ENTRE RÍOS: CARCELERO Y PRESOS MUERTOS FUERON BALEADOS POR AGENTES PENITENCIARIOS
El guardia cárcel asesinado ayer en un motín en el penal entrerriano de Victoria recibió un balazo en el pecho aparentemente disparado por sus propios compañeros, mientras que el preso que murió en la misma revuelta tenía unas 20 perdigonadas de plomo en la espalda, informaron hoy fuentes judiciales.
Así se estableció mediante las autopsias realizadas a los cuerpos del penitenciario Emilio Reynoso y del preso Juan Machado, que revelaron que el primero recibió al menos 10 puñaladas y un balazo, mientras que el otro tenía una veintena de impactos de postas de plomo en la espalda y glúteos.
La Justicia aguardaba hoy el informe final de las autopsias para establecer si el balazo contra el penitenciario fue mortal o si ese tiro lo recibió cuando ya había fallecido y era utilizado como escudo humano por los reclusos.
Los voceros precisaron a Télam que la autopsia realizada a Reynoso, de 50 años, indica que recibió por lo menos 10 heridas punzantes con “facas” -armas de fabricación casera- en zonas vitales.
En tanto, entre las costillas del lado derecho se detectó un balazo calibre 9 milímetros que, en principio, se corresponde con las armas utilizadas por el personal penitenciario.
El cuerpo del interno Machado, de 20 años, fue alcanzado por unas 20 perdigonadas provenientes de dos escopetazos que le efectuaron en la espalda y glúteos y que le provocaron la muerte en el acto.
Durante el motín también resultaron heridos a puñaladas otros tres penitenciarios: Pedro Sánchez, quien tiene una herida punzante en un pulmón y en el ojo izquierdo; Luis Zalazar, con lesiones de arma blanca en la zona intestinal, y Eduardo Beli, apuñalado a la altura de un pulmón.
Esta mañana, el subsecretario de Seguridad de Entre Ríos, Carlos Cabrera, no descartó la posibilidad de que la revuelta se haya originado en un intento de fuga masiva, ya que había demasiadas armas en manos de los reclusos y además se actuó con una violencia extrema.
“Tal vez la idea fue producir un motín para luego efectuar una fuga. En el lugar había muchas chuzas que, sumadas a la violencia innecesaria de los internos, lleva a pensar que esta situación de fuga era muy posible”, dijo el funcionario.
Finalmente, Cabrera reconoció que “los internos estuvieron muy cerca de ganar las puerta de salida, en medio de la confusa situación”.
La revuelta que finalizó con muertos y heridos ocurrió ayer a la 0.30 en el penal provincial 5 de Victoria, llamado “Clemente 11”, donde se aloja a 61 jóvenes provenientes de distintas partes de la provincia, quienes no tienen más de 21 años.
El episodio puntual que originó el amotinamiento fue la resistencia de 12 reclusos a ser encerrados en un calabozo, aunque ahora se sospecha que, en realidad, pudo haber estado relacionado con un intento de fuga más que con un conflicto interno.
De hecho, el subjefe del Servicio Penitenciario entrerriano, Guillermo Cuesta, explicó que todo había terminado sin que mediara una exigencia o reclamo por parte de los internos, quienes tampoco habían manifestado protestas anteriores.
Los cabecillas del motín fueron trasladados a una cárcel de máxima seguridad de Gualeguaychú, 300 kilómetros al sudeste de la capital entrerriana, y a 200 kilómetros de Victoria.
La revuelta fue controlada cerca de las tres de la madrugada y, en una requisa posterior realizada por la policía, se secuestraron en las celdas 23 “facas”.
La unidad penal donde ocurrió el motín funcionaba anteriormente como un hogar de detención de menores y tiene un sangriento antecedente de mayo de 1999, cuando durante un motín murieron cuatro presos y un guardia cárcel fue tomado como rehén y vejado.
Uno de los menores que había participado de esa revuelta años después volvió a ser detenido en esa prisión acusado de asesinar a una mujer policía.
Este contenido no está abierto a comentarios

