ENTRETELONES DE UNA DESIGNACIÓN
Junto a su mujer, Ana Costa, se subió al auto y viajó de inmediato a Olivos, desconociendo -pero infiriendo- el objetivo de la convocatoria. Ingresó a la quinta presidencial por un discreto túnel, y mantuvo con el presidente una reunión a solas en la que aceptó el ofrecimiento. Luego habló también con Alberto Fernández y con quien será su secretario de Seguridad, Alberto Iribarne.
No es un dato menor que haya sido el presidente quien eligió al secretario del área más caliente para la Casa Rosada por estas horas. Pero en consideración de Rosatti, Iribarne es un hombre con “experiencia” y “sensato”.
El constitucionalista santafesino se tomará un par de días antes de nombrar a sus secretarios de Justicia y de Asuntos Legislativos. Algún nombre de la provincia está en su consideración, pero el flamante ministro quiere evaluar la mejor opción para restablecer vínculos con la justicia y los legisladores, que quedaron particularmente resentidos por el estilo de Béliz.
Hace más de un año que no habla con Duhalde (algunos medios capitalinos lo ubicaron en sus filas) y Reutemann ya le deseó suerte en su nuevo cargo. Rosatti llega con la idea de “ponerse el casco” para una gestión que lo sacará del bajo perfil que tuvo en la Procuración, y tiene como ejercicio preparatorio su paso por la intendencia santafesina.
Próximos pasos
El nuevo ministro se propone especialmente revisar uno por uno los proyectos del plan de seguridad que dejó su antecesor, con el cual tiene disidencias. Pero además está dispuesto a revisar las propuestas de todos los sectores, y a dialogar con los legisladores, aún cuando reconoce que ése será uno de sus desafíos más importantes si se tienen en cuenta el perfil de Kirchner y las críticas de sus opositores.
Rosatti también está dispuesto a sumar diálogo con los piqueteros, pero sabe que la Rosada -en especial Parrilli- ya está trabajando en el tema, y vaticina que el frente de conflicto se reducirá para persistir en el caso de los piqueteros duros.
El santafesino llega al alto cargo con un buen concepto desde Economía, la Cancillería (Rosatti aún no sabe si realmente fue Bielsa quien lo promocionó) y de la Secretaría Legal y Técnica, por cómo venía encarando la defensa de los intereses argentinos ante las demandas por 16 mil millones de dólares de las empresas privatizadas tras la devaluación.
Reconoce que el presidente le otorgó plena confianza en sus decisiones como procurador del Tesoro. Y ahora sabe que en su nuevo rol estará más permeable a las presiones dentro y fuera de la Casa Rosada, pero asegura que llevará su gestión en el marco de sus convicciones.
Esta mañana Rosatti ingresó pasadas las 10.30 a su despacho de la Procuración del Tesoro por última vez, pero esta vez ya no para preparar la audiencia que lo esperaba en Francia, para responder demandas contra el Estado argentino. Apenas entró a su oficina, Alberto Fernández le actualizó por teléfono los datos de las manifestaciones piqueteras del día y las respuestas oficiales a las acusaciones de Béliz.
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