Ese hombre de barba
Quizás fue escondido en un baúl que no revisaron. A lo mejor pasó con barba tupida y documentos falsos y el gendarme no lo advirtió. Acaso el gendarme sí se dio cuenta quién huía y no quiso ser cómplice del oprobio, hizo la vista gorda y el hombre pudo pasar a respirar aire puro como lo hacen las “barbas del diablo” que cuelgan de los arrayanes y los robles.
El paso Hua Hum, a simple vista, no ofrece mucha seguridad. Del lado argentino, un personal de aduana ni pregunta dónde pasan tantos visitantes, de patente celeste y blanca o chilena, lo mismo da. Uno puede decir que va a la Cascada de Chachín y se manda para Chile. Eso puede ser lo que hizo el barbudo, como una cuarta opción para el despiste, asesorado por algunos baquianos.
Eran los años 50. No había Internet ni la televisión estaba tan desarrollada, por lo que eso ha favorecido al hombre que huía. Si lo hubieran detenido, el simple carabinero hubiera pasado a la historia. Es que, la cabeza de Neftalí Ricardo Reyes tenía precio en Chile, porque al gobierno militar no le gustaba que este poeta, bajo el nombre de Pablo Neruda, anduviera reclamando la instalación del socialismo al costado de la Cordillera.
Sí. Neruda entró a la Argentina clandestinamente por aquí, tal lo cuenta en su “Confieso que he vivido”. Después, sin tanto margen para apreciar el paisaje, pidió albergue en un hotel de la zona. Pero en San Martín de Los Andes le desconfiaban de su poderío económico porque un conserje poco perspicaz tenía miedo que ese barbudo harapiento no tuviera con qué pagar.
Hasta que la historia tomó carriles más normales. Un amigo pagó la cuenta, otro lo trasladó a Buenos Aires y el cruce de Los Andes fue para el poeta una anécdota más en su valija cargada de poesía y sueños libertarios. Neruda –agradecido- nunca olvidó que por este lugar que ahora aparece tan vulnerable como entonces, pasó para salvar su vida. Y la poesía –agradecida- tampoco.
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