ENMASCARADO, PERO NO TANTO
Jack Fate no es exactamente Bob Dylan, si bien es el personaje central de su película Masked and Anonymous. Pero tampoco le es totalmente ajeno a Bob. Tiene su misma cara de poker, sus canciones, sus trajes de vaquero, su fama de volver irreconocibles las canciones y su ilustre pasado. “Nadie pudo ser como vos, y muchos lo han intentado”, le dice un promotor llamado Uncle Sweetheart. Jack Fate tiene la banda de Dylan, que aparece en la pantalla con el nombre de Simple Twist of Fate. Y tiene también su rapidez para la réplica aguda: cuando Uncle Sweetheart le dice: “Sos piel y huesos”, contesta imperturbable: “¿Acaso no lo somos todos?”
En Masked…, estrenada el 24 de julio en los Estados Unidos, todo el mundo es filósofo. El matón, el promotor, el periodista, la novia, el revolucionario, el dictador, el guardiacárcel: todos hablan con parábolas, aforismos y frases ingeniosas. Sus conversaciones giran en torno a la libertad, el amor, la política, la conciencia y la muerte. Y el tono, que pasa de lo profético a lo agudo, no resultará extraño a cualquiera que haya escuchado una canción de Dylan. El guión aparece atribuido a Sergei Petrov y Rene Fontaine, seudónimos de Dylan y el director, Larry Charles.
Dylan siempre ha jugado con la identidad. “Pueden llamarme Terry, pueden llamarme Timmy, pueden llamarme Bobby, pueden llamarme Zimmy”, cantaba en Gotta Serve Somebody. Confunde e intriga a los que tratan de entenderlo.
Su voz y canciones son fácilmente identificables, y tiene infinitas facetas e inconsistencias como recitales en su agenda de giras perpetuas. Desde que, hace muchos años, se dio cuenta de que ser la voz de una generación era un papel ingrato e imposible, siembra sus canciones y apariciones de alusiones y contradicciones. Se muestra como creyente y escéptico, como tradicionalista y rebelde, como rompecorazones y solitario, como activista y cínico.
Dylan es consciente de lo lejos que han llegado sus canciones. La primera que se escucha es My Back Pages, cantada en japonés por los Hermanos Magokoro. Vibrantes interpretaciones de temas como Drifter’s Escape (ausente del álbum del filme) y Cold Irons Bound, por Dylan y su banda comparten la banda de sonido con extrañas versiones (ver Rarezas).
Dylan apareció en cine esporádicamente desde los ’60, en documentales como Don’t Look Back o Eat the Document, y en el papel de un rockero retirado en Hearts of Fire, de 1987. En Pat Garrett & Billy the Kid, de Sam Peckinpah, compuso la banda de sonido e interpretó un personaje que lleva el adecuado nombre de Alias. Pero sólo se puso al frente de una producción con Renaldo & Clara, de 1978, que escribió y dirigió durante la gira Rolling Thunder Revue, de mediados de los ’70. En ella, Dylan se llamaba Renaldo y Ronnie Hawkins era presentado como “Bob Dylan”. Otras personas también son confundidas con Dylan en el transcurso del filme.
De algún modo, Masked… es una secuela de Renaldo, con una estrella que tiene 25 años más de andanzas. Al igual que en Renaldo…, aquí hay rockeros, predicadores, presos y maquinaciones entre bambalinas, y se hacen chistes sobre el cantante como figura pública, empleado a sueldo y amante. Pero hay una gran diferencia: Masked… es un filme hecho y derecho, con un argumento inteligible, buen trabajo de cámaras y actores conocidos, en lugar de una película casera hecha con cámara portátil.
Tiene puntos de contacto con las canciones de Dylan: es una historia de desenlace absurdo sobre el poder, el amor, el espectáculo, la fe y el destino. Y oscila entre las actitudes de los últimos dos álbumes de Dylan: el alejamiento acosado por la muerte de Time Out of Mind y el humor negro de Love and Theft. Jack Fate nos resulta conocido porque habita las canciones de Dylan desde hace muchos años.
Masked… se desarrolla “en algún lugar de los Estados Unidos”, donde palabras españolas e inglesas atruenan desde la radio (fue rodada en video digital en Los Angeles.) Una sangrienta revolución se halla en plena efervescencia y el dictador agoniza. Jack Fate, leyenda del rock olvidada, sale de la cárcel para tocar en un dudoso concierto a beneficio organizado por Uncle Sweetheart (John Goodman). Un leal compañero de gira (Luke Wilson) vuelve con la guitarra de un viejo blusero, y aparece un periodista obsesionado con los ’60 (Jeff Bridges) dispuesto a escribir una nota. De quién es hijo Fate y por qué estuvo en la cárcel, son dos ejes de la historia.
No hay final feliz pero sí algunos estallidos repentinos de violencia. “Todos los períodos de la historia han sido más o menos trágicos”, dice el periodista. El diagnóstico de Dylan sobre los Estados Unidos es un despiadado apretón de clavijas sobre todos los temas, desde el comportamiento a la memoria colectiva. Pero la película también es graciosa y está llena de réplicas breves y duras. “¿Alguna vez vas a volver?”, pregunta un amigo mientras Fate se aleja. “Ya volví”, le contesta.
Dylan y Charles (guionista y productor de Seinfeld) han llenado la película de alusiones enigmáticas y chistes internos. Entre la lista de programas de TV que aparece, figuran títulos como Jokerman, Empire Burlesque y Hurricane. La novia del periodista (Penélope Cruz) lleva puesta una remera de Metallica y en la mano tiene tatuado el número 333. ¿Y son estigmas lo que se ve en la mano de otro personaje?
La película termina con Fate, y los Estados Unidos, en peor situación que al principio. Pero su rostro duro muestra cierta satisfacción, como si nunca hubiera esperado otra cosa. “A veces, no alcanza con conocer el significado de las cosas. A veces, tenemos que saber también qué es lo que no significan”, se le oye decir. Los fans captarán los significados contenidos en Masked…. El autor los ha colocado allí. Y mientras lo hacen, este una vez más se escabullirá como el fugitivo que es.
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