ESTUDIAN SANCIONES PARA EL CURA QUE CONTÓ SUS AMORES EN UN LIBRO
La Iglesia analiza la posibilidad de sancionar al sacerdote cordobés José “Quito” Mariani, quien en un libro autobiográfico se declaró a favor del celibato optativo y confesó dos relaciones amorosas con mujeres y un frustrado contacto homosexual durante el ejercicio de su ministerio sacerdotal. Los dichos de Mariani suscitaron ayer una controversia en los medios eclesiásticos, ya que mientras algunos religiosos la criticaron duramente, otros elogiaron su valentía y hasta consideraron que abre un oportuno debate en el país sobre el celibato sacerdotal.
El arzobispo de Córdoba, monseñor Carlos Ñañez —de quien depende Mariani— objetó con severidad al sacerdote: “Desapruebo las manifestaciones realizadas por el padre y me duele profundamente la confusión y perplejidad que ha generado en muchas personas”, dice en un comunicado. Agrega en el texto que “quedará en manos de la instancia eclesial correspondiente el análisis y la valoración más detenida (del episodio), sin excluir los pasos administrativos y/o judiciales que sean necesarios”.
Mariani, párroco de la iglesia Nuestra Señora del Valle, ubicada en un barrio cordobés de clase media-alta, presentó el libro como “un grito de transparencia” para “romper el silencio de ocultamientos e hipocresías”.
Sus dichos contra el celibato obligatorio provocaron el encendido apoyo de otro cura cordobés, el padre José Amado Aguirre, quien dijo que los sacerdotes deberían poder “formar una familia”. Lamentó que la Iglesia “haya perdido 200 mil sacerdotes” porque éstos decidieron casarse y que los curas estén sospechados de sus hábitos sexuales por carecer de una esposa.
Otro párroco de Córdoba, el padre Nicolás Alessio, se mostró más moderado, pero comprensivo hacia la actitud de Mariani: “Su actitud fue muy valiente y sincera y no merece ser tergiversada con el acostumbrado exceso de opinión”. En tanto, el delegado de la Pastoral Social del Arzobispado de Córdoba, padre Horacio Saravia, consideró “oportuno debatir la pertinencia” del celibato obligatorio.
En cambio, el vicario judicial del Arzobispado cordobés, padre Nelson Della Ferrera, dijo que “revelar intimidades es una muestra de inmadurez”. Y el vocero del Arzobispado de Buenos Aires, presbítero Guillermo Marcó, opinó con acidez que “habría sido mejor que (Mariani) se hubiera hecho conocido por sus obras y no por su vida sexual”.
El celibato sacerdotal no es un dogma de fe, sino una regla de disciplina que un Pontífice puede modificar. De hecho, personas casadas de la Iglesia católica, pero de ritos orientales, pueden acceder al sacerdocio. Hay casos, incluso, de religiosos casados de otros cultos cristianos —anglicanos, por caso— que se pasaron al catolicismo y fueron aceptados como sacerdotes.
Como exigencia ineludible, fue establecido en 1139 por el II Concilio de Letrán. Hasta entonces los sacerdotes tenían prohibido casarse, pero algunos igual lo hacían. El Concilio dice que directamente el matrimonio de los sacerdotes es inválido. “Si antes estaba prohibido, esta norma lo hace imposible”, dijo el padre Ignacio Perez del Viso, historiador.
El argumento central de la Iglesia para exigirlo es la “total entrega a Dios” que demanda el sacerdocio. Sin embargo, los teólogos conservadores creen que el camino hacia la exigencia total del celibato “fue una evolución teológica” de la Iglesia.
Además de cuestiones afectivas y psicológicas que argumentan los defensores del celibato optativo, señalan que ayudaría a contrarrestar la escasez de sacerdotes. Los dichos de Mariani reavivan en la Iglesia una polémica que aparece cada tanto. ¿Modificará o no su postura el Vaticano? ¿Se marcha hacia la eliminación del celibato o hacia su confirmación? La historia dirá.
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