“Es mucho más fácil ser profesor de literatura que jugador de fútbol de primera”
-Una de las primeras pasiones de su infancia es el fútbol.
-La pasión futbolera o el gusto por jugar al fútbol creo que es generacional. No era una vocación peculiar, ni extraña, ni siquiera era una vocación era una práctica. Como hoy en día todos los chicos tocan la guitarra en aquel momento todos jugábamos al fútbol. Era la actividad natural, el juego que teníamos. Dentro de lo que era el nivel de competencia que me tocó vivir yo jugaba más o menos bien. Cuando terminé el secundario, salimos campeones con el equipo Independiente de Coronel Dorrego y entonces me fui a probar a Buenos Aires. Yo tenía un tío que era dirigente de San Lorenzo y me llevó a probar; pero ya era grande, 18 años, tenía que se muy bueno para quedar. Después fui a probarme a Independiente y terminé jugando en Lanus, donde quedé algunos meses.
-¿En que posición jugaba?
De delantero. Pero el problema es que ya había entrado a la facultad y la vocación genuina era la literatura. Yo tenía la contradicción de ir a los prácticos de latín o entrenar. Además, es mucho más fácil ser profesor de literatura que jugador de fútbol. Cualquiera es profesor de literatura pero no cualquiera juega en primera. Luego, a la pasión futbolera la canalicé como cualquier argentino jugando con mis amigos. En filosofía y letras teníamos un equipo muy bueno, contra todo lo que puede suponerse en una facultad con pocos hombres. Hippies, barbudos, filósofos, sociólogos y estudiantes de letras tuvimos un muy buen equipo a fines de los ‘60. Esa es la historia de mi paso por el fútbol.
-Antes de entrar en la historieta como guionista y en la literatura como escritor te hiciste periodista.
-La relación con el periodismo es una cuestión de salidas laborales. Supongamos que uno tiene 15 o 16 años y quiere ser escritor. Entonces estudia letra. ¿Para que sirve eso? ¿Para ser escritor? No, al contrario sirve para no serlo. Sirve para recibirte de profesor de literatura. Te da un título para manipular cosas que te gustan pero no para ser escritor. ¿Entonces donde vas a escribir? ¿Cuándo vas a publicar? Ahí aparecen los medios gráficos hasta que aparezca la posibilidad de publicar un libro. Por lo tanto el periodismo es un lugar intermedio. En el caso de nosotros, vivimos de la escritura y hemos trabajado en los medios desde la literatura. Yo trabajo en los medios gráficos argentinos desde el año 71’ pero no soy periodista. ¿Tengo vocación periodística? No. ¿He dirigido revistas? Sí, pero revistas de ficción o he sido editor de página 12, pero no tengo vocación periodística.
-En los años ‘80, junto a Alberto Breccia hicieron la historieta "Perramus". ¿Cómo surgió este laburo junto al maestro?
-Durante los años 70’ Alberto Breccia trabajaba básicamente para el mercado Europeo, porque lo que él producía eran historietas muy difíciles, muy artísticas, muy zarpadas. Pero tenía un doble trabajo. Por un lado producía estas historietas complejas y por otro lado hacía algunas más de batalla, más vendibles. Entonces un día en el año 1980 me pidió que le haga un guión de una historieta aventurera para vender en Europa. Y yo le llevé las primeras páginas de “Perramus”, que no era ni liviana, ni aventurera. Era una historieta pesada, simbólica, llena de guiños, obra propia de un principiante que quiere decir muchas cosas en pocas páginas. Laburamos juntos con “Perramus” hasta el año 89’.
-Fue una historieta que se ha publicado en todo el mundo y le dio a usted cierto prestigio.
-Sí, más prestigio que guita como suele pasar. Pero para mí trabajar con Breccia fue increíble. Pero no te olvides porque me eligió a mí, porque yo andaba con la hija (Risas). Me tenía cerca. Supongo que no lo decepcioné.
Y algunos años después, llega el escritor Juan Sasturain con “Manual de perdedores”.
Sí, en agosto del 75’, antes de cumplir 30 años terminé el “Manual de perdedores”. Pero por suerte la publiqué 10 años después porque me dio la posibilidad de rescribirlo y mejorar los textos. Bioy Casares decía de si mismo que no había salvado a la gente de asistir a su aprendizaje porque había publicado lo impublicable en sus primeros libros. Sin pretender compararme con Bioy Casares, de algún modo evitamos publicar algunas cosas.
-Por estos días, junto a Telefé, estás haciendo un programa sobre literatura en televisión abierta, una experiencia un tanto “rara” para la TV argentina. ¿Cómo nació esta idea y como la estás viviendo?
-La idea de “Ver para leer” nació del corazón mismo del canal. Más puntualmente de Claudio Villarruel quien fue el que me convocó. A mí me gustó la idea y el desafió de hacerlo. Primero dije que todas las payasadas que hago no las iba a hacer y terminé haciéndolas. En fin, hemos entrado en el territorio del ridículo (Risas). Pero al margen de esto creo que la idea está bien. Es un programa de Telefé, es un programa popular, es un programa que no prevé ningún conocimiento previo. Es para quien prende la tele y no tiene la más puta idea de que se está hablando. Partimos de cero y transmitimos el gusto por la literatura. Por eso podemos liquidar a Kafka en treinta segundos, o a Chesterton en un minuto o pasar por Conan Doyle o Roberto Arlt. La idea no es introducir a alguien en el mundo de la literatura, que es mucho más difícil, pero si sacarle las cosquillas, vacunarte, que ese mundo tan ajeno deje de ser tan extraño. Queremos transmitir la idea que la literatura no es ni necesidad, ni obligación sino placer. Hay placeres más livianos y algunos que requieren más concentración. Si vos chupas siempre el mismo vino tinto está perfecto pero hay otros vinos mejores también. La idea es avanzar sobre el placer que nos da el conocimiento de cosas muy ricas y el mundo de los libros es infinito. En los libros está todo el saber, toda la imaginación, todo lo que los hombres han soñado, todo a lo que los hombres le han temido, todo lo que los hombres creen. En los libros está todo.
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