ESOS NUEVOS VIEJOS PACTOS
Si bien la señora de Kirchner no lo mencionó -fiel a su estilo de no dar nombres- tanto a Jorge Obeid como a Carlos Reutemann, que flanqueaban al Jefe de Estado, se le iluminaron los rostros. Pasada la euforia “porque ya no quedan dudas de a quien apoya Kirchner” como bramó Agustín Rossi desde la tribuna, crece la preocupación por que las prácticas políticas que son corrientes en el conurbano bonaerense se trasladen a Santa Fe. Una vez más la cuota de razonabiidad la aportó la vicegobernadora María Eugenia Bielsa que declaró a Radio del Plata “no soy una persona que, en general, adhiera a la idea de los complots…yo le pido tanto a la oposición como al oficialismo que en algún momento le den tranquilidad a la gente”.
Movió la Dama
“Me han contado que en esta ciudad hay pactos de oposición entre dos partidos que se juntan para oponerse a las políticas nacionales en el Congreso”, dijo Cristina Fernández de, en el acto de lanzamiento nacional del Frente para la Victoria, el miércoles en Rosario. En la primera fila de las plateas montadas en el estadio cubierto de Ñuls, el gobernador Jorge Obeid -sentado a uno de los lados del Presidente Néstor Kirchner- aplaudía la bravata de la Senadora con una sonrisa que no le cabía en el rostro. Es que después de tantos años de soledad -en su prédica contra Hermes Binner y compañía- para sorpresa de la tribuna, desde el palco se estaba desmontando la “amistad” entre el Jefe de Estado y el ex-intendente socialista, y quien lo hacía era nada menos que la esposa del Presidente. Pero la cosa no hubiese pasado a mayores si a las 48 horas, el propio Kirchner no hubiera utilizado las misma palabra (“pacto”) a la que le agregó el calificativo de “desestabilizador” para cargárselo a su antiguo socio Eduardo Duhalde, al ex-Presidente Carlos Menem y al electro comisario Luis Abelardo Patti.
La inmediata asociación entre una y otra denuncia, provocó diferentes reacciones entre los aludidos: mientras el terceto trató de minimizar la catilinaria presidencial, Hermes Binner y el Frente Progresista, en cambio recogieron el guante aclarando lo que aparece como obvio -que la “oposición se opone” y si es democrática lo hace en el Congreso, tal como “denunció” la señora- para pasar luego a la ofensiva y recordar que “la Corte Suprema en Santa Fe fue elegida con el mismo sistema que lo hizo el menemismo”, “que el Presidente del máximo tribunal es primo de Reutemann”, que “fue Reutemann quien hizo la pésima privatización de aguas” y otras imputaciones que hasta ese momento no se habían formulado. Para colmo, horas antes del acto, que coincidió con la huelga y movilización de los docentes santafesinos, el gobierno había lanzado una frase tan impensada como la “denuncia” de Cristina: “si quieren que haya aumento para los docentes tiene que haber aumento en los impuestos”, dijeron en la Casa Gris. ¿Quiénes son los desestabilizadores?
El presidente también
Además de conceptualmente equivocada, la primera entrega de la denuncia del matrimonio K -la que hizo Cristina contra los partidos que se “oponen en el congreso”-, resulta inexplicable para una provincia que desde hace casi un cuarto de siglo la gobierna el PJ con mayoría en ambas Cámaras. Bastaría repasar los diarios durante el primer gobierno de Jorge Obeid para encontrar a los “desestabilizadores” que no son otros que sus propios compañeros reutemenemistas. En los dos gobiernos de Reutemann, y en esta segunda gestión de Obeid, si hay algo que no pueden levantar como bandera es la lucha contra el obstruccionismo de la oposición. Más aún, si hubo “pacto” en Santa Fe fue entre Reutemann y Horacio Usandizaga y se refleja con nombres y apellidos en la Corte Suprema, el Ente Regulador del Agua (Enress) donde está el desvergonzado Usandizaga, y otros cargos de menor relevancia pero que gravan las arcas provinciales. La oposición, en los ’90 prácticamente no existió, salvo algunas pocas y honrosas excepciones. Pasado el cuarto de hora del Vasco, los pocos legisladores no peronistas no lograron salir del anonimato, y recién en los últimos años, tras la caída del menemismo -y con los estragos a la vista- comenzaron a levantar el perfil, pero nunca llegaron a comprometer ni mucho menos complicar la gestión del gobierno.
La segunda entrega de la denuncia -que hizo Kirchner en Buenos Aires- no tuvo mayor consistencia, aunque sí repercusión. No sólo porque fue el Presidente, sino porque dió nombres. Y los nombres son tan espantosos -sobre todo en estos tiempos, los de Menem y Patti- que rápidamente se dejó de lado el prólogo de la Senadora. “Ella dijo que hay varios pactos, pero no los puso en la misma canasta” dijo a Rosario/12 un dirigente nacional del PJ que trató de justificar el tiro al bulto de Cristina. En parte es cierto, pero no pasaron muchos segundos entre esa “denuncia” y la alusión a “existencia de bombas molotov” en la “Argentina profunda”, como dijo Mario Wainfeld “una frase no especialmente feliz, pues aúna dos tópicos de derecha”.
Más allá de la euforia de una noche de invierno, tanto Agustín Rossi, como Jorge Obeid -no tanto Reutemann que ve “campañas” en su contra todo el tiempo y por todos lados- saben muy bien que la política en Santa Fe no reviste los niveles de violencia que se advierte en la provincia de Buenos Aires. Si fuera en confesión religiosa, tanto uno como el otro le dirían al sacerdote que “no creen que esté bien que Kirchner le haga a Duhalde lo que le está haciendo”. Más aún, ni siquiera querrían que hubiera disputa. En el caso del Lole, sentado al lado del Presidente, su cara lo decía todo, más adusta todavía que la del otro corredor devenido en político; Daniel Scioli.
La campaña recién se inicia, y sería una pena que la interna de la provincia de Buenos Aires -con la que está obsesionado el Presidente- salpicara con sus excrecencias a la civilizada etapa preelectoral que se viene desarrollando en Santa Fe. En muy buena medida depende de los protagonistas, entre ellos los que el miércoles pasado premiaron con un aplauso la peligrosa diatriba de la primera dama.
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