España: Sánchez rechazó un pacto con Rajoy y se postuló para un gobierno “de cambio”
Un acuerdo de gobernabiidad entre el PP y el PSOE quedó descartado tras la reunión entre sus dos líderes, que no se rinden pese a estar debilitados.
Coincidieron sólo en la estética: traje oscuro, camisa blanca, corbata roja. Después de saludarse en los jardines de la Moncloa, el presidente de España, Mariano Rajoy, y su rival socialista, Pedro Sánchez, clausuraron toda expectativa de un pacto de gobernabilidad para superar el caos que dejaron las elecciones del domingo.
Sánchez sacudió el tablero. No sólo rechazó de cuajo apoyar la investidura de Rajoy, sino que anunció su voluntad de formar un gobierno “de cambio, progresista” si los conservadores fracasan en su intento de articular una mayoría. Esa jugada coloca a España en una carrera incierta y sin precedente entre dos líderes debilitados en busca de apoyos parlamentarios para atrapar el poder.
El veto del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) impediría la reelección de Rajoy, que ganó los comicios con un magro 28,9%. Pero Sánchez necesitaría una combinación de acuerdos de difícil concreción que lo obligaría a negociar con los indignados de Podemos.
La alternativa de un giro hacia la izquierda que incluya al movimiento radical que lidera Pablo Iglesias alarma al mundo empresarial y a la Comisión Europea. Temen que se imponga en la cuarta economía del euro un programa contrario a las políticas de austeridad.
Rajoy, desesperado por evitarlo, citó ayer en su despacho a Sánchez para abrir negociaciones de cara a un “pacto de estabilidad para evitar la parálisis de España”. Es decir, pedirle que lo deje gobernar.
No tuvo tiempo de ofrecer nada. “Le he dicho que el PSOE no va a apoyar su continuidad ni la del PP porque los ciudadanos han votado cambio”, relató Sánchez, segundo en las elecciones, con el 22%.
Fue su primera aparición pública en la semana. Pese a haber liderado a su partido al peor desempeño desde la restauración democrática, los resultados le dieron un enorme margen de maniobra. Puede convalidar al próximo presidente o probar suerte él.
“La primera fuerza política tiene la responsabilidad de intentar formar gobierno y pasada esa etapa cumpliremos el mandato de los ciudadanos para que haya un gobierno de cambio”, dijo Sánchez.
Su estrategia quedó clara. Dejará que Rajoy fracase en la sesión de investidura, prevista para febrero. Y mientras tanto negociará en segundo plano un posible pero a todas luces improbable pacto con otras fuerzas parlamentarias.
Antes de que entrara en la Moncloa, Iglesias lo había toreado con una dura columna en el Huffington Post titulada “A Pedro no lo dejan”, en la que decía que el socialismo traicionaría a sus votantes si apoyara otro turno del PP. Acusaba a Sánchez de estar presionado por el establishment económico y por los pesos pesados del PSOE, como Felipe González, y lo invitaba a dialogar sobre un pacto progresista.
Podemos salió tercero, con el 20,6%, un punto y medio detrás del socialismo. La suma de las bancas de estos dos partidos no alcanza para designar un presidente. Requeriría incluir a los separatistas catalanes.
Los liberales de Ciudadanos se niegan a participar de negociaciones con Podemos, porque los acusan de querer romper España con su propuesta de avalar un referéndum en Cataluña para preguntar sobre la independencia.
Su líder, Albert Rivera, en línea con los deseos de Rajoy, invitó al PSOE y al PP a un pacto a tres para defender “la estabilidad, la unidad de España y la regeneración política”.
El conflicto catalán es el gran obstáculo de las negociaciones. Sobre todo porque el líder separatista Artur Mas está cerca de conseguir su demorada ratificación como presidente. Si eso ocurre, promete reanudar el proceso hacia la independencia, justo en momentos en que España navega en el desgobierno.
En el PP creen que si esa rebelión creciera Sánchez podría verse obligado a ceder para que se forme un Ejecutivo estable. “No fue el mejor comienzo, pero queda mucho. Asistimos sólo al primer contacto”, evaluó ayer Fernando Martínez-Maillo, el dirigente conservador que habló en nombre de Rajoy.
Sánchez juró que su postura es inamovible. Y dijo que no pactará ninguna medida que ponga en riesgo la integridad territorial del país. Le advirtió a Iglesias, sin nombrarlo, que no acepta condicionamientos: “A los que ponen líneas rojas les digo que tenderé puentes para el diálogo”.
Si bien rechazó el acuerdo a tres que ofreció Rivera, cuenta también con Ciudadanos para su ecuación. Cree que si Rajoy se estrella, Rivera puede verse tentado a permitir un gobierno socialista antes que arriesgarse a unas nuevas elecciones, en las que podría ser barrido por el PP.
El líder socialista le advirtió a Rajoy que peleará porque su partido se quede con la presidencia del Congreso, un puesto clave para el manejo de la transición hacia el próximo gobierno. Nadie tiene votos asegurados.
La cita entre Rajoy y Sánchez duró menos de 40 minutos y fue gélida. El diálogo entre ellos estaba roto después del debate televisado de hace 10 días en el que se cruzaron agrias acusaciones personales.
Sánchez debe convencer ahora a los barones regionales del PSOE, que recelan de su intento de gobernar con la muleta de Podemos. La figura de más peso es la presidenta de Andalucía, Susana Díaz, a quien se le atribuyen intenciones de desbancarlo. “Ella es una persona de partido y sabe quién es el que toma las decisiones”, respondió ayer Sánchez, en un mensaje que evidenció hasta qué punto los propios integran la larga lista de amenazas que le toca enfrentar.
El dirigente socialista planta bandera
“El PSOE no va a apoyar su continuidad ni la del PP porque los ciudadanos han votado cambio”
“Respetemos los procedimientos de la democracia, y ahora es el tiempo del partido que ganó las elecciones”
“Pasada esa etapa, cumpliremos el mandato de los ciudadanos para que haya un gobierno de cambio”
“No vamos a aceptar esa hipótesis [repetir las elecciones generales”, es la última de las opciones”
Fuente: La Nación
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