ESTALLÓ UN DEPÓSITO DE COMBUSTIBLE EN GRAN BRETAÑA
Una serie de explosiones en uno de los mayores depósitos de combustible de Gran Bretaña estremeció los suburbios de Londres ayer por la madrugada y dejó 43 heridos y por lo menos 2000 evacuados.
El incendio, el mayor registrado en Europa en tiempos de paz, provocó una densa humareda negra que se extendió sobre la capital británica y los alrededores.
Cuatro poderosos estallidos, registrados entre las 6 y las 6.30 (hora local), que se pudieron oír a más de 50 kilómetros a la redonda, destrozaron el depósito de combustible de Buncefield -por su tamaño, quinto en importancia del Reino Unido-, a 40 kilómetros de Londres, e hicieron añicos las ventanas de varias viviendas cercanas, antes de que las autoridades decidieran la evacuación de 2000 residentes de la zona.
Desde un primer momento se temió la posibilidad de un ataque terrorista. Precisamente, la red Al-Qaeda -que el 7 de julio atacó el sistema de transportes de Londres- ha amenazado en reiteradas oportunidades con atentar contra grandes depósitos de combustible. También, porque varios testigos aseguraron haber oído, justo antes de las explosiones, el sobrevuelo de un avión a muy baja altura.
Sin embargo, a media mañana, el comisario Frank Whiteley, jefe de la policía de Hertfordshire, descartó cualquier intencionalidad en el incidente: “Hasta el momento, todos los indicios convergen en la hipótesis del accidente”, dijo. Para el funcionario, además, fue “milagroso” el hecho de que no se hubieran registrado víctimas mortales.
El depósito siniestrado es propiedad de las compañías Total y Texaco, pero se encuentra en un complejo industrial en el que también operan Shell, BP y la British Pipeline Agency. Habitualmente, en las instalaciones se almacenan unas 150.000 toneladas de diversos carburantes y derivados, a la espera de ser distribuidos, principalmente, en los aeropuertos de la zona (los depósitos se encuentran a sólo 15 kilómetros de la estación aérea de Luton). Diariamente, unos 400 camiones cisterna llenan sus tanques allí.
Londres, ennegrecida
El estruendo, acompañado, según testigos, de enormes bolas de fuego lanzadas a gran altura desde el depósito, dio paso horas más tarde a colosales columnas de humo negro.
Mientras los bomberos luchaban contra el fuego -el “incendio más grande jamás visto”, según un vocero de la institución-, miles de turistas que estaban disfrutando del domingo en la capital británica observaron con estupor las gigantescas columnas de humo negro que, lentamente, ocultaban el sol. Anoche, al cierre de esta edición, los bomberos seguían trabajando y afirmaron haber “controlado” el incendio, aunque no sofocado del todo.
Muchos londinenses se lanzaron en masa hacia las estaciones de servicio para abastecerse de combustible, ante el temor generalizado de que escaseara en las próximas horas; hubo caos de tránsito en varios puntos de la ciudad.
Los rumores, sin embargo, fueron desmentidos luego por las autoridades, que negaron que el incidente pueda provocar falta de hidrocarburos.
Otro de los temores que sembraron pánico entre la población tiene que ver con el nivel de toxicidad del humo, resultante de las explosiones. Sobre este punto, la policía advirtió que, si bien la peligrosidad es baja, están en riesgo aquellas personas que padecen problemas respiratorios, como los asmáticos.
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