Estamos invitados…
Cuando la abuela Maggie –Naim, en galés- amasaba y amasaba pensando en la Gales que no pudo ser, en la Argentina que se estaba haciendo, jamás soñó que cuatro generaciones después, manos de su sangre seguirían gestando la célebre Torta Galesa, manjar que, pese a su nombre, fue concebido en nuestro país, por estos pioneros que se esparcieron por el Chubut.
La Torta Galesa es hija de la necesidad. Se colocaban en ella todos los ingredientes que diera la tierra y se tenían en cuenta las vicisitudes de la ocasión: no había heladera, de modo que tenía que ser duradera; no había transporte, de modo que si había que ir de visita a alguna parte el viaje demoraba demasiado y la torta tenía que resistir. Y había que acompañarla con el te, porque por algo la hacían los galeses.
Hoy en Trevelin se cocina la Torta Negra, se la sirve a la hora del te –también galés- que es en hebras y no es saquitos, y se la acompaña de otros bocaditos y tartas que, juntos, conforman una tradición argentino-galesa que atrae a cientos de turistas a compartir este ritual que ya suma años. Y a propósito de esto, en Naim Maggie, por la casa de la abuela donde sus bisnietos siguen cocinando, pasar es una obligación.
La ceremonia no sabe de temporada turística ni de horarios. Cualquier día, cualquier momento del mismo es bueno para apurar un te galés con torta negra. Claro que uno deberá ir aprontado como quien va a un banquete. Scons salados, queso,$tarta de manzana, pan untado en manteca, torta de coco con dulce de leche y la estrella de la zona, la popular torta, se sirven con escenografía apropiada y ambientación tradicional.
En Naim Maggie, además, nadie piensa esto como un negocio. La memoria de la abuela es más fuerte y, para muestra, basta con contar que una importante cadena de supermercados de Buenos Aires quiso contratar al cocinero para producir en serio. La negativa tiene que ver con una identidad y una dignidad que permanecen incólumes, aún en estos tiempos de tentaciones.
Y a propósito de ellas, cualquiera que pase se ve seducido por la posibilidad de degustar tortas y termina dentro del salón como atraído por un sabor irresistible. Sin embargo, probar está permitido, hacerlo incluso utilizando el pecado de la gula también, pero bajo ningún punto de vista los nietos de Naim están dispuestos a revelar la receta. Es una injusticia, pero se comprende.
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