ESCUELA DE ASESINOS: HISTORIA MACABRA DE LA ESCUELA DE LAS AMÉRICAS
Después de haber sido echada de Panamá, bajo los términos del Tratado del Canal de Panamá, la Escuela de las Américas fue trasladada a Fort Benning en 1984. En aquella época, el entonces presidente de Panamá, Jorge Illueca, llamó a la Escuela “la más grande base para la inestabilización en América Latina,” y el periódico panameño La Prensa la apodó “La Escuela de Asesinos.”
Consistentemente se ha visto que las naciones latinoamericanas con los peores registros de violaciones a los derechos humanos, han enviado el mayor número de soldados a entrenarse en la Escuela de las Américas. Bolivia, bajo el general Banzer; Nicaragua, con los Somozas; El Salvador durante los años más sangrientos de la guerra civil– todos eran clientes asiduos de la Escuela de las Américas.
La Escuela de las Américas ha entrenado a más de 56.000 soldados, provenientes de 18 países de Latinoamérica, en las áreas marciales de guerra de baja intensidad, operaciones psicológicas (PSYOPS), técnicas de contrainsurgencia, operaciones de comando, métodos de interrogación y recolección de información.
De ella se gradúan aproximadamente 1.600 soldados al año. De acuerdo con el Pentágono, la misión de la Escuela de las Américas es: profesionalizar a militares de América Latina, promover la democracia y enseñar los derechos humanos. Joe Reeder, Subsecretario del Ejército de los EE.UU., afirmó que “la instrucción en la Escuela de las Américas se enfoca en el papel que debe desempeñar el profesional militar en una sociedad democrática. Es un requisito de la Escuela que cada curso incluya, sin importar el tema o su extensión, una instrucción formal que enfatice el carácter sagrado de los derechos humanos y el papel idóneo del estamento militar en una sociedad democrática.” (The Washington
Post, 23 de mayo de 1994)
En marzo, Charles Call, de la Oficina en Washington sobre asuntos de América Latina, fue invitado a hablar sobre lo que es derechos humanos en la Escuela de las Américas. Al respecto, Call dijo: “A pesar del nuevo lenguaje tocante a los derechos humanos y la democracia, los entrenadores militares estadounidenses aparentan no creer realmente en estos ideales. El coronel José Feliciano, el entonces comandante de la Escuela, exhibía en su oficina una carta de 1991 enviada por el general Augusto Pinochet, el exdictador chileno que se convirtió en un modelo para la represión cruel, junto a una espada que también fue regalada por él.” (Miami Herald, 9 de agosto de 1993)
En una carta abierta enviada al Columbus (Georgia) Ledger Enquirer, 20 de julio de 1993, el comandante Joseph Blair, antiguo instructor de la Escuela de las Américas, declaraba: “En mis tres años de servicio en la Escuela, nunca escuché nada sobre objetivos tan excelsos como los de promover la libertad, la democracia y los derechos humanos. El personal militar de América Latina vino a Columbus en busca de beneficios económicos, oportunidades para comprar bienes de calidad exentos de los aranceles de importación de sus respectivos países, y por transportación gratuita, pagada con el dinero del contribuyente
estadounidense…”
De acuerdo con el representante Martin Meehan (demócrata de Massachusets), “Si la Escuela de las Américas decidiera celebrar una reunión de exalumnos, reuniría algunos de los más infámes (infames) e indeseables matones y malhechores del hemisferio.” Entre los graduados de la Escuela se encuentran el general Manuel Noriega, ex-presidente de Panamá, que ahora se encuentra en una prisión federal de los EE.UU. por estar involucrado con el narcotráfico; el general Hugo Banzer,
brutal dictador de Bolivia (1971-1978) que en 1988 fue admitido al salón de la fama de la Escuela de las Américas; Roberto d’Aubuisson, líder de un escuadrón de la muerte; el general Héctor Gramajo, exministro de defensa de Guatemala, y arquitecto de políticas militares genocidas en la década de 1980; y Leopoldo Galtieri, exlíder de junta argentino, que supervisó los últimos dos años de la “guerra sucia” de ese país, en los cuales fueron torturados y asesinados 30.000 personas sospechadas de ser disidentes.
Entre los perpetradores de atrocidades y violaciones a los derechos humanos que aparecieron en el Informe sobre El Salvador de la Comisión de las Naciones Unidas por la Verdad, figuraron de manera prominente personas graduadas de la Escuela de las Américas.
Asesinato de Romero. 3 oficiales citados, 2 son graduados de la Escuela de las Américas.
Violación y asesinato de dos religiosas estadounidenses. 5 oficiales citados, 3 son graduados de la Escuela de las Américas.
La masacre de Mozote. 12 oficiales citados. 10 son graduados de la Escuela de las Américas.
La masacre de 6 jesuitas, la ama de llaves y su hija adolescente. 27 oficiales citados, 19 son graduados de la Escuela de las Américas.
El Salvador es solo un pedazo de la vasta historia de la Escuela. Veamos lo que dice la revista Newsweek, 9 de agosto de 1993: “Un trabajo de investigación sobre la Escuela de las Américas por parte de Newsweek, puso al descubierto cientos de no tan honorables graduados–algunos eran malhechores insignificantes, y otros militares de alto mando. Por lo menos seis oficiales peruanos, vinculados a un escuadrón de la muerte que el año pasado mató a nueve estudiantes y un profesor en una universidad cercana a Lima, eran graduados de la Escuela. Cuatro o cinco altos oficiales hondureños, acusados en un informe de 1987 de “Americas Watch” de organizar un secreto escuadrón de la muerte denominado Batallón 316, fueron entrenados allí. El año pasado una coalición de grupos internacionales de derechos humanos emitió un informe en el que se acusaba a 246 oficiales colombianos de violación a los derechos humanos; 105 de estos oficiales eran exalumnos de la Escuela de las Américas.”
La Escuela de las Américas no solo es costosa en vidas humanas. El entrenamiento dentro de la Escuela es pagado con dinero de los contribuyentes a través del programa de Educación y Entrenamiento Militar Internacional (IMET) y Ventas Militares al Extranjero (FMS). El Pentágono sostiene que el presupuesto anual de operaciones es $5 millones, pero esta cifra no incluye los salarios del personal de la Escuela de las Américas, compuesto de 202 personas, o los $30 millones que
se usaron en la renovación de la sede de la Escuela y los cuartos para los
oficiales latinoamericanos. Tampoco incluye beneficios como viajes gratuitos a “Disney World”, juegos de pelota de los “Atlanta Braves”, y otras atracciones regionales–todo a expensas del contribuyente.
El año pasado el representante Joseph Kennedy (demócrata de Massachusets) promulgó una enmienda a la ley de defensa para eliminar el apoyo económico a la Escuela de las Américas por parte del Departamento de Defensa. La intención de la enmienda era cerrar la Escuela, la cual, según el señor Kennedy, “cuesta millones de dólares al año y nos identifica con la tiranía y la opresión”.
Fue la primera vez que se discutió en el Congreso sobre la función de la Escuela de las Américas; el debate fue acalorado. El representante John Lewis (demócrata de Georgia), dijo: “Deberíamos estar entrenando para la paz y no para la guerra.
Deberíamos enseñar a las personas a transformar las armas en instrumentos benévolos e inofensivos como el arado, y parar de estudiar las artes de la guerra.” El representante Henry Hyde (republicano de Illinois), manifestó: “Hasta donde recuerdo, uno de los doce apóstoles se desvió del camino. Eso no quiere decir que el resto se fue por el mismo camino.” El representante Jerry Lewis (republicano de California), declaró: “¿Podrían por favor los caballeros de Massachusetts cerrar también la escuela donde se graduó el señor Somoza? Somoza se graduó de West Point.”
En la Cámara de Representante, la enmienda obtuvo 174 votos; 256 votaron a favor de la continuación del financiamiento. Este fue solo el primer asalto. El 20 de mayo del presente año, el representante Joseph Kennedy re-introdujo su enmienda al “House Defense Appropiation Bill” demandando la suspensión total del financiamiento de la Escuela de las Américas. El trabajo de los grupos de presión, a ambos lados del asunto, fue intenso. En su lucha por mantener la Escuela de las Américas abierta, los generales del Pentágono decidieron visitar a varios líderes del Congreso. El senador Sam Nunn (demócrata de Georgia) fue invitado por oficiales de la Escuela de las Américas a hablar en una conferencia
de prensa en Fort Benning; allí dijo: “Las democracias han emergido una tras otra gracias a los valores estadounidenses y los derechos humanos exportados a América Latina. A la Escuela de las Américas se debe que nuestras relaciones y lazos con nuestros vecinos de América Latina sean más firmes.” (Columbus Ledger-Enquirer, 29 de marzo de 1994)
Cientos de personas de todo el país concurrieron en Washington para presionar a favor de la enmienda de Kennedy. En los escalones del Capitolio, once personas (activistas de la paz y sacerdotes) ayunaron por 40 días tomando únicamente jugos, y exigieron el cierre de la Escuela.
Antes del voto, hubo un agitado debate en la Cámara que duró 45 minutos. El representante Sanford Bishop (demócrata de Georgia) afirmó: “Sr. Presidente, es desafortunado que los críticos de la Escuela de las Américas continúen mirando hacia el pasado. Debemos mantener una visión para el futuro en nuestra política exterior y la Escuela de las Américas es una herramienta excelente para promover
las metas de esa política.” La representante Cynthya McKinney (demócrata de Georgia), dijo: “En vez de ayudar a establecer la democracia en esa parte del mundo que es tan importante para nosotros, lo que la gran tradición de la Escuela de las Américas produce es un catálogo de los dictadores del hemisferio.
La mancha sangrienta que dejó la Escuela de las Américas en Honduras, Panamá, Bolivia, Argentina, Perú, y Ecuador, sigue aún sin lavar.”
El resultado: 217 en contra de la enmienda de Kennedy; 175 a favor. Mientras admitía estar decepcionado con los resultados, el representante Kennedy dijo que la atención pública atraída a la Escuela, y la constancia de sus muchos graduados, valió el esfuerzo. “Estoy seguro de que mientras las personas sepan más sobre la Escuela de las Américas, menos dispuestos van a estar los contribuyentes en perpetuar su desencaminada misión,” afirmó (Boston Globe, 21 de mayo de 1994).Prometió que iba a intentarlo otra vez el próximo año.
Mientras tanto, en toda la nación se está esparciendo la noticia sobre la
existencia y los actos de la Escuela de las Américas. El 16 de junio la Asamblea General Presbiteriana adoptó una resolución en su convención anual en Wichita, Kansas, en la que se exige al presidente Clinton y al Congreso cerrar la Escuela de las Américas. La asamblea representa a 2,7 millones de presbiterianos de toda la nación. En septiembre, la Orden Misionera de Maryknoll, que tiene una cantidad considerable de personal en América Latina, va a sacar a la luz pública un vídeo-documental sobre la Escuela de las Américas de 17 minutos de duración.
El título de este vídeo-documental es “Escuela de Asesinos.”¿Podrá sobrevivir este dinosaurio de la guerra fría? Una cosa es segura. La
Escuela de las Américas, institución del Ejercito de los Estados Unidos y
escondida por muchos años detrás de una muralla de secretismos, ahora está siendo expuesta al público.
Roy Bourgeois es un sacerdote católico de la Orden de Maryknoll que trabajó en Bolivia por 5 años y fundador del “SOA Watch” (School of Americas Watch). Para más información escriba a: SOA Watch, P.O. Box 3330, Columbus, GA. 31903.
Naciones……………………….Graduados
Argentina……………………………….931
Bolivia…………………………………4.049
Brasil…………………………………….355
Chile…………………………………..2.405
Colombia……………………………..8.679
Costa Rica……………………………2.376
República Dominicana……………….2.330
Ecuador………………………………2.356
El Salvador…………………………..6.776
Guatemala…………………………..1.676
Haití……………………………………..50
Honduras…………………………….3.691
México………………………………….579
Nicaragua……………………………4.693
Panamá………………………………4.235
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