"ES JODIDO PONER LA CARA" RECONOCE LA TITULAR DE AMMAR
Claudia Lucero tiene 39 años y dirige la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (Ammar) en Rosario. Le toca una tarea difícil: reemplazar la fuerte figura de la dirigente asesinada en enero, Sandra Cabrera.
Desde el 13 de abril, cuando en asamblea la eligieron como sucesora de Sandra, asumió un rol que la expone y también la atemoriza, aunque al mismo tiempo la obliga a superar su timidez para militar por las trabajadoras sexuales, en una organización que tras años de informalidad acaba de ser reconocida como sindicato. Durante la gestión de Claudia Lucero, Ammar Rosario distribuyó guardapolvos y útiles entre sus cien afiliadas, se integró al consejo asesor del Programa Municipal de Sida, consiguió becas de capacitación, logró para sus adherentes –a las que ayuda con cajas de alimentos– unos cincuenta subsidios del programa Jefas y Jefes de Hogar Desocupados, reparte 2.800 preservativos por mes, suscribió un convenio de atención médica con el hospital del Centenario y encaró una campaña de vacunación contra la hepatitis.
Claudia luce nerviosa porque su hermano está grave, internado, pero no suspendió la entrevista con El Ciudadano porque se había comprometido de antemano, explica Blanca Ibañez. Esta mujer de 67 años es la tesorera de la nueva comisión directiva y aunque tiene un oficio, es enfermera, y estudió Derecho hasta tercer año, aún continúa con la actividad que comenzó a los 51 porque, desde entonces, no consigue empleo. Claudia, en cambio, dejó hace un mes y medio por iniciativa de su pareja, un cliente que conoció hace dos años y ahora la ayuda económicamente. “Estoy contenta pero no te imagines Mujer Bonita.
El de la película era platudo y éste es un laburante”, sonríe. Pero los ojos le brillan porque nunca soñó con esta historia que la impulsó a abandonar el trabajo sexual, que ejerció entre 1985 y 1989 y 1993 y junio pasado.
Hace once años Claudia conoció a Sandra Cabrera, “La Sanjua”, como apodaban a la joven que el 11 de setiembre de 2001 fundó Ammar en Rosario. “Éramos muy compinches y después nos hicimos comadres”, recuerda. Sandra la eligió como madrina de su hija menor, Macarena, que hoy tiene 9 años y vive en San Juan con sus dos hermanos más grandes.
“Empecé a participar pero a veces me enojaba porque no creía que fuera útil. Entonces me iba”, cuenta Claudia, también mamá y abuela. “Cuando vino la crisis de 2001 Sandra consiguió unos 50 planes de Jefas de Hogar y ahí empezó a venir más gente. Decía que teníamos que hacer la prestación acá y con eso nos fue enganchando”, agrega. Cuando dice “acá” se refiere al local de San Lorenzo al 1800, donde funcionan ATE y la CTA, central a la que pertenece Ammar. Ahora las afiliadas cuentan con una oficina equipada con una computadora. Para aprender a manejarla disponen de seis becas, que les brindará la mutual de ATE.
La impronta de Cabrera
El martes 27 de enero a la mañana Claudia tomaba mate en su casa cuando por la radio dijeron que el cadáver de una prostituta había aparecido en un zaguán de Iriondo al 600. Era Sandra Cabrera. “El domingo me había pedido que la ayudara a limpiar la oficina. Viajaba a Córdoba y me dijo «Quiero dejar todo ordenado antes de irme». El lunes la esperé pero no apareció y lo próximo que supe de ella fue por la radio”, rememora. Fue un momento de shock. Claudia partió para la casa de su comadre, cerca de la Terminal de Ómnibus, y por el camino recordó que Macarena estaba de vacaciones en una colonia en Mendoza. La nena llegó días después, así que no pudo asistir al velorio, donde Claudia casi sin reaccionar concedió sus primeras notas periodísticas.
“Al principio Ammar quedó a cargo de un grupo, pero se necesitaba una responsable, una dirigente. Las chicas en asamblea me eligieron como secretaria general”, reseña Claudia, que se reconoce tímida pero sabe que debe exponerse en nombre de sus compañeras. “Es jodido poner la cara frente a las cámaras, pelearte con la policía. A veces cuesta”, susurra.
Blanca Ibáñez, a su lado, asiente. Esta trabajadora sexual que ahora cumple un rol protagónico en la organización se sumó el día que mataron a Cabrera. “Yo la conocía porque iba siempre a hablarme a la esquina”, recuerda, en referencia a la ochava de Sarmiento y bulevar Seguí, de la que ya se siente parte. “Empecé a participar hasta que un día me enojé por una pavada. Sandra decía que debíamos hacer número y yo le contesté que no soy un número ni puchero para el caldo gordo de nadie. No volví más. Pero un día veo en la pantalla del televisor: “La muerte de una prostituta”. Vine para ATE, había un montón de chicas y fuimos al velorio. Ya me quedé y me involucré porque pensé que esta muerte no puede quedar así”, afirma con vehemencia.
Las meretrices nucleadas en Ammar –todas trabajan en la calle, en forma independiente, y no en boliches, departamentos o whiskerías– descreen que Diego Parvluczyk, el policía federal procesado por el homicidio de Cabrera, sea el asesino. “Se entregó para cubrir a alguien, participó pero no apretó el gatillo”, sostiene Blanca sobre el ex agente antinarcóticos. “Ojalá él cuente la verdad algún día. Es cierto que se la llevó de la zona y ella fue porque le tenía confianza”, conjetura. La impronta de Cabrera sobrevuela.
En ese sentido, una deuda pendiente es la derogación de los artículos del Código de Faltas que penalizan la prostitución, iniciativa impulsada por Cabrera en la Legislatura santafesina. A horas de su muerte, el gobierno provincial se comprometió a una reforma y disolvió la sección Moralidad Pública de la UR II. “Como sindicato queremos exigir que se trate. Pero acá para que el poder político y los tribunales hagan algo hay que plantarse enfrente y no moverse, porque te cajonean todo”, denuncia Blanca. Ammar quiere la derogación y no la modificación de los artículos, para que las fuerzas de seguridad no tengan margen de intervenir en su actividad. Es una utopía que sus colegas de Entre Ríos ya consiguieron y por la que las rosarinas parecen dispuestas a luchar con un convencimiento que nace de las riesgosas condiciones en las que hoy les toca trabajar.
“Hacer política”, pero en favor de la gente
El 18 de junio el Ministerio de Trabajo de la Nación reconoció a Ammar como sindicato de derecho y no sólo de hecho. “Lo estábamos esperando ansiosamente, más porque Sandra siempre decía: «Tenemos que formar el sindicato y no voy a descansar hasta que eso pase». La hicieron descansar y callar antes pero nosotras vamos a seguir luchando”, asevera Blanca Ibáñez con un discurso de tinte militante, aunque dice que no cree “en la política”. La de Ammar es su primera experiencia organizativa.
“Nunca confié porque veía cómo engañaban al pobre. Cuando era chica, en Córdoba, los partidos llevaban casa por casa bolsos con comida y mi padre, que era muy pobre y trabajaba en el campo, nunca se los aceptó. Decía que querían comprar conciencias con un poco de azúcar para después robarte la cosecha. Y es lo que siguen haciendo”, opina, mientras reconoce que ahora hace “un poco” de política. “Pero en bien de la gente, no para joderla”, retruca. Claudia explica que nunca fue fácil que “las chicas” participaran, aunque ahora, de a poco, se van integrando.
Es que el crimen de Sandra también despertó adhesiones. Sus hermanos mayores les dijeron a las meretrices rosarinas que las ayudarían a crear Ammar en San Juan, donde actualmente no hay delegación. En cambio, sí funcionan grupos en varias provincias y en otras están surgiendo, como en Jujuy y La Pampa.
Una de las mayores inquietudes, para la cual la formalidad del sindicato podría ser útil, es el combate de la prostitución infantil. La expectativa de las trabajadoras sexuales es conseguir una casa donde albergar a las niñas que hoy están en la calle. “Ojalá pudiéramos demostrarles que hay otra vida”, piensa Blanca en voz alta. “Que no pasen por lo que nosotras tuvimos que pasar. Porque por ahí te topás con gente buena pero hay clientes que te agreden, te roban, o te llevan en el auto a un lugar que no es el acordado”, agrega, recordando que algunas mujeres debieron tirarse de coches en movimiento. “¿Te imaginás que le pase eso a una chica de 12 años? ¿Cómo se defiende? Aparece golpeada, violada o muerta y no podemos permitir que eso pase”, concluye.
Este contenido no está abierto a comentarios

