EN VEZ DE SOCORRER A LA VÍCTIMA, LE ROBARON
Dos policías de la Patrulla Urbana se encuentran detenidos a disposición del juez de instrucción Alfredo Ivaldi Artacho acusados de hurto calamitoso, incumplimiento de deberes de funcionario público y abandono de persona. Los agentes, a quien ya se les labró un sumario administrativo, declaraban ayer a la noche en Tribunales. De todos modos seguirán presos ya que los delitos de los que están imputados no son excarcelables. Según una fuente de la investigación, los uniformados encontraron a un joven de 23 años desvanecido en el pavimento en la zona norte y, lejos de socorrerlo, se apoderaron de su celular.
El jefe de la Unidad Regional II, Héctor Hermida, pidió que la investigación quede a cargo de la División Judiciales y ordenó el sumario administrativo paralelamente a la instrucción que lleva adelante el juez.
Todo comenzó el miércoles, alrededor de las 22.30, cuando Carlos G., de 29 años, circulaba a bordo de una Zanella 50 por calle Zelaya. Según una fuente de la pesquisa, al llegar a la intersección con Baigorria fue sorprendido por dos jóvenes que salieron desde atrás de un árbol y, tras pegarle con un palo en el pecho mientras el joven iba manejando, lograron que se cayera de la moto y golpeara su cuerpo contra el pavimento.
Carlos quedó desvanecido en el piso, situación que según evalúan los investigadores asustó a los ladrones que prefirieron fugarse sin consumar el robo.
UNA PATRUYA EL AYUDA DE LA VÍCTIMA
El muchacho yacía inconsciente en el piso cuando un móvil de la Patrulla Urbana que circulaba por la zona acudió, supuestamente en su ayuda.
Pero de acuerdo con los investigadores, mientras el muchacho estaba desvanecido, uno de los agentes aprovechó para apropiarse de un celular Siemens de la víctima.
El muchacho despertó asustado y vio cuando el policía lo despojó de su celular y comenzó a recriminarle que se lo devolviera. Pero eso no ocurrió. Cuando el celular comenzó a sonar entre las ropas del agente, a Carlos G. no le quedó duda de que se lo había quitado. El muchacho relató en su denuncia que le dijo al policía: “Mi celular está sonando, fijate si no está por ahí, porque puede ser un familiar el que me está llamando”. Pero no obtuvo respuesta. Tampoco logró que lo llevaran a la comisaría de la zona, o que le llamaran una ambulancia. “Le dijeron que se tenían que ir y lo dejaron tirado en el piso”, agregó una fuente de la investigación.
Apenas los policías subieron al auto, apareció una joven que le dijo a Carlos que vio cuando el policía le sacaba el celular de la riñonera. Además, le dio un papel donde había anotado el número del móvil, indignada por el accionar de los uniformados.
Después apareció un hombre que lo llevó a la comisaría 10ª, con jurisdicción en la zona. Pero cuando Carlos contaba a los agentes de la 10ª lo que le había sucedido se volvió a desmayar, por lo que fue trasladado de inmediato al Hospital Alberdi.
Con los datos aportados por la víctima, desde la comisaría efectuaron un acta de procedimiento y se comunicaron con el juez en turno.
Allí el magistrado dio intervención a la División Judiciales de la UR II, quienes de inmediato secuestraron la hoja de ruta del móvil e identificaron a los dos policías acusados.
Uno de ellos es el cabo Luciano B y el otro el agente Jacinto G. Este último, que de acuerdo con la denuncia podría ser quien se apropió del teléfono, hace pocos meses que ingresó a la policía, según indicó una fuente de la pesquisa. Sobre el otro policía, aseguraron que hacía un par de años que vestía el uniforme de la Unidad Regional II, ya que tenía escalafón de cabo.
Con una orden de allanamiento del juez Ivaldi Artacho allanaron la vivienda de los acusados y en una de ellas encontraron la funda del celular de la víctima. Los policías fueron detenidos y quedaron imputados de hurto calamitoso, incumplimiento de los deberes de funcionario público y abandono de persona. Estos delitos no son excarcelables por lo que los agentes quedarán presos. Ayer prestaban declaración ante el magistrado actuante. Según la policía, Carlos se encuentra bien de salud aunque psicológicamente está alterado por el episodio del que fue víctima.
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