ES PROBABLE QUE FLORENCIA NO SALIERA SOLA A REPARTIR VOLANTES
Quién atacó y dio muerte a Florencia Morello, ¿fue un desequilibrado cualquiera o alguien que realizaba con ella una tarea común?
A lo largo de las tres semanas que siguieron al ataque que terminó con la vida de María Florencia Morello sólo se ha escuchado decir que la investigación no avanza porque, entre otras cosas, nadie aporta un solo dato de interés a la pesquisa.
A todo esto, agregan los más agoreros que, a la falta de colaboración de los presuntos testigos debe sumarse la ausencia de rastros en la escena del cruento suceso, así que bien podemos sospechar que el caso Florencia va en camino de convertirse en otro crimen impune.
Así las cosas, lo único cierto es que el sábado 1° de octubre, poco antes de las seis de la mañana, alguien asestó un golpe demoledor en la cabeza de María Florencia, con lo que cinco días más tarde dejaría de existir.
El ataque tuvo lugar frente a un edificio de departamentos ubicado en la céntrica calle Irigoyen Freyre a la altura del 3000, cuando la joven empleada gastronómica y miembro de la Iglesia Dianética cubría el trayecto entre su casa de Zavalla al 2800 y su lugar de trabajo, en la terminal de colectivos.
En los primeros momentos, cuando los policías trataban de identificar a esa desconocida agredida brutalmente, supieron que trabajaba en el bar Plataforma 24 porque en su blusa desgarrada exhibía el escudo identificatorio de ese establecimiento. Luego, advirtieron que había sido golpeada cuando repartía los volantes de Dianética, papeles impresos que tenía en sus manos y que se podían ver a lo largo de la calle.
Las primeras preguntas que se plantearon en relación a este caso, todavía no hallaron respuesta. Esto es, si Florencia fue víctima casual de un asesino cualquiera o si alguien que conocía el trayecto que debía realizar ese día le tendió una trampa y le cayó encima cuando pasó frente al profundo y oscuro garaje de aquel edificio.
Pero existen otros interrogantes un tanto más inquietantes todavía, porque si es difícil imaginar que nadie vio o escuchó nada en los alrededores de la escena del crimen, es mucho más difícil entender por qué en ese amanecer Florencia se apartó de su rutina diaria, poniendo en juego su propia seguridad. Se sabe que Florencia habitualmente utilizaba un servicio de remís para cubrir el trayecto que media entre la casa que habitaba y el lugar de trabajo, pero esa mañana no lo hizo porque debía repartir aquellos volantes.
Luego, si Florencia viajaba en remís antes de las seis de la mañana, ¿lo hacía por comodidad o por seguridad?, las respuestas, parecen obvias.
Si Florencia no adoptó la precaución de viajar en coche aquel día, ¿fue porque alguien se ofreció para ayudarla en la tarea? Cualquiera puede observar cómo, quienes reparten volantes en las calles de la ciudad, lo hacen de a dos, aún en la zona céntrica y a plena luz del día. ¿Por qué Florencia no habría de poner ese mismo cuidado? ¿Quién la acompañaría aquel día?
Este contenido no está abierto a comentarios

