ESPECTACULAR FESTEJO POR LOS 50 AÑOS DE DISNEYLANDIA
El Castillo de Cenicienta fue cubierto de hilos de oro, el cielo se llenó de colores y el ratón más famoso del mundo saludó a los chicos “de todas las edades” desde su cómoda inmortalidad. Como en el final feliz de un cuento feliz, el mundo Disney empezó a festejar ayer los 50 años de Disneylandia, el primer parque de atracciones de la saga, que se convirtió en un símbolo del imperio del entretenimiento.
La ceremonia se hizo al mismo tiempo en California, donde está Disneylandia, en Orlando (Disneyworld), París y Japón, los cuatro puntos del planeta donde “viven” Mickey y sus amigos. Para fin de año, esperan abrir un parque en Hong Kong.
Con fuegos artificiales a toda hora, desfiles de muñecos y juegos cada día más sofisticados, el mundo Disney celebra el nacimiento de una de sus más valiosas criaturas. A partir de Disneylandia, los parques temáticos se convirtieron en una de las principales fuentes de ingreso de la compañía y revolucionaron, al menos en Estados Unidos, el concepto sobre cómo pasar las vacaciones en familia.
La idea de un parque de diversiones donde el turista pueda quedarse a dormir y pasar una semana de vacaciones es hoy vista con naturalidad en buena parte del planeta. Pero no lo era el 17 de julio de 1955, cuando Disneylandia abrió sus puertas. Fue el capricho de un visionario, Walt Disney, quien hasta entonces se dedicaba al cine y la televisión. Disney ya había inventado a Mickey, en 1927, y en 1935 había ganado 8 premios Oscar con una película que, para muchos, no era una película: “Blancanieves y los siete enanitos”, un largometraje de dibujos animados.
Aunque Disneylandia es la cumpleañera, los principales acontecimientos del festejo se están desarrollando en Disneyworld, Orlando, donde funcionan 6 de los 11 parques temáticos Disney. Mas de mil periodistas de todo el mundo —entre ellos Clarín— fueron invitados a la celebración, que incluye un paseo virtual en ala delta por los cielos de California o al sorprendente Dino, un dinosaurio robot que camina, habla y firma autógrafos por la calle. Los festejos durarán 18 meses. ¿Por qué tanto? Porque así lo decidieron.
El precio de pasar una semana en cualquiera de los parques Disney es para los argentinos un sueño algo lejano desde la devaluación. Pero este impresionante negocio del entretenimiento puede prescindir de algunas latitudes: en el 2004, toda la compañía Disney —que también produce cine y televisión— facturó 30 mil millones de dólares. Es decir que, en unos cinco años, Mickey y sus amigos podrían pagar la deuda pública argentina.
La magnitud del negocio no es, claro, suficiente para comprender el fenómeno de los parques Disney. Los chicos corretean aquí detrás de los muñecos de Mickey —que se deja ver muy poco—, del Pato Donald o también de los monstruos de “Monster Inc.”, menos “perfectos” pero más humanos. Los dibujos clásicos, con sus bellas formas y sus valores políticamente correctos, alternan hoy con extraterrestres como Stitch, que te soplan al oído su aliento a papa frita. Reflejo de un mundo que cambia, que pierde su inocencia, y que no deja de ser fascinante.
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