" ES UNA VUELTA PARA CERRAR UNA HISTORIA"
Dirá Millie Stegman que en estos ocho meses sin pantalla volvió a sus pequeñas delicias cotidianas, que incluyen “correr, dormir la siesta, cocinar, escuchar música, cuidar las plantas, cuidarme”. Mostrará Millie Stegman, en un gesto de bienvenida, que en estos ocho meses también decidió dosificar la energía: la misma chica que hasta el año pasado bajaba sonriente un piso por la escalera para abrir la puerta de su edificio de Palermo, ahora asoma por el balcón y dice “ahí van”. Con cara de póker y sin dar medio paso, le da manija a un aparatito amarillo: sale una tanza de pesca, con una plomada de albañil en la punta, de la que cuelgan las llaves. Toda una exquisitez de la vagancia, que no tarda en provocar envidia ajena.
Es domingo, cae el sol, y sabe que en unas horas se acabó lo que se daba. Vuelven los madrugones, las 12 horas de trabajo, los guiones, la ficción, vuelve Lola, la partera de Son amores que se fue sin que la echen. Pero que vuelve porque la llaman.
Que una tira de éxito se quede sin protagonista femenina no es algo que suela suceder…
Es que a mí me suceden las cosas que no suelen suceder. Ya nada me sorprende. O sí: me sorprendió tanto mi salida como el llamado para que vuelva.
Correrá mucha cinta del grabador hasta que Millie Stegman, finalmente, se anime a decir que la decisión que Adrián Suar tomó el año pasado le provocó “tristeza. Pero no me dolió ni me enojé: hoy entiendo que esa pausa fue necesaria. Y a mí, personalmente, me hizo muy bien. Me reacomodé, me reencontré”.
Sentada sobre uno de sus sillones de tela atigrada, con bossa nova de fondo y una penumbra acorde a su medio tono, confiesa que “en mi salida yo debo haber tenido algo que ver, porque una vez, en una charla muy flojita, le dije a Adrián que no me veía haciendo un segundo año de Lola (reaparece hoy, a las 21, por Canal 13). No me gusta quedarme mucho tiempo en lo mismo. No suelo repetirme, nunca hice segundas temporadas”.
Pero ahora sí se viene la segunda.
No, ésta no es una vuelta, así, con todas las letras. Es una vuelta cortita, de unos 20 capítulos, necesaria para cerrar una historia. Quedarme siempre en el mismo rol, de la mala malísima o la buena buenísima me agota un poco. A mí me gusta el cambio. No es que cambio de dirección: sigo siempre en el mismo camino, pero cada tanto necesito ver las banquinas.
¿Querés decir que vos sugeriste irte?
No, para nada, pero me vino bien. En setiembre de 2002 Suar fue claro y me dijo quiero que Lola no esté en los primeros seis meses del año que viene y que vuelva para la segunda mitad. Y me ofreció firmar un contrato con esas condiciones. Ahí es donde yo elijo y digo que no.
¿Por qué?
Elegí darle y darme libertad. No quería quedar atada a un lo que vendrá, quería ver cómo reaccionaba yo frente a esa tristeza. Jamás sentí que me bajaban o que me bajaba de algo. Yo confío mucho en Adrián y sé cómo proyecta su cabeza, pero ya que estaba tomada esa decisión yo quería ver cómo me acomodaba a ese parate. Y fue genial.
Lo que ella define como genial contempla sus rigurosas siestas con el teléfono desconectado y el celular apagado, sus sesiones de gimnasio, sus caminatas barriales, sus largas incursiones en la cocina. Asegura que se especializó en la tortilla de papa y en la carne al horno con zapallo. Dice que cocina “super rico”. Habrá que creerle, aunque es de las que invitan a tomar mate y una tiene que conformarse con que sólo caliente el agua. La búsqueda de la yerba y la bombilla corre por cuenta del visitante.
Antes de esos ocho meses que la encontraron más adentro que afuera de su casa (un tres ambientes de tonos pasteles en el que vive sola, rodeada de plantas y velas apagadas), tuvo que darle forma al adiós de Lola de la ficción de Son amores: su personaje viajó sorpresivamente a Boston, ciudad de la que hoy pegará la vuelta para reconquistar a Roberto Sánchez (el árbitro que encarna Miguel Angel Rodríguez).
“En este tiempo me di cuenta que la gente quería que se cerrara esa historia. Era raro que luego de la magia que había entre los dos, ella se fuera. Yo grabé hasta diciembre y en enero ya no aparecí. En marzo tuve una charla con Adrián en la que me habló de la posible vuelta, pero para fin de año. Y luego, en otras reuniones, jamás dijo una palabra de eso. Me propuso trabajar en Padre coraje (una tira para el 2004, con Facundo Arana y Carina Zampini), me preguntó si prefería la comedia, el drama… yo esperaba que pronunciara la palabra Lola y nada”, admite ahora relajada, ya con la certeza de que la pantalla chica la incorporará a sus huestes. Ella jura que en este pegar la vuelta no hay aroma a “revancha” ni a “reivindicación”.
¿Te morías por volver?
En marzo te hubiera contestado “no sé”. Hoy te digo que sí, pero no hice nada, no llamé a nadie, no pedí nada. Sólo esperé y acompañé a Suar en este camino que él diseñó. El me fue llevando. Y él me trajo.
¿Y si no te llamaba?
Hubiera tenido que cerrar el tema Lola en mi cabeza, yo solita. No me hubiera conformado, en eso me conozco. Pero hace un mes, a las 48 horas de la última reunión sobre la próxima tira, me llamó. Era martes a las nueve la noche.
¿Justo estabas viendo Son amores?
No. Jamás lo vi, ni un poquito. Antes de tu por qué, te doy dos opciones: puede que haya querido tomar distancia o puede que no lo haya visto por sentirme muy involucrada. Y, sin dramatizar, digamos que estaba muy involucrada con el programa, pero ya no era parte de eso.
Como si hubiera garabateado en su cabeza cómo iba a ser la balada del regreso, jura que “resultó bastante parecido a cómo lo soñé: yo estaba en la cama, sonó el teléfono y escuché que Adrián decía Millita, veinte capítulos de Son amores. Mi cabeza ya estaba en el 2004, pero metí la ficha nueva en dos segundos. No le dije que sí, pero acepté desde la acción, porque enseguida proyectamos cómo sería”. Cuenta en voz baja, como para que el grabador no la registre, que apenas cortó el teléfono imaginó una charla con un Suar de fantasía —en medio del living dominado por un piano al que a veces se le anima— en el que le buscaban letra a Lola.
Hoy, curiosamente, Lola callará más que lo que diga, según manda el guión. Pero mañana, la bendita ficción convertirá su sueño en realidad. Beneficios que gozan las chicas de novela.
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