“ENVEJECIMOS NOSOTROS, LAS CANCIONES NO”
Toda la noche hasta que salga el sol/tocando en una banda de rock and roll/sin parar.
Los tiempos que corren parecen propicios para los veteranos de nuestro rock, que experimentan una renovación del interés en su obra. Algunos se limitan a la recreación de las piezas que los hicieron famosos, y otros prefieren enfocarse más en la creación de nuevo material. Como sucedió antes con los protoheavies de El Reloj, ahora es el turno de Orions, la banda que fue trascendida por el éxito de su canción Hasta que salga el sol, de 1981. Lo de “trascendida” viene a cuento de que las nuevas generaciones (y parte de las viejas también) conocen la canción —potenciada por una publicidad de aquel helado sin parar—, pero no a su intérprete. Alrededor de una mesa en un bar de San Telmo, los integrantes del grupo (Ronán Bar en bajo y voz, Horacio Várbaro en teclados, Cacho Dárias en batería y los guitarristas Alberto Varak y Alejandro Láudano) repasan su historia y hablan de los factores que llevaron a su reunión, casi veinte años luego de su separación. Para celebrarlo, harán dos shows en el teatro Premier este viernes y sábado.
Ustedes arrancaron en los ’70 haciendo rock sinfónico y en los ’80 viraron hacia una vertiente más hard, más directa.
Bar: Sí, pero eso tiene que ver con una cuestión de gustos personales. Primero nos llamábamos Orion’s Beethoven. Como nos habíamos criado escuchando música clásica, teníamos en nuestro repertorio cosas de Stravinsky, por ejemplo. Esa era la época en que en general se hacía un rock más simple. Después cuando llegó toda la movida del jazz rock, nosotros hacíamos canciones de tres tonos.
¿Sienten que fueron pioneros en un sonido que luego hicieron propio Riff y, luego, La Renga?
Bar: No. Creo que tenemos influencias similares. Steppenwolf, por ejemplo, era una banda que nos encantaba.
¿Cómo se generó la reunión?
Bar: Se dio por generación espontánea. Antes había habido ofrecimientos de empresarios, pero no estaban dadas las condiciones. Además, estábamos todos en otros proyectos.
Dárias: Ahora fue todo muy rápido. Nos habían ofrecido tocar en el festival de Cosquín (en febrero), pero estaba todo demasiado fresco. Cuando Horacio recibió la llamada de Ronny, le dijo “¿a qué hora?” antes que “hola”.
Bar: Y cuando quedó claro que mi hermano Alejandro no iba a participar, lo fuimos a buscar a Alejandro. Cuando llegamos a la casa, él ya nos estaba esperando con el estuche de la guitarra.
Láudano: Es que, cuando los vi aparecer, ya tenía re claro de qué se trataba.
¿Están componiendo nuevo material?
Varak: En el teatro vamos a presentar tres o cuatro canciones nuevas. Además, estamos en tratativas para editar un disco. La idea es que tenga nuevas versiones de temas históricos y uno o dos temas nuevos.
El teatro Premier fue el lugar que marcó su debut en una fecha propia, en abril del ’72. ¿Qué se siente volver a tocar ahí tanto tiempo después?
Bar: Por un lado, está buenísimo tocar en el mismo teatro en el que debutamos hace más de treinta años. Me acuerdo que esa vez fuimos en el subte, que en esa época andaba hasta la una de la mañana. Imaginate las caras de la gente cuando veían salir de la boca unos pelilargos cargando cabezales Marshall.
Varak: Algo que a mí me encanta es el hecho de recuperar los teatros para el rock: tenés tu lugar y te sentás a disfrutar de un buen sonido, una buena puesta de luces. Eso te da la oportunidad de apreciar mejor la música. En los ’70 y principios de los ’80, los teatros solían quedar a la miseria, pero era porque la gente descargaba ahí todas las frustraciones reprimidas.
¿Cuál creen que fue el principal aporte de Orions al rock nacional?
Bar: Autenticidad. Quizás hayamos pecado de boludos cuando nos separamos: no vimos el negocio. Pero fue una muestra más de honestidad.
Varak: También hay letras vigentes, que son un aporte a la cultura rock.
Várbaro: Es decir, que envejecimos nosotros, los temas no.
Este contenido no está abierto a comentarios

