EN ROSARIO LAS OFICINAS FUERON UN DESIERTO Y EL CENTRO UN CAOS
La primera jornada de paro que llevaron adelante los empleados municipales de distintas localidades de la provincia tuvo ayer en Rosario un alto acatamiento y mostró dos postales distintas: los pasillos desiertos de la oficinas de la administración local, y la peatonal Córdoba y el microcentro abarrotados de vendedores ambulantes, autos particulares y taxis mal estacionados. Este panorama promete continuar, ya que hoy se cumplirá el segundo día de huelga.
En el Centro de Especialidades Médicas Ambulatorias Rosario (Cemar) no hubo actividad. Sólo trabajaron el laboratorio (para entrega de análisis) y el departamento de diagnóstico por imágenes (tercerizado a una empresa privada). “Algunos desprevenidos vienen a atenderse, pero son muy pocos porque en los centros de salud de los barrios les avisan”, explicó una empleada del Cemar.
En tanto, la Maternidad Martin, como todos los efectores municipales, funcionó con guardias mínimas.
En el Distrito Centro, la situación fue similar. Sus pasillos mostraron una realidad poco habitual: estuvieron vacíos. Sólo los empleados de la API entregaron boletas y el Registro Civil efectuó dos casamientos. “Esto es una risa, vengo a pagar y no me atienden”, se quejó un hombre mayor.
Como contrapartida, la peatonal Córdoba se convirtió en una gran feria a cielo abierto. Amenizados por grupos musicales y solistas, los vendedores al paño estuvieron de parabienes y prometen volver hoy nuevamente. Ropa, electrónica, juguetes, bijouterie, sahumerios, lentes, pastelitos y hasta las tradicionales empanadas turcas fueron algunos de los productos que se pudieron ver y comprar.
Adhesión total
“En Rosario la adhesión al paro fue total”, aseguró el secretario adjunto del Sindicato de Empleados Municipales, Antonio Ratner, quien adelantó que para hoy esperan “similar respuesta”. El dirigente graficó que “en la Aduana, los centros de distrito, el Palacio Municipal y los hospitales, prácticamente no hubo actividad, salvo guardias mínimas”.
Para Ratner, el gremio hizo “todo lo posible” por evitar la medida, “esperando una propuesta oficial que nunca llegó”. Y consideró que el alto acatamiento se dio por “los magros salarios, la conciencia gremial y las desafortunadas palabras del intendente Miguel Lifschitz, que dijo que se iban a descontar los días no trabajados”.
El gremio anticipó que de no haber una respuesta en la paritaria del próximo miércoles, se podría decidir un nuevo “paro de 72 horas”.
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