Es culpa de la “affluenza”
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Opinión. En 2013, el texano Ethan Couch, de 16 años, fue condenado a diez años de prisión condicional tras haber matado a cuatro personas y herido a otras nueve mientras conducía alcoholizado y drogado. La misma jueza había sentenciado a veinte años de prisión a un joven pobre que había bebido la mitad que Couch y matado a un peatón.
Analía De Luca
La condena desató una ola de quejas porque era muy blanda, pero la sentencia tomaba en cuenta un pedido del psicólogo de la defensa, que atribuía el comportamiento de Couch a la “affluenza”. ¿Qué es la affluenza? Al parecer, aunque no está reconocida por la medicina, es una dolencia psiquiátrica producida por el bienestar económico y la falta de responsabilidades, que genera un desinterés por todo. Una especie de depresión propia del capitalismo, que habría embargado al chico porque sus padres tenían dinero y le ponían pocos límites.
¿Qué es la affluenza? Al parecer, aunque no está reconocida por la medicina, es una dolencia psiquiátrica producida por el bienestar económico y la falta de responsabilidades, que genera un desinterés por todo.
Dos años después, Couch fue sentenciado a 720 días de prisión por violar su libertad condicional, tras ser reconocido y denunciado por un usuario de Twitter, bebiendo, en imágenes de una fiesta, ya que su sentencia incluía mantenerse alejado del alcohol y las drogas. Tras casi un mes prófugo, fue detenido en México -junto a su madre, quien lo ayudaba a huir-, y condenado a 720 días de prisión efectiva. Dos años de prisión por matar a cuatro personas, herir a nueve, violar la libertad condicional y fugarse.
“Affluenzers” argentos
María Melconián (21 años), hija de Carlos Melconián, atropelló y lesionó a un policía en Uruguay, mientras intentaba evadir un control, el 6 de enero, a la madrugada. Fue detenida para el control de alcoholemia donde le dio 2,74. En Uruguay rige la tolerancia cero.
Imputada por “Lesiones personales”, la joven debió “fijar domicilio, no pudiendo modificarlo sin previa comunicación a la Fiscalía por el término de seis meses, prohibición de conducir vehículos tanto en Uruguay como en Argentina por el plazo de seis meses, obligación de permanecer en el domicilio fijado en la audiencia en el horario comprendido entre las 0 y las 6 horas hasta el día 31 de enero”, ya que en Uruguay también hay feria judicial en enero.
Pablo García Aliverti, un joven locutor, hijo del reconocido Eduardo Aliverti, embistió y mató con su auto al ciclista Reinaldo Rodas y lo arrastró por 17 kilómetros, hasta que fue detenido en un peaje. Conducía con 1,45 gramos de alcohol en sangre, casi el triple del dosaje máximo permitido. Espera en libertad que quede firme su irrisoria condena a 42 meses de prisión.
El 19 de febrero de 2017, Gino Biagioni, (tenía por entonces 20 años) embistió a gran velocidad con el auto de sus padres al motociclista Patricio Gómez, en 27 de Febrero y Mendoza, y huyó. Como se entregó horas después, no pudo constatarse si había ingerido alguna sustancia ilícita. Se encuentra en libertad, imputado por “lesiones graves culposas, ocasionada por la conducción imprudente de un vehículo automotor por exceso de velocidad; agravadas por haberse dado a la fuga y no haber asistido a la víctima” con una pena prevista entre dos y cuatro años de prisión. Gino, según declaraciones de un allegado de la víctima publicadas en El Litoral (01/03/17) “es hijo de una persona de mucho poder, que mueve muchos hilos acá en Santa Fe”. La causa está demorada.
Es hora de preguntarse si añadir el “ser hijo de” convierte al consumo de sustancias problemáticas en una bomba de tiempo.
No solo al volante
La Cámara del Crimen de Buenos Aires confirmó esta semana el procesamiento a Rodrigo Eguillor, acusado de abuso sexual con acceso carnal. El joven, de 24 años, es hijo de la fiscal en lo penal de Lomas de Zamora Paula Martínez Castro, tiene antecedes de violencia sexual.
Fumando marihuana, “Rorro” había hecho su descargo a través de una serie de videos que luego publicaba en sus redes, en los que argumenta que “la mina ni siquiera se murió”, que sale desde los ocho años, que se mantiene solo y nunca tuvo problemas con nadie, que solo intentó salvarla porque ella pretendía tirarse por el balcón; se jacta de su bienestar económico, los contactos de su familia y sus atributos personales. Sin embargo, al ser detenido por la policía de seguridad aeroportuaria mientras trataba de salir sin permiso del país, nada menos que para ver la Superfinal en Madrid, y ante las cámaras de la televisión nacional, no atinó más que a decir “llamen a mi vieja”.
Detenido en Marcos Paz desde entonces, Eguillor “destruye cosas, les da órdenes a otros internos y discute con los guardias”, según un artículo publicado el 28 de enero por Perfil.com. En Navidad, había roto el inodoro de su celda y les dijo a los guardias: “lo rompí y no pienso limpiar nada de acá, eso lo van a hacer ustedes”.
Nadie se pregunta ya si el alcohol y las drogas están presentes en todos estos casos y enajenan a las personas, pero, al parecer, es hora de preguntarse si añadir el “ser hijo de” convierte al consumo de sustancias problemáticas en una bomba de tiempo. Porque ¿cuál es la diferencia entre un hijo rico que delinque y un hijo pobre que delinque? Que el hijo rico que delinque pasará menos tiempo en la cárcel.
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