En Washington confían en que quedó atrás la etapa de los cortocircuitos
La Casa Blanca reconoce los “renovados esfuerzos” del país para atraer inversiones.
Un apretón de manos, una charla y un cambio de política mostraron al mundo el nuevo capítulo en la relación bilateral entre la Argentina y Estados Unidos.
La sintonía que mostraron el presidente Mauricio Macri y el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, en su encuentro en el Foro Económico Mundial de Davos sirvió para sellar ese nuevo comienzo. Tras la reunión, la Casa Blanca reconoció los “renovados esfuerzos” de la Argentina para atraer inversiones y reintegrarse a la economía global.
Macri y Biden discutieron oportunidades en comercio, defensa y educación, hablaron sobre cambio climático y coincidieron en “incrementar el desarrollo de energías renovables y abrir el sector energético a las inversiones necesarias”, según el gobierno de EE.UU.. Hubo, además, un compromiso para “profundizar la asociación bilateral” para construir un “hemisferio democrático, seguro” y favorable a la clase media.
El giro dejó ya un avance concreto: el Departamento del Tesoro informó que dejará de oponerse a préstamos de organismos internacionales al país y ahora los evaluará “por sus propios méritos”. Fue una señal de confianza de la Casa Blanca a la gestión de Macri. Esa oposición era, en rigor, un rechazo a la política económica kirchnerista.
“Estados Unidos le está diciendo al gobierno argentino que está tomando los pasos para construir confianza sobre su administración económica”, dijo a LA NACION Peter Hakim, presidente emérito del Diálogo Interamericano, un influyente think tank de Washington.
“Podemos comenzar a asumir que la relación entre la Argentina y EE.UU. se normalizará”, agregó.
Biden, una de las figuras del gobierno de Barack Obama más activas en el vínculo con América latina, ha mostrado un interés especial por la Argentina tras el triunfo de Macri. Nadie espera que el país sea una prioridad en una región a la que Washington ha prestado menos atención que a otras, pero se palpa otro espíritu.
En América latina, la Casa Blanca tiene además otros temas más candentes entre manos. Para Obama, el descongelamiento con Cuba, uno de los grandes legados de su política exterior, es la máxima prioridad. Sus funcionarios trabajan para arraigar el quiebre político con la isla.
Cuba y América Central, azotada por la narcoviolencia, han desatado dos olas migratorias que han provocado una crisis humanitaria al sur de la frontera con México. Washington ha llevado la atención a los países del “triángulo del Norte”, Guatemala, Honduras y El Salvador.
Pero el giro respecto de la Argentina es franco. Durante gran parte del kirchnerismo, en particular, el segundo mandato de Cristina Kirchner, el vínculo entre Buenos Aires y Washington estuvo marcado por cortocircuitos y enfrentamientos.
Macri despejó focos de fricción. El memorando con Irán por la investigación del atentado contra la AMIA era uno de los temas más ríspidos. Macri lo sepultó. El vínculo también se desgastó mucho por la pelea con los fondos buitre. Washington defendió en la Justicia algunas de las posturas argentinas, sin dejar de exigir el pago a los bonistas. Macri abrió las negociaciones para pagar. Otro tema que sumó ruido fue la cercanía entre el kirchnerismo y el chavismo. Macri ya marcó diferencias con Caracas.
La próxima señal podría llegar a fines de marzo, con un encuentro bilateral en Washington, durante la cumbre de seguridad nuclear, en el que Obama y Macri, por primera vez, se verán frente a frente.
Fuente: La Nación
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