"ESTO NO FUE UNA VENGANZA, FUE UNA LIMPIEZA"
“No hay grupos de rosarinos o santafesinos. No hay bandas, no hay vendettas, no estamos entre camorristas italianos. Esto fue una limpieza”. Vehemente y tranquilo, Ricardo expuso su teoría sobre la masacre y sus causas. De sus 45 años, pasó más de cuatro dentro del penal hace dos décadas. Y hace dos años y medio que va todos los domingos a ver a su hijo de 21, que está preso en el pabellón 4. “Nunca creí que iba a tener que volver a Coronda por mi hijo. Pero sé que va a cambiar. Allá adentro ves lo que sufre tu familia, el peligro que corre tu vida. A mí no me gustó y no volví a a caer. Espero que él aprenda”, confesó sobre su pibe que, cosas del destino, fue concebido durante una visita íntima tras las paredes que ahora habita.
Conocedor de la vida intramuros de Coronda, distingue cómo cambiaron la vida y los códigos del penal a la par de las modificaciones en la calle. “Antes no se mataba, salvo que peligrara la propia vida. Pero hoy los pibes tienen muchos berretines y hacen cualquier cosa por conseguirlos”, explica, para desgranar los negocios entre algunos guardias y algunos presos. A su juicio, ahí hay que buscar las razones de la matanza. “No hubo venganza por violación, no hay ninguna banda de la gorra. Esto fue una limpieza”, repetía el hombre.
Entonces también desmiente que la droga es ingresada por las visitas. “Intente pasar con droga, a ver si puede”, desafía a un cronista, para asegurar que “la pasan los guardias”. Dice que los muertos del pabellón 11 le robaban la droga a los traficantes y que a partir de eso “se les arruinaba el negocio”, en referencia a un supuesto comercio entre guardias corruptos y reclusos basado en el intercambio de drogas y especies de valor, como zapatillas caras y ropa que se venden afuera. Así, alcohol, pastillas, marihuana (“cocaína muy poco, sólo toman los traficantes”) se podrían conseguir como en una feria americana. Y en ese juego de oferta y demanda, también cuentan los trabajos sucios que hacen a las relaciones de poder basadas en el terror.
“Estos pibes (por los muertos) molestaban a los guardias y a los traficantes. Y decidieron sacárselos de encima. Averigüen si no, muchos habían interpuesto recursos (hábeas corpus) para que los mandaran a otro lado, pero no hay lugar en ningún lado”.
El razonamiento de Ricardo está basado en cosas que para él son obvias. “Ellos (los presos) no dicen nada de esto, pero uno sabe lo que pasa. Hay muchos indicios de que esto fue una limpieza”, afirma, y agrega que ni él ni su hijo tienen miedo. “El que está en la cárcel puede estar tenso o nervioso, pero miedo no. Pero esto es una bomba de tiempo que fue prendida por el poder político y puede estallar en cualquier momento”.
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