EN UNA EMBOSCADA, SECUESTRAN AL PADRE DE "CORCHO" RODRIGUEZ
Lo secuestraron a menos de cien metros de su quinta de General Rodríguez, cuando manejaba su auto rumbo a Capital Federal para llevar a su mujer al médico. Ernesto Rodríguez, de 74 años, padre del novio de Susana Giménez, cayó en un operativo preparado con precisión y mucha información: dos coches se le cruzaron en el camino, cinco hombres lo amenazaron y se lo llevaron junto a su pareja. A ella la largaron poco después, pero por él piden un rescate de 300.000 dólares, según la versión más firme.
El empresario Jorge “Corcho” Rodríguez, el hijo de la víctima, suspendió de urgencia sus vacaciones en Punta del Este para ponerse al frente de las negociaciones. Antes de volver a Buenos Aires en una avioneta privada, hizo varias llamadas desde el Uruguay en las que acordó, entre otras cosas, que del caso se ocupara la Policía Federal.
Según una firme versión, fue el propio “Corcho” quien recibió en su celular el primer pedido de rescate por parte de los secuestradores. Habría sido dos horas después de la captura de su padre y le habrían pedido entre 300.000 dólares —según la versión más firme— y 900.000 dólares, según otras fuentes extraoficiales.
La información sobre el secuestro fue contradictoria durante todo el día. Entre otras cosas, porque desde los investigadores hubo una preocupación casi obsesiva para que no trascendieran datos. En la comisaría 1ª de General Rodríguez se llegó al ridículo de tapar con cinta adhesiva las hendijas de un portón para que no se pudiera ver a través de ellas un auto usado en el secuestro.
El fiscal Jorge Sica, a cargo del caso desde una flamante oficina dedicada a secuestros, no quiso hablar con la prensa. La Bonaerense dijo que el tema estaba en manos de la Federal y esta fuerza sostuvo lo contrario, aunque es la que maneja la investigación. La reticencia a dar información tendría que ver con las relaciones de “Corcho”: desde el ambiente político, hasta el área de Inteligencia y planas mayores de la Policía. Relaciones que también le dan un tinte audaz o de posible operación política al secuestro.
De acuerdo a lo que pudo reconstruir Clarín, Ernesto Rodríguez fue secuestrado a las 7.10 de la mañana de ayer. El hombre trabaja en una casa de aire acondicionado, en Capital, y habitualmente sale rumbo al trabajo cerca de las 8. Ayer se adelantó porque tenía que llevar a su mujer, Irma, a un control médico, de acuerdo a lo que le explicó la noche anterior a su jardinero. El hecho de que lo estuvieran esperando denota que los secuestradores tenían buena información.
Rodríguez vive en una casa quinta —llamada “El despertar”— que ocupa más de media manzana en una zona de calles de tierra de General Rodríguez. Equipada con pileta y quincho, la suya es una de las propiedades más importantes de la zona.
Viudo, en pareja desde hace cuatro años con Irma, el hombre salió ayer de su casa en un Volkswagen Polo blanco. Hizo unos 120 metros rumbo a la colectora del Acceso Oeste cuando lo cruzó un Renault Clío gris. Según un vecino, también se le acercó un Peugeot 205 blanco.
Entre tres y cinco hombres —encapuchados, según otro vecino— amenazaron con armas a Rodríguez y su mujer y se les metieron adentro del auto. Arrancaron a toda velocidad y dejaron abandonado sobre la calle Puerto Pirámides el Clío, que fue secuestrado por la Policía.
Recorrieron unos 80 metros, subieron al Acceso a la altura del kilómetro 49,5 y desaparecieron. Segundos más tarde, uno de los dos custodios privados que cuidan las 20 quintas de la zona en turnos de 12 horas —son civiles que ni siquiera usan uniforme— se dio cuenta de lo que pasaba.
El custodio corrió a la casa de Rodríguez y, al notar que no había nadie, fue hasta lo de su supervisor —hermano de uno de los jefes de la Brigada de la zona— y le avisó personalmente, ya que no tiene ni una radio para comunicarse. Este hombre fue quien llamó a la Policía, en una secuencia que los investigadores están revisando al detalle.
Cuando la Policía llegó al lugar sólo encontró el Clío abandonado. Y la versión de algunos vecinos de que ese auto había sido visto días antes merodeando la zona, como si alguien estuviera estudiando a Rodríguez.
El secuestro recién fue confirmado al mediodía por Susana Giménez, quien no quiso dar más datos. Por la tarde, la figura televisiva fue a la peluquería de Miguel Romano. Al salir, muy nerviosa, le dijo a la prensa: “Déjenme en paz. No me pregunten, no puedo decir nada. Ustedes saben cómo se trabaja en estos casos, ya vivieron lo mismo con el padre de Pablo Echarri”.
Giménez agregó que estaba en contacto permanente con su pareja. “Hablo por teléfono con él. Me gustaría estar a su lado, pero no puedo porque si salgo tengo a cien tipos atrás mío”, dijo. Un nerviosismo similar había ayer en los ámbitos oficiales. Sobre todo desde que se enteraron que el hombre secuestrado es cardíaco y fue operado en 1998.
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