“Es la República, estúpido” (II)
Como si se fueran turnando y acomodando a las disposiciones de los jueces, para bien o para mal, los “perjudicados” por las resoluciones, suelen poner un tono grave y dramático ante las definiciones.
Así como la semana pasada, el fallo de la Cámara constituyó un “acto de independencia judicial” y un “límite al avance del poder ejecutivo sobre la libertad de prensa”, este viernes todo cambió. Los mismos que cuestionaron el mismo fallo, toman los argumentos de los adversarios, y los adversarios son los que, tras perder la instancia, ahora acusan a la Justicia de “dependiente del poder ejecutivo” o de estar “comprada”. Lamentable.
La semana pasada, propuse comparar aquella frase de campaña de Bill Clinton, para ejemplificar la necesidad de percibir cual es le lugar que ocupan estas determinaciones en la vida cotidiana de los argentinos. Pero por sobre todas las cosas, lo peligroso que es desprestigiar a todo un poder, en virtud de que una resolución judicial no responda a los intereses que defiende cada sector.
En el medio cayó el lamentable fallo de la Cámara Penal de Tucumán, absolviendo a todos los sospechados de participar en el secuestro de Marita Verón. Peor… se mezclaron todas las cosas y se empezó a hablar de intervención al poder judicial, de reglamentar el juicio por jurado ( constitucional desde nuestros orígenes, y nunca reglamentado) o directamente de proponer lo que en ninguna parte del mundo se propuso: elegir a los jueces a través del voto popular.
Ahora es Clarin y sus defensores, los que montan un espectáculo de sospechas y cuestionamientos a la legítima acción de un juez. Juez que resuelve – salvo prueba en contrario- de acuerdo a sus convicciones e interpretación del derecho. Su resolución es apelable. Como era apelable la resolución de la Cámara Federal que había prorrogado la vigencia de la cautelar que suspendia la aplicación de los dos artículos de desinversión.
Lo mismo se puede decir, con dolor, que le cabe a la sentencia del caso de Marita Veron. Es apelable y será la Corte Tucumana la que deba revisar los argumentos que llevaron a los camaristas a absolver a los imputados.
Es la República. En pleno funcionamiento, mal que le pese a los que se sienten perjudicados por las decisiones. Clarin debe respetar lo fallado por Alfonso, y en su caso apelar y argumentar lo que cuestiona. Pero bajo ningún aspecto puede tomar los argumentos que hasta la semana pasada le servían para celebrar una sentencia, para cuestionar otra.
La ley de medios hace mucho tiempo que dejó de ser una ley que tenga por objetivo la “democratización de la comunicación y la pluralidad de voces”, para convertirse en una desnuda lucha de poderes , a los que tienen sin cuidado los efectos de la pelea. Dos trombas a mil kilómetros por hora que están dispuestos a chocar, sin medir los “daños colaterales”.
Ni al Grupo Clarin, ni al gobierno les interesa mejorar la comunicación de los argentinos. Lo que les interesa es ver vencido al rival, aunque en el medio se lleven puesto a la esencia del sistema repúblicano.
Esta vez, habría que colgarle un cartel a Magnetto y sus socios en la oficina, y remarcarles: “Es la república, estúpido”, aunque ellos hace mucho tiempo que han demostrado no tener demasiado interés en el asunto.
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