ESTADOS UNIDOS RECORDARÁ LOS ATENTADOS CON DISCRECIÓN
Las ceremonias del segundo aniversario de los atentados del 11 de septiembre, más discretas y menos numerosas que en 2002, se prevén sin embargo igualmente sobrias en Estados Unidos, donde la opinión pública sigue traumatizada ante la posibilidad de nuevos ataques y muestra una creciente preocupación por la situación en Irak. El jueves por la mañana, la atención estará nuevamente puesta en Nueva York y, particularmente, en el World Trade Center, donde están previstas cuatro horas de conmemoraciones, jalonadas por minutos de silencio a la hora de los ataques y del derrumbamiento de las dos torres gemelas en 2001.
Los nombres de los desaparecidos serán leídos por niños relacionados con las víctimas, mientras que las familias descenderán al corazón de la Zona Cero para depositar flores. La ceremonia, que pretende ser “simple e intensa para permitirnos recordar mejor y meditar”, según el alcalde Michael Bloomberg, terminará con un doblar de campanas en honor a los muertos. Junto al alcalde y los gobernadores de Nueva York y Nueva Jersey, el vicepresidente Dick Cheney representará al presidente George W. Bush.
El jefe de Estado, que el año pasado se había desplazado a Nueva York, eligió este año quedarse en Washington. Participará allí en un oficio religioso antes de presidir una ceremonia en los jardines de la Casa Blanca. El secretario de Defensa Donald Rumsfeld estará en el Pentágono, y la secretaria del Interior, Gail Norton, en Shanksville, Pensilvania, donde se estrelló el cuarto avión secuestrado. George W. Bush, quien invita a sus compatriotas a encender velas y poner banderas a media asta, se reunirá también con soldados heridos en Irak y en Afganistán, señaló su portavoz.
El presidente, que gozaba de una elevada popularidad tras los atentados, enfrenta este año una población cada vez más escéptica respecto a la ocupación de Irak. En su discurso televisado a la nación el domingo, Bush intentó vincular la intervención militar en Irak con la lucha antiterrorista. “Irak es el frente principal” de la guerra contra el terrorismo, declaró, y prometió “hacer lo necesario y gastar lo necesario para ganar esta batalla esencial contra el terrorismo”.
Los estadounidenses no ocultan sus dudas. En un sondeo publicado el lunes por el periódico estadounidense The New York Times, el 68 por ciento de los neoyorquinos afirman estar “muy preocupados por la posibilidad de un nuevo atentado” un 6 por ciento más que en septiembre de 2002. A pesar de que la tragedia del 11 de septiembre ocupa menos tiempo de conversación, sigue estando presente en la mente de los estadounidenses. El 60 por ciento de las personas interrogadas en el sondeo cree que la ciudad seguirá marcada por aquellos acontecimientos durante “mucho tiempo”.
Lejos de la solemnidad y la espectacularidad del primer aniversario, la mayoría de las múltiples conmemoraciones serán discretas y locales, con misas, por ejemplo. El lunes en Nueva York se realizó el entierro simbólico Michael Ragusa, un bombero fallecido en el World Trade Center. Su féretro cubierto con la bandera estadounidense, y conteniendo una bolsa de sangre donada antes de su muerte, fue trasladado por un camión de bomberos.
El domingo, alrededor de 600 personas desplegaron cerca de la estatua de la Libertad centenares de banderas en homenaje a las víctimas, una iniciativa de un artista chino instalado en San Francisco. Los guardacostas, mientras tanto, programaron para el martes un ejercicio en el puerto, simulando un asalto a la estatua de la Libertad por un barco de terroristas, una ocasión para mostrar su “última arma anti-terrorista”, según su propia expresión, una unidad formada tras el 11 de septiembre e integrada por cuerpos de elite.
La Policía de la ciudad anunció para el jueves más patrullajes en “lugares sensibles”. Por la noche, finalmente, dos poderosos proyectores aclararán el cielo de Nueva York por una única noche, en el lugar donde se hallaban las torres gemelas.
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