ERAMOS POCOS…
Son las nueve menos cuarto de la noche en la esquina de Libertador y Olleros. Ramón Díaz aparece y todo se convulsiona. Pibitos pidiéndole autógrafos, gente saludando, mozos del café de la esquina desesperados por una firma… Ramón espera a que Sebastián Rainelli, su apoderado, baje de las oficinas de MD —la empresa que maneja los destinos del Pelado—, y mientras tanto no tiene respiro. “Volvé Ramón, volvé por favor”, le gritan. “¿Escuchás? Esto es permanente, es la satisfacción más grande que me deja mi paso por River. Este cariño significa que algo hicimos bien”, le comenta a Clarín con esa sonrisa pícara made in Ramón que todos reconocen. Y enseguida, una vez sentados en la mesa que será el escenario del mano a mano con el DT, arremete con una frase que demuestra que es el Ramón de siempre… “¿Todavía con grabador? Cambien un poco, che. Ya se terminó esa época, guardalo en la mente”. Y arranca…
—¿Cómo es un día de los de ahora en tu vida sin fútbol?
—Lo principal es que disfruto de la familia porque hace mucho que no estaba con ellos. Estoy con los chicos, hago asados con los amigos… Veo fútbol. Sé que algunos dicen por ahí que no miro nada. Je, yo estoy en todos los detalles, interiorizado en todo lo que pasa. Sé de todos los equipos. Lo voy a ver a Emiliano, que está en Talleres de Córdoba… ¿Y sabés que? En todas las canchas a las que fui me recibieron con gran cariño. Eso es impagable. Es una satisfacción enorme. Me respetan, me atienden bien, no hay insultos. Mirá que a muchos equipos de esos les ganamos varias veces, eh. Pero no hay reproches. Y eso no tiene precio.
—¿Por qué creés que se da?
—(Mirada patentada) Je, a los ganadores se los quiere en todos lados. Yo creo que se dan cuenta de todo lo que hicimos.
—¿Y qué es lo que más extrañás del día a día?
—El cariño de la gente. Vos estuviste recién abajo y viste lo que fue. Lo que pasa es que yo tengo un compromiso con la gente de River… Eso te condiciona. Creo que me hablaron de todos los equipos de la Argentina. Pero yo ya le prometí a la gente que ni de casualidad me voy a dirigir a otro lado. Salvo que me digan que no me quieren más o que no me puedo poner más esa camiseta… Je, y creo que eso no va a pasar porque los hinchas de River no se van a olvidar de todo lo que les dí yo y la gente que trabajó conmigo. Como tampoco se olvidarán de los jugadores que fueron fundamentales.
Pero yo puedo dirigir en River, en River y después en River. A mí no me va a pasar lo de dirigir en Boca, de eso que se queden tranquilos. Y la gente me banca a muerte por todo eso.
——En tu otra vuelta, vos dijiste que….
—(Interrumpe) ¿Está sería la segunda o la tercera? Ya tuve dos ¿no? Y dicen que no hay dos sin tres… Creo que la ventaja que tengo es la edad. Tengo un gran futuro. Yo puedo manejar los tiempos del dirigir o no porque tengo mucho por delante.
—¿Y un equipo de afuera?
—Hubo muchas charlas, pero no se dio. Además, yo quiero un equipo de los que me gustan a mí. Que vaya al frente en todos lados. No cuidando un empate o algo así. Nada que ver.
—¿Por qué River es distinto?
—Porque tiene a los mejores jugadores. Si analizás el equipo de ahora tiene una diferencia enorme al resto, pese a este arranque malo que tuvo. Igual que Boca, por más que no es de mi agrado ese estilo. Porque yo soy de River ¿entendés?
—¿Puede pasar que tantas estrellas complican el manejo de un plantel?
—Al contrario. Es más fácil. Siempre y cuando los jugadores la tengan bien clara sobre lo que vos les decís. El jugador debe entender donde está. Algunos jugadores necesitan más tiempo. Está en el DT verlo. Porque no es nada fácil jugar con esa camiseta.
—¿Es difícil ser DT de River sin haber jugado en River?
—Sí, porque la gente no te conoce. Y si vos jugaste, sabés qué quiere el hincha de River. Ellos quieren que vos ataques siempre. Nada de contraataque. A-ta-car.
—Supongamos que mañana arranca una encuesta para saber quién debe ser el técnico de River… ¿Quién la gana?
—Ni la hagas. No hay competencia. Gano por afano.
—¿La vuelta a River es en un tiempo lejano o cercano? Porque vos te fuiste campeón…
—Siempre me fui campeón. Mi salida se dio porque querían probar cosas nuevas. Y eso me parece justo también. Igual, las cosas que se logran no se pueden borrar por más que algunos quisieran hacerlo. No me sorprendió mi salida porque en tu casa no te sorprenden las cosas que pasan.
—¿Cuándo volverías?
—Eso lo dirá el tiempo. Mandan los resultados. Cuando fue David Pintado a las elecciones y yo estaba de DT, esas elecciones las ganaron con gran margen… Nada es eterno, ni para los entrenadores, ni jugadores, ni dirigentes, ni presidentes. El único eterno es el estadio. Hay muchos que quieren ser presidente de River. Me enteré que Rodolfo Cuiña va a ser candidato. El es un amigo. Al presidente de River lo conocen más que a un gobernador.
—¿Es importante llevarte bien con el presidente de turno?
—Un ejemplo: las polémicas que tuve con Davicce, Pintado y Aguilar, al lado de la de Macri con Bianchi no existieron. Y Bianchi volvió y sigue ganando. El perfil es el de ganar. El de trabajar. El de promover jóvenes. Nosotros debemos tener el récord de jóvenes que se fueron a Europa. Y esos no se volvieron, eh…
—¿Vos querrías otra oportunidad en River?
—Eso no pasa por mí sino por saber si ellos (los dirigentes) quieren conseguir cosas.
—¿Cuál fue tu máxima satisfacción en River?
—Me encanta que digan que es casi imposible ganar dos torneos a la vez. Porque nosotros ganamos Supercopa y Apertura 97. Mirá que le dimos cosas a los hinchas de River, eh…
—¿Y aquel 3 a 0 a Boca en La Bombonera?
—¿3 a 0 le ganamos? Je, no me acuerdo… Estuvo bueno. La gente, los jugadores, todos disfrutaron. Un amigo me dice siempre que eso se va a recordar por mucho tiempo. Y es verdad. Porque ganamos como debe ganar River: jugando bien. Yo sé lo que le gusta al hincha de River. Me molesta ver a River donde está y por eso digo que ahora los hinchas estamos sufriendo porque no vemos al equipo luchando arriba. La gente de River hoy no está bien. Yo no estoy bien. Pero el equipo se va a recuperar.
Son las 10 menos cuarto de la noche. Ramón baja de las oficinas. Los gritos vuelven, el afecto se repite. Y él sorprende y hace una pregunta: “¿Sabés algo?”.
—…
—Voy a escribir un libro, ¿sabés el título? Je, “Cómo hacer para ganar siempre”.
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