popular. En ese camino estamos”, señala el documento que se leyó hacia el final de la movilización, donde también se denuncia “la complicidad del poder político de la provincia y de los jueces para ascender a cargos jerárquicos a policías como Peralta”.
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