ESPERANZA POR UNA EDUCACIÓN MEJOR
Hace unas semanas que quiero compartir la alegría y el entusiasmo que siento por el canje de parte de la deuda con España por presupuesto para nuestra educación. Es de las grandes emociones en este tiempo. Cuando supe, meses atrás, de esta iniciativa del ministro Filmus, le escribí al presidente Rodríguez Zapatero y quiero ahora, como entonces, felicitarlo profundamente porque estas decisiones sitúan a la política en un horizonte más humano; la acercan a ese despertar de las conciencias en las que tengo puesta mi mayor esperanza.
La educación, lo más impalpable quizá, es sin embargo la raíz que nos vincula con la sabiduría de los antepasados y con las experiencias y conocimientos de los demás hombres, es la savia que nos nutre y la que nos permite crecer y dar frutos.
Sin educación nuestros chicos no tendrán los cauces a través de los cuales puedan expresarse, recibir de los demás y contribuir creativamente en la comunidad.
Me refiero a una educación que pueda alimentar a los chicos, a los jóvenes, con la sabiduría original y milenaria que ha tenido el ser humano en contacto con los símbolos y los valores; una educación que pueda impulsar en ellos una apertura, darles lugar al despliegue de sus posibilidades, aprendiendo a compartir con los demás los conocimientos y las oportunidades de este tiempo.
Por ello, en los últimos años, en los “fogones” de la Fundación que lleva mi nombre, hemos hecho hincapié en la educación y estamos acompañando el Plan de Lectura que lleva adelante el Ministerio de Educación de la Nación. En este sentido hemos participado en la entrega de libros en las canchas de fútbol, en las estaciones de ómnibus y en la formación de bibliotecas.
Daniel Filmus es quien está llevando adelante este anhelo, una tarea providencial en este momento decisivo. Con todo lo que pueda quiero apoyar su tarea educativa. Y así lo hemos hablado con Roa Bastos. ¡Tanto necesitan nuestros países de hombres quijotescos y entregados como él!
El número de chicos al que este proyecto está llegando, la cantidad de bibliotecas que se han abierto, y la extensión por todo el país que ha ido abarcando, me entusiasma, permitiéndome a estos años vislumbrar la recuperación de una gran educación para nuestra gente, y no sólo vislumbrarla, sino también, como ahora, sentirme parte de ella.
Es una gran responsabilidad que a todos nos cabe en la tarea educativa; para comenzar a echar los cimientos de un mundo más humano, para poder luchar por él, aunque no veamos el horizonte, debemos asumir esta responsabilidad como un absoluto.
Debemos urgentemente disponernos para una verdadera educación, en la casa, en la escuela, en la calle, a través de la televisión y de la radio. Una educación que sea el resultado de la síntesis de la razón, la poesía, la pasión y la búsqueda de la verdad.
Citaré a Simone Weil: “Echar raíces quizá sea la necesidad más importante e ignorada del alma humana. Es una de las más difíciles de definir. Un ser humano tiene una raíz en virtud de su participación real, activa y natural en la existencia de una colectividad que conserva vivos ciertos tesoros del pasado y ciertos presentimientos del futuro El verdadero valor de la cultura consistiría en preparar para la vida real, en dotar al ser humano para que el mismo pueda entretejer en este universo que es su herencia y con sus hermanos cuya condición es idéntica a la suya relaciones dignas de la grandeza humana”.
Quiero terminar estas líneas expresando mi profunda gratitud al pueblo de España.
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