ES PREOCUPANTE LA POBREZA DEL LENGUAJE
El empobrecimiento del habla coloquial, los peligros que la globalización comporta para la diversidad lingüística, el desafío de vencer la pobreza en América latina antes que atacar la expansión del inglés y la unificación del castellano en la lengua literaria fueron los temas abordados en la mesa sobre “La comunicación textual en el mundo hispánico: transversalidad y contrastes”.
El término “transversalidad” fue el puente elegido magistralmente por Martínez para unir las ponencias diametralmente opuestas de los panelistas. “¿Qué es la transversalidad?”, se preguntó el autor de “Santa Evita”, para concluir que no figura en ningún diccionario.
Tras señalar que sólo existen “tres acepciones de lo transversal” y que de una u otra forma la palabra alude a “desvío”, Martínez dijo que “en la política argentina la palabra está de moda y se refiere al intento de cruzar ideologías. Sin embargo, señaló que lo que en política es conciliación, en la lengua es transgresión”.
En su intervención, Giardinelli reafirmó su postura en relación con el empobrecimiento del habla de los argentinos: “Hace 20 años, sobre un total de 75.000 palabras, los argentinos usaban apenas 1600 o 2000. Hoy, con 84.000 vocablos, esa cifra no llega al millar”, dijo al subrayar que “el empobrecimiento del castellano ha sido irrefrenable en los últimos 30 años de la Argentina.
El peruano Iwasaki, que reside en Sevilla, aludió al limbo de la lengua, por el que transitan muchos emigrados. “La identidad -dijo- es múltiple e indefinible como los buenos guisados.”
Desde el exilio
El argentino Matamoro -radicado hace más de 30 años en España- habló sobre las experiencias de un inmigrante: “El paso de una lengua a otra ha sido común en los escritores inmigrantes”. Subrayó que “otros autores, como Cortázar, continuaron desde su exilio escribiendo en un encarnizado castellano porteño”, y mencionó a Héctor Bianciotti, como uno de los escritores que renunció a la extranjería para escribir en francés. “Borges tuvo una infancia anglófona, una adolescencia francófona, pero eligió escribir en español”, señaló.
Con un típico humor valenciano, sin sonreír un instante y muy aplaudido, Millás condujo la historia del esperanto al inglés para fustigar esta lengua en su uso mundial: “Es un idioma de aeropuerto, que sólo sirve para preguntar la hora, con el que se manejan el 90% de la población mundial, un idioma que no pregunta ¿quiénes somos?, como lo haría Shakespeare”, reflexionó el escritor para referirse a los males del lenguaje estandarizado.
Al ponderar la carga simbólica de la Torre de Babel, advirtió sobre la muerte de la cultura que conlleva una lengua única. Y alertó sobre la pobreza del vocabulario de la mayoría de la gente que se arregla con no más de 70 palabras: “Un día iremos a nombrar un árbol y la palabra que lo designaba se habrá caído del vocabulario”, ejemplificó.
A su vez, el académico Santonja sorprendió al desechar al inglés como un peligro para la lengua: “Es la pobreza y la marginación”, por la que muchos renuncian al idioma, para no ser identificados con una situación social de injusticia, señaló.
Finalmente, la académica Emilia Zuleta puso de relieve que “la comunicación textual requiere competencia lectora del que recibe el libro y calidad y accesibilidad del producto, lo cual compromete a críticos, profesores, editores y libreros”.
Este contenido no está abierto a comentarios

