ENFRENTA EL GOBIERNO UNA SEMANA CLAVE
Por segunda vez desde que es presidente, Néstor Kirchner pasó un fin de semana completo en Buenos Aires y resistió las ganas de volver a Río Gallegos. No es casual: después del feriado le esperan días de frenética actividad, al coincidir en un plazo mínimo una decena de hechos políticos de altísimo impacto institucional y económico.
Sólo una parte de esos sucesos tiene como protagonista directo al Presidente, pero todos afectarán en forma decisiva la marcha inmediata de la administración.
En gran medida, el Gobierno mirará al Congreso. Los diputados se comprometieron a sancionar en forma urgente las reformas a la carta orgánica del Banco Central y a la ley de entidades financieras, y a empezar a debatir el paquete antievasión y la compensación a los bancos, todos proyectos que pesan en las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
En el Senado, el PJ dará mañana el primer paso hacia la anulación definitiva de las leyes de obediencia debida y punto final. Además, al Poder Ejecutivo se le vence el plazo para enviar el pliego de designación de Eugenio Zaffaroni como juez de la Corte.
Mientras monitorea la acción parlamentaria, Kirchner enfrentará en 48 horas dos compromisos internacionales de gran significación. Hoy recibirá al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, con quien prevé firmar un acuerdo económico y amalgamar el frente político regional. Un día después, entrará en su despacho Roger Noriega, secretario para Asuntos del Hemisferio Occidental de los Estados Unidos, enviado por George W. Bush para aceitar su relación con América latina.
Kirchner se quedó el fin de semana largo en Olivos, donde mantuvo contactos reservados con ministros y con legisladores del peronismo, con quienes empezó a anticipar la cargada agenda de la semana, confirmaron fuentes de la Casa Rosada.
El frente político interno depara horas relevantes: para el proyecto de poder de Kirchner resultan de vital importancia las elecciones del domingo en la ciudad de Buenos Aires, donde apoya la reelección de Aníbal Ibarra, y en Catamarca, donde ansía la derrota del peronismo local, conducido por Luis Barrionuevo.
Y en la propia estructura del Gobierno sigue irresuelta la crisis generada por las declaraciones del vicepresidente, Daniel Scioli. Kirchner escuchó consejos de distinto tono: algunos le recomiendan “castigar” a Scioli con un recorte de su espacio de poder en la Secretaría de Turismo y en el Senado, agregaron las fuentes. No hay una decisión tomada.
Con esos frentes abiertos, y mientras el directorio del FMI empieza a analizar el borrador del eventual acuerdo con la Argentina, se conjetura en el Gobierno que la Justicia podría aportar novedades en las causas por violaciones a los derechos humanos que llevaron a la cárcel a militares y a ex guerrilleros.
El pasado, presente
Después de haberse involucrado en persona para forzar la reapertura de juicios contra militares, Kirchner no puede tolerar una derrota ni una demora en el Senado.
El jefe del bloque de senadores del PJ, Miguel Angel Pichetto, confirmó al Presidente que el miércoles se debatirá en el recinto el proyecto de ley para otorgar rango constitucional a la convención de las Naciones Unidas contra la prescripción de los crímenes de lesa humanidad.
La anulación de las leyes exculpatorias, tal como ocurrió en Diputados hace una semana, será una consecuencia inevitable, pero podría demorarse hasta la próxima semana.
Si se cumple esa previsión, el Gobierno se habrá anotado un triunfo en su plan de revisión de los crímenes cometidos durante el gobierno militar. La última palabra, en definitiva, seguirá en la Corte.
En los despachos del Senado empezarán a analizarse dos cuestiones relacionadas con el tribunal: el pliego de Zaffaroni y el pedido de suspensión de Eduardo Moliné O´Connor.
La Cámara baja tendrá otra misión compleja: lo más parecido a un paquete económico de la gestión Kirchner enfrentará el filtro de los diputados. Todos proyectos relacionados con las tratativas ante el FMI.
Existe una urgencia formal: la de mañana será la última sesión de tablas prevista antes de que la sucesión de elecciones provinciales distraiga definitivamente a los legisladores.
El ministro de Economía, Roberto Lavagna, pidió al bloque peronista que sancionara tal como hizo el Senado las modificaciones a la carta orgánica del Banco Central y a la ley de entidades financieras, para acelerar la reestructuración del sector bancario.
La Comisión de Finanzas prevé aprobar un dictamen en favor de la compensación bancaria por la diferencia entre los índices de actualización de créditos. También se abrirá el debate sobre los cambios que quiere Kirchner en la legislación penal para combatir la evasión.
Los visitantes
Además del tratamiento de esas leyes, el acuerdo con el FMI podría tener un impulso adicional.
La visita de Noriega, un enviado de alto rango del presidente George W. Bush, es más que un gesto para el gobierno de Kirchner. La embajada norteamericana señaló que la gira del funcionario estaba “destinada a articular y poner en práctica las políticas del presidente Bush hacia la región”. Eso se traduce en un diálogo sobre la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo y, especialmente, la economía.
Noriega, que llegó anoche, se verá entre hoy y mañana con el canciller, Rafael Bielsa, con Lavagna y con el ministro de Justicia, Gustavo Beliz.
El corolario de tan agitada semana será para el Gobierno la definición electoral en la ciudad de Buenos Aires y en Catamarca. La construcción de poder del kirchnerismo requiere triunfos concretos para consolidarse.
Son dos desafíos que contienen símbolos. En una elección, el Presidente enfrenta a Mauricio Macri, a quien identifica con el menemismo, y en la otra apoyará a un radical con tal de frenar la llegada al poder de Liliana Barrionuevo, hermana del sindicalista y senador Luis Barrionuevo, enemigo inaugural del Gobierno.
Son demasiados asuntos por preparar como para no sacrificar un fin de semana largo en la tierra natal.
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