Entre el Papa e Isabel hubo regalos y humor, pero no se habló de Malvinas
La reina y jefa de la iglesia anglicana hizo esperar 20 minutos al Pontífice tras demorarse en un almuerzo con Napolitano. Prevaleció una atmósfera informal.
Ella llegó 20 minutos tarde. Pero eso no empañó el primer cara a cara , de lo más simbólico, entre el Papa y la reina de Inglaterra, Isabel II , que ayer tuvo lugar en un salón del Vaticano adyacente al aula de audiencia Pablo VI, en un clima muy cordial e informal , marcado por el ” british humour ” del príncipe consorte, Felipe de Edimburgo.
Tal como pudo verse en las imágenes transmitidas por el Vaticano, éste le mostró orgulloso a Francisco una botella de whisky escocés que le trajeron de regalo, dentro de una canasta de productos de la huerta cosechados en sus propiedades, donde había huevos, miel, carne, jugo de manzana y, por supuesto, té.
Al ser de carácter privado, ni desde el Vaticano ni desde el Palacio de Buckingham trascendió el contenido del encuentro entre el Papa y la soberana, que es también líder de la iglesia anglicana, que duró 17 minutos a solas y una media hora en total. Sin embargo, se descuenta que se habló de temas generales, de la importancia de la fe y de la cultura del encuentro y no de política. Menos de Malvinas, un tema sobre el cual el Vaticano siempre se mantiene neutral, pero sobre el cual Jorge Bergoglio siempre tuvo una postura muy clara.
“Las Malvinas son nuestras”, aseguró, cuando era arzobispo de Buenos Aires en 2010, al celebrarse el 28° aniversario del comienzo de la guerra, en el que recordó también a los soldados que “regaron con sangre el suelo argentino”.
Dos años después, en 2012, durante una misa en conmemoración de los 30 años, en cambio, sentenció: “Venimos a rezar por aquellos que han caído, hijos de la patria que salieron a defender a su madre, la patria, a reclamar lo que es suyo de la patria y les fue usurpado”.
La clara posición de Bergoglio, de hecho, hizo que el premier David Cameron lo criticara pocas horas después de su elección.
Vestida de lila, Isabel II, que tiene diez años más que el Pontífice -cumplirá 88 el 21 de abril próximo-, fue recibida por Parolin y otros prelados del Vaticano. Lo primero que hizo al encontrarse con el Papa fue pedirle disculpas por su retraso de 20 minutos, debido a que se había prolongado su almuerzo con el presidente de Italia, Giorgio Napolitano, en el Palacio del Quirinal.
“Siento haberlo hecho esperar, pero tuvimos un almuerzo muy agradable con el presidente”, se disculpó en inglés. “Welcome “, le dijo el Papa, también en inglés, aunque luego utilizó un intérprete.
Cordialidad
Aunque no se sabe exactamente qué se dijeron en su encuentro a puertas cerradas, algunos observadores destacaban que éste estuvo muy bien. Cuando, posteriormente, ambos salieron para el momento público, de presentación de la delegación y de intercambio de regalos, en efecto, reinaban sonrisas y un clima de lo más familiar y simpático.
La reina y su esposo le regalaron al Papa una canasta de productos comestibles. “Traje algo de todas nuestras propiedades para usted personalmente”, le explicó Isabel. “Ésta es miel de mi jardín de Buckingham Palace, espero que sea algo inusual para usted”, detalló.
El duque de Edimburgo, de 92 años y famoso por sus gaffes, le mostró orgulloso al Papa una botella de whisky traída de su castillo de Balmoral, que Bergoglio observó con cierta incredulidad. Otro regalo para el Papa -como es tradición- fueron las imágenes enmarcadas de los mismos monarcas. “Temo que tengo que darle estas fotos”, dijo la reina.
A su turno, el Papa sorprendió con un regalo para el ” royal baby “, el príncipe George, el hijo de ocho meses de Guillermo y Kate: una esfera de lapislázuli que representa el globo terráqueo, en cuya cima hay una cruz de San Eduardo de plata. “Es para el bebe”, dijo el Papa en español, refiriéndose al bisnieto real.
“Va a estar encantado cuando sea más grande”, contestó la reina, que luego recibió, de parte del Papa, el decreto de San Eduardo “el confesor”, rey de Inglaterra en 1043, fundador de una estructura que fue la base de la abadía de Westminster. Se trata del facsímil de un documento de mayo de 1679 que extendió el culto de San Eduardo a la iglesia universal. “¡Ah! ¡Fue canonizado!”, comentó entonces el duque de Edimburgo, que más tarde recibió tres medallas de oro, plata y bronce del pontificado. “Es la única medalla de oro que gané”, comentó Felipe, con humor.
Isabel II, que reina desde hace 62 años, ya había sido recibida en el Vaticano por Juan XXIII y Juan Pablo II. Con Benedicto XVI, papa emérito, se había reunido en 2010, en Edimburgo.
Fuente: La Nación
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