EN UN CLIMA DE TENSIÓN, BOLIVIA ESPERA EL REFERENDO DEL DOMINGO
Este mediodía, un grupo de pobladores indígenas cortó una estratégica avenida de El Alto, cercana a La Paz, para protestar por la realización del referendo. Sin embargo, el paro de tres días convocado por las juntas vecinales de esa ciudad tuvo un escaso apoyo.
Por su parte, el anunciado bloqueo de rutas por parte de grupos cocaleros de la región de Yungas, a unos 120 kilómetros al norte de La Paz, tampoco se llevó a cabo, al parecer, por aparentes discrepancias entre sus organizadores.
Mientras tanto, la Justicia investiga a algunos militares retirados por presuntos planes sediciosos. “Preocupa el movimiento de armas y la organización de grupos que pudieran ir más allá de la protesta”, aseguró el presidente Carlos Mesa.
La Corte Nacional Electoral (CNE) informó que todo está listo para la consulta. Ya se encuentra en el país un grupo de observadores de la Organización de Estados Americanos (OEA), que supervisará la votación en lugares “donde se están generando los mayores espacios de discusión”, según dijo el jefe de la misión, Moisés Benamor.
Sin embargo, la polémica por el referendo continúa. Los sindicatos, que se oponen a la consulta, calificaron de “tramposas” las preguntas y exigen la nacionalización de los hidrocarburos. “La mayoría de los bolivianos apuesta por la paz y por el derecho a ejercitar una de las mayores conquistas de la democracia, independientemente de los minúsculos desesperados que insisten en un discurso agotado que nadie cree porque la violencia es parte esencial de ese discurso”, respondió el presidente Mesa.
Al mismo tiempo, Jaime Solares, líder de la Central Obrera Boliviana (COB) reconoció este viernes que el referendo tendrá “un mayoritario apoyo gracias al dinero que desplegó el Gobierno en su campaña”. Se estima que unos 20.000 policías con el apoyo de militares, custodiarán la votación para que la jornada termine sin incidentes.
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