ENCONTRARON 67.000 DÓLARES DEL ROBO AL RÍO
“Me siento mal con esta operación. No quiero saber nada con el dinero”, dijo un testigo el sábado pasado a los fiscales que investigan el robo a la sucursal Acassuso del Banco Río (ayer se conoció un video con las primeras imágenes del asalto, de lo que se informa por separado). Y enseguida relató que uno de los detenidos, “el Ingeniero” Sebastián García Bolster, viejo amigo suyo, le había comprado un departamento con 67.000 dólares en efectivo.
Ese dinero, ante la sospecha de que proviniera del botín del asalto, fue decomisado ayer por la Justicia cuando estaba a punto de ser transferido a una cuenta en Canadá.
Sin embargo, los fiscales a cargo de la causa sospechan que en realidad el detenido se valió de sus amigos para fraccionar el botín, hacerlo circular y luego recuperarlo blanqueado, en lo que denominaron una “operación artesanal de lavado de dinero”.
Avalan esa presunción las dudas que les suscitó el boleto de compraventa de la supuesta operación inmobiliaria: el documento no tenía una fecha cierta ni establecía plazos de escrituración a pesar de que la compra fue realizada con 67.000 dólares en efectivo.
Hace una semana había aparecido otro amigo del detenido con un bolso cerrado con candado con 59.000 dólares. Había dicho que “el Ingeniero” se los había entregado para que los invirtiera. El equipo de fiscales que lidera el fiscal de Cámara de San Isidro, Julio Novo, sospecha. “Es ingenuo pensar que no tenía conocimiento de nada”, dijo una fuente judicial a LA NACION.
Ahora se dio una situación parecida cuando se puso en contacto con los fiscales un hombre de unos 30 años que hace diez años había sido socio de García Bolster en un taller de motocicletas.
Les relató que su viejo socio le había comprado un departamento en Olivos al contado por 67.000 dólares y que en realidad se sentía mal porque no quería saber nada con esa operación inmobiliaria. Otro que quería devolver el dinero.
Declaró como testigo en la fiscalía de Martínez, adonde llegó acompañado por un abogado. Por las dudas.
Allí, los fiscales Ariel Apolo y Eduardo Vaiani lo interrogaron. Le pidieron que trajera los documentos que acreditaban la compraventa y el joven aportó un boleto, pero con algunas particularidades. No tenía una fecha cierta y consignaba la entrega de la totalidad del dinero en efectivo, pero no establecía ninguna fecha de escrituración, informó a LA NACION una fuente judicial.
Los investigadores interrogaron a otras personas vinculadas con la operación inmobiliaria, pero sus dichos acrecentaron las dudas sobre si todo no se trataba de una venta simulada para justificar el traspaso de dinero.
Cuando lo consultaron sobre dónde guardaba los dólares, contestó en primer lugar que lo hacía en la caja de seguridad de su suegro, pero cuando los investigadores pidieron detalles, precisiones de en qué lugar estaba el banco, el testigo terminó por reconocer que la plata estaba en una entidad financiera de la City porteña, en 25 de Mayo y Sarmiento.
Cuando le pidieron que aportara el recibo por los fondos o el cofre, el testigo les dijo que no tenía ningún documento que acreditara el depósito del dinero, lo que no hizo más que acrecentar las sospechas de los investigadores, porque nadie en su sano juicio le confía el capital producto de la venta de su único departamento a un banco y no obtiene ninguna constancia de ello, dijo uno de los investigadores.
Ayer, los fiscales y el dueño del dinero fueron hasta la entidad financiera del microcentro con la llave de la caja de seguridad y se secuestró el dinero en cuestión.
Esa plata estaba lista para ser transferida a una cuenta en Canadá que está a nombre del testigo, dijo una fuente judicial.
Los fiscales sospechan que García Bolster habría dividido su parte del botín y colocado cada porción menor en manos de allegados y familiares.
Parte de ese dinero, según los investigadores, fue entregada a allegados con la indicación de invertirlo o simular operaciones.
“Creemos que pretendía colocar la plata en el mercado financiero, hacerla circular y luego recuperarla por otro lado. Es una especie de operación artesanal de lavado de dinero”, dijo a LA NACION uno de los investigadores.
García Bolster, de 37 años y maestro mayor de obras, se negó a declarar, aunque no se descarta que lo haga en el futuro.
El equipo de fiscales que investiga el robo al banco ocurrido el 13 de enero pasado apelará en la nulidad del allanamiento en la casa de Villa Gesell donde vivía García Bolster.
El juez de Garantías de San Isidro Rafael Sal Lari declaró nulo ese procedimiento porque fue realizado sin orden judicial.
Los fiscales argumentaron que estaban facultados para hacer el procedimiento dadas las razones de urgencia, pero el juez entendió que no había tal apuro.
Esta es sólo una de las diferencias que mantienen los fiscales y el juez, pues el magistrado ya les había denegado un pedido de detención de otros tres sospechosos, uno de los cuales se habría ido del país hacia Brasil.
Pero el juez entendió que el pedido de los fiscales era “endeble”.
Ante esta situación, los fiscales preparan la apelación de esa resolución, ya que para ellos estaban facultados para llevar adelante ese allanamiento. Durante el procedimiento se secuestraron unos 20.000 pesos, que de prosperar la nulidad del allanamiento no podrán ser tenidos en cuenta como prueba.
Para los investigadores, García Bolster fue quien preparó el túnel por el que escaparon los ladrones del robo del Banco Río. Es más: los pesquisas creen que el hombre apresado el jueves pasado cobró medio millón de dólares por el trabajo realizado.
Por el robo del Banco Río se encuentran detenidos, además de García Bolster, Rubén Alberto de la Torre y Silvia Fernández, y apenas se secuestraron poco más de un millón de dólares que podrían pertenecer al dinero robado.
Ayer se vieron por Canal 9 imágenes de las cámaras de seguridad del banco en las que se aprecia a la mujer antes y después del robo, el ingreso de los asaltantes disfrazados y el saqueo de las cajas de seguridad, como lo adelantó LA NACION en su edición del domingo último.
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