EN UNA NOCHE SE VIOLARON NUEVE NORMAS
Falló la previsión del Estado, la responsabilidad de los organizadores y el sentido común de quienes arrojaron bengalas en un lugar cerrado. Pero no sólo eso: la confabulación de errores, aquella noche trágica en la discoteca de Once, incluye la violación de al menos nueve disposiciones legales. Todas juntas, en el mismo lugar y al mismo tiempo.
Hubo menores de 18 años, pirotecnia y alrededor de 3000 personas más que las permitidas. Faltó, en cambio, un servicio extra de policía y bomberos, un detector de metales en la puerta y, sobre todo, una advertencia de los organizadores a las autoridades por los cambios realizados en la estructura del salón. Demasiadas faltas…
La ordenanza 24.654 es la que regula la actividad en las discotecas. Fue sancionada en 1968 y divide a los locales en tres clases: A, B y C. En este caso, a República Cromagnon le corresponde la clase C, que permite que se “ejecute” (ésa es la palabra exacta) en esas salas música y/o canto hasta las 4 de la mañana. ¿Se “ejecuta” música durante un recital? Hay quienes lo discuten.
En la marginalidad
Aun si se da por supuesto que un grupo que toca en vivo está “ejecutando” música, la norma agrega otros puntos cuya violación no admite discusión.
La habilitación. Primero, se exige al local nocturno un certificado extendido por la Superintendencia de Bomberos, que es la que autoriza el sistema contra incendios del boliche. Esta habilitación tiene una duración máxima de un año. En el caso de República Cromagnon, como anticipó LA NACION, había sido aprobada en noviembre de 2003. Ergo, venció en noviembre último. Como no fue renovada, la disco debió haber sido clausurada un mes antes de la tragedia.
Las modificaciones. Después de otorgado aquel permiso de Bomberos, los dueños de Cromagnon refaccionaron el salón. En los casos en que estos cambios afectan el sistema de seguridad, los dueños del lugar están obligados a advertírselo a las autoridades, de manera que éstas puedan realizar un nuevo control. Se sabe que nadie avisó de las modificaciones a la Superintendencia de Bomberos. Por lo tanto, el permiso extendido no tenía validez para las instalaciones de Cromagnon desde el momento en que se hicieron las refacciones.
Los menores. La norma prohíbe explícitamente el ingreso de los menores de 18 años. En cualquier caso, permite el acceso de adolescentes de entre 15 y 18 años los sábados, domingos y feriados, entre las 16 y las 22. Esto está pensado para las matinés. La noche del desastre, el incendio comenzó minutos antes de las 23 y no se trataba de un feriado, ni de un sábado, ni de un domingo. Era jueves. Y murieron 63 menores de 18 años.
La seguridad. Para agregarle seguridad a estos espectáculos, se pide que en la puerta de ingreso se instale un detector de metales. Varios testigos aseguraron que hubo cacheos, pero el detector no se vio.
La capacidad. Se calcula de acuerdo con la dimensión del local. Se permite el ingreso de una persona por metro cuadrado, sin contar las zonas de trabajo (las barras, las oficinas, etc.). En Cromagnon podían ingresar, así, 1037 personas. La noche de la tragedia había al menos 3000 espectadores de más.
La pirotecnia. La ordenanza 34.421 prohíbe, además, la utilización de pirotecnia en espacios cerrados. Los fuegos artificiales sólo están permitidos en determinados lugares abiertos (estadios, vía pública, plazas). Según una disposición firmada en 1982 por Fabricaciones Militares, también hay que pedir permiso a dicho organismo antes de utilizar elementos pirotécnicos. ¿Es necesario recordar qué prendió fuego el techo de República Cromagnon?
El aviso. Los organizadores del festival debieron haber advertido que se iba a realizar en el mencionado local de Once el recital de Callejeros. Así lo sostiene la ley 20.120, que dice que las reuniones abiertas al público que se efectúen en espacios cerrados deben solicitar un permiso especial, por tramitarse entre ocho y 15 días hábiles antes del espectáculo. Cuando se pide esa autorización, hay que mostrar los planos del lugar. Obviamente, los planos de la habilitación no coinciden con el local tal como éste se encontraba la noche del desastre. Y, de cualquier manera, nadie avisó al Estado ni a la policía sobre la realización del recital.
La policía y los bomberos. Por lo general, en estos casos, se aplica por extensión una norma redactada para dotar de seguridad a los espectáculos deportivos: las autoridades reclaman que los organizadores de los shows artísticos contraten un servicio extra de policía y otro de bomberos. Esto se da, principalmente, cuando se realizan espectáculos masivos. Con 4000 personas dentro de República Cromagnon, tal consideración le cabía al recital de Callejeros. Obviamente, no había ni policía ni bomberos fuera del salón el último jueves.
Hubo, entonces, negligencia, irresponsabilidad, imprevisión y nulo sentido común. Pero, también, se sucedieron demasiadas irregularidades durante la noche de la tragedia en Once.
Como para reforzar la teoría de que, tal vez, el problema no sean las leyes, sino la aplicación de ellas.
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