ENJUICIAN A UN HOMBRE POR VARIOS ASESINATOS COMETIDOS EN LOS ´70
Emile Louis tiene 72 años. Durante los años setenta, según un fallo, cometió al menos siete crímenes. Es considerado unos de los asesinos seriales más feroces en la historia criminal de Francia. El 26 de noviembre de 2004 fue condenado a reclusión perpetua tras ser hallado culpable de una serie de secuestros, violaciones y homicidios cometidos en Yonne, en la región de Borgoña, centro francés. La autoría confesa de los homicidios de Françoise y Bernardette Lemoine, Jacqueline Weis, Christine Marlot, Chantal Gras, Madeleine Dejust y Martine Renault lo llevaron a la cárcel de por vida. Solo dos de los cadáveres aparecieron, y por esa razón, la causa nunca prescribió.
En esta nueva oportunidad, y tras haber apelado, el septuagenario tendrá que vérselas con la Justicia parisina por los asesinatos de las siete jóvenes quienes tenían entonces entre 15 y 22 años. Las víctimas eran pacientes con problemas de retraso mental leve. Louis las conocía porque conducía un autobús en la zona. El hombre fue arrestado en diciembre del 2000, y de acuerdo a los datos brindados por él mismo, dos de los cuerpos fueron encontrados bajo tierra cerca de un río. Durante el primer proceso, el imputado insistió en negar ser el autor de los crímenes. Sus abogados intentaron convencer a los jueces que el hallazgo de los dos cadáveres había sido solo una “coincidencia”.
Los medios franceses estiman que el nuevo juicio durará un mes. Y a fines de junio, en Paris deberá ratificarse el fallo anterior o darse un nuevo veredicto. Un dato curioso es que la Justicia financió el desplazamiento y la estadía de los familiares de las víctimas para que asistan a las audiencias. Incluso acondicionaron una sala especial para alojarlos que se encuentra cerca de donde se realizará al juicio. Uno de las los defensores del acusado aseguró que no hay pruebas suficientes para declarar culpable a Louis. Pero el conductor confesó arriesgándose a una posible prescripción, fue sentenciado y la querella solo espera que se confirme la dura condena que lo llevó a la cárcel de por vida.
Emile Louis apeló tanto el veredicto de la corte de Auxerre por los siete asesinatos de Borgoña, así como una condena de marzo de 2004 a veinte años de reclusión perpetua por la violación y tortura contra su segunda esposa y agresiones sexuales contra su hija adoptiva. El caso fue emblemático en Francia, y los medios en ese país pusieron el acento en la ausencia de los servicios sociales y la “apatía” de la Justicia francesa que, según se publicó, contaba desde el año 1984 con un informé que acusaba a Louis. Cuatro jueces fueron llevados a investigación y sancionados por sus actuaciones en el caso, pero tres de ellos finalmente lograron librarse de las condenas disciplinarias.
La investigación que apuntó al asesino serial nuevamente juzgado había sido realizada por un gendarme llamado Christian Jambert. Pero en 1997 el investigador fue hallado muerto. Una primera causa abierta tras su fallecimiento arrojó que se había suicidado. Pero ahora, una segunda pericia realizada en el marco del caso, concluyó en la posibilidad de que el investigador haya sido en realidad víctima de un homicidio. La nueva hipótesis derivó en una tercera autopsia que deberá determinar cuál fue realmente la causa de la muerte de Jambert, el investigador que desde su tumba puso en jaque a la Justicia por el caso que había develado y que llevó a la cárcel al múltiple homicida.
Los crímenes de las jóvenes fueron cometidos entre 1975 y 1979. Los casos no despertaron gran interés en la prensa de entonces, ni siquiera en los funcionarios del departamento de asuntos sociales (DASS, según las siglas en francés) que tenían a cargo a las chicas. El único que insistió en avanzar en la investigación fue el gendarme: Jambert logró establecer que el conductor había tenido relación con las víctimas. El investigador murió, pero Louis confesó sus crímenes tres años más tarde. Según los defensores, al acusado le gustaba pescar en el lugar donde fueron hallados dos de los cuerpos. Allí, dijeron, él había visto a dos hombres de “apariencia magrebí” enterrando algo. Para la Justicia francesa no fue suficiente argumento para declararlo inocente.
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