EN SAN LUIS HUBO TOMA DE ESCUELAS
El de ayer fue otro día de clima agobiante en la capital provincial, y no sólo por el sol a pleno y la sequedad del ambiente propios de esta parte del año. Centenares de padres autoconvocados desafiaron las órdenes del gobernador, Alberto Rodríguez Saá, tomaron varias escuelas primarias y les impidieron la entrada a los directores nombrados por el Poder Ejecutivo provincial.
Con el insólito conflicto entre las dos intendencias capitalinas sin resolver, los edificios gubernamentales con guardia reforzada y una marcha y cacerolazo previstos para hoy en defensa de la Iglesia por parte de los laicos autoconvocados, el ex gobernador Adolfo Rodríguez Saá salió públicamente a encolumnar al PJ e intentó minimizar los conflictos que hoy afligen a la administración que encabeza su hermano.
Tal como se preveía, la decisión oficial de “normalizar” los institutos docentes primarios, dejar cesantes a centenares de directores y reemplazarlos por interventores, despertó la movilización de los padres y del gremio docente. Durante las primeras horas de la mañana, y en varias escuelas, se repitió la misma rutina: los interventores llegaron, no se les permitió su ingreso, y debieron retirarse tal como habían llegado.
En la vecina Mercedes la situación es peor: no hay clases desde la semana pasada. “Queremos que se reimplante el instituto docente y que no nos manejen docentes sin experiencia ni títulos”, dijo a LA NACION Graciela Murúa, secretaria de la Asociación de Docentes Estatales (ASDE), en la puerta de la Escuela N° 24. Detrás de ella, decenas de madres se encargaban de abrir el portón del establecimiento y determinar con celo quién entraba y quién no podía hacerlo. Dentro de la escuela había discusiones, miradas de reojo a los periodistas y algunos padres que preferían aceptar a las nuevas autoridades. “Lo que pasa es que El Alberto puso gente que quiere poner orden, y a algunos eso no les gusta”, susurró a LA NACION una madre que pidió no ser identificada.
Desde el adolfismo optaron por minimizar las marchas docentes (ayer hubo otra en Mercedes) y aclararon que eran minoritarias. La secretaria del gremio docente oficialista, Velia Vilches, fue más explícita: en declaraciones a la periodista Gloria Velásquez, de FM 101.1, calificó a quienes participan de los reclamos de “zurdos que merecen el paredón”.
Con semejante clima de enfrentamiento, el ex gobernador y actual diputado Adolfo Rodríguez Saá decidió volver al centro de la escena y congregar al peronismo puntano en torno de su convocante figura.
Con el hermoso paisaje serrano, que podía verse desde las terrazas del hotel Cruz de Piedra, el ex gobernador y hombre fuerte del peronismo pidió lealtad a la veintena de diputados, senadores y dirigentes provinciales que lo escucharon, casi en silencio, a la sombra de un gigantesco pino.
Despertador
“Estamos dormidos. Tenemos que salir a la calle y defender nuestros gobiernos”, les gritó, mientras movía ampulosamente las manos. Después de una hora y media de arenga, y antes de degustar milanesas con jamón y queso acompañadas por vino tinto, el actual diputado enfrentó a los pocos periodistas que lo aguardaban.
Allí aprovechó para lanzar elogios a las sucesivas administraciones (incluida la suya) que gobernaron la provincia durante veinte años.
“Siempre hay falencias, pero el peronismo sabe reconocerlas”, se defendió. Tildó de “usurpador” al intendente Daniel Pérsico (elegido en las controvertidas elecciones del 9 de noviembre último), y bajó el tono de la discusión con la Iglesia, recalentada por el desplante sufrido por el nuncio apostólico Adriano Bernardini el viernes último, cuando le fue impedida la entrada en la Colonia Hogar, ahora en manos de la administración provincial. “El nuncio siempre fue bienvenido, lo que pasa es que algunos nos quieren dividir”, respondió.
Ajenos a su discurso, los llamados laicos autoconvocados marcharán hoy, en silencio y por quinta vez, desde la Colonia Hogar hasta la gobernación, aunque esta vez habrá un cacerolazo contra la administración provincial como corolario.
“Por el derecho a tener derecho” será la consigna, a la que adhirieron trabajadores viales, docentes, partidos de la oposición y los trabajadores municipales, que reclaman a la intendenta adolfista, María Angélica Torrontegui, el pago de los sueldos atrasados. “Esto ha trascendido el reclamo de libertad religiosa y el fin del ataque a la Iglesia Católica. Ya no hay familia que no se sienta afectada por esta situación”, dijo a LA NACION Marcelo Shortrede, abogado del obispado local y uno de los laicos autoconvocados.
La tensión no terminará allí. La multisectorial, que agrupa a entidades gremiales, a docentes y a partidos de izquierda, marchará pasado mañana hasta la Legislatura, sede de la administración de Torrontegui, el mismo lugar donde el jueves último se desató la violencia que dejó decenas de heridos y ocho detenidos por el enfrentamiento originado entre municipales que respondían a Pérsico y agentes policiales.
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