ESTUDIAN SUBIR AL 25% RETENCIONES A LA CARNE Y PONER CUPOS DE EXPORTACIÓN
Anoche, el presidente Néstor Kirchner le pidió nuevamente al sector cárnico que bajen los precios de la carne y dijo esperar de ellos “un gesto que los ennoblezca”, tras el rechazo de un grupo de entidades del sector agropecuario de rubricar el acuerdo para congelar los valores al mes de octubre pasado. Sin embargo, mientras el primer mandatario públicamente reclamó este gesto a los ganaderos, por otro lado, el equipo de técnicos que comandan las negociaciones ya tienen redactada la resolución para un incremento de las retenciones al 25 por ciento si los valores en el mercado interno se disparan.
Según una alta fuente que participa de las negociaciones a la que tuvo acceso La Capital, el Ministerio de Economía ya tiene escrita la resolución que establece un incremento de 10 puntos porcentuales el gravamen a las exportaciones de carne que las llevaría al 25 por ciento.
Por otra parte, fuentes de la cartera que conduce Felisa Miceli, aseguraron anoche que “el gobierno tiene la responsabilidad de que el mercado interno esté abastecido a precios accesibles” y precisaron que “los productores ganaderos tienen que comprometerse con la sociedad, no con el gobierno”. Si no lo hacen “se analiza poner retenciones móviles sobre los precios de Liniers o cupos al a exportación”, agregaron desde Hacienda.
Aunque la resolución que prevé estas medidas no está firmada, deja sentada la posición del gobierno de no torcer el brazo ante la resistencia de algunas entidades como Sociedad Rural Argentina (SRA) o Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) y sus grupos de base, de sumarse al acuerdo de precios pactado esta semana con otro grupo conformado por Federación Agraria Argentina (FAA), Coninagro y algunas cámaras de frigoríficos.
Inspectores a Liniers
Por otra parte, la fuente consultada por este diario aseguró que la ministra Miceli ya tiene decidido acciones de contralor en el Mercado de Liniers, a través de grupos de inspectores que fiscalizarán el ingreso de hacienda y verificarán la “transparencia” en ese recinto, donde se fijan los valores de referencia del ganado en pie.
Ayer el mercado no acusaba recibo. En Liniers los precios subieron entre tres y ocho centavos por kilo vivo para la mayoría de las categorías en el escenario de una escasa oferta, que según aseguraron los operadores no fue producto de la especulación sino por cuestiones climáticas que impedirán -al menos en las próximas semanas- un ingreso abultado al mercado concentrador.
Aún así, las señales que dio el gobierno dan cuenta de que no piensa ceder un ápice en su política de contener la inflación y aseguran que utilizará todas las herramientas disponibles para lograrlo.
Por caso, ayer el ministro del Interior, Aníbal Fernández, dio un condimento más al tema: “El gobierno no hace acuerdos de toma y daca”, dijo y advirtió que si resulta imposible resolverlo a través de “una charla política” hay “herramientas para aplicar”.
“No puede ser que los que menos tienen vean resentidos sus ingresos”, dijo Fernández y aseguró que la rebaja de un punto de las retenciones solicitada por los productores “se debe discutir en otro ámbito”.
Por otra parte reveló que la ministra Miceli les ofreció a los ganaderos “empezar a discutir en febrero” la posibilidad de disminuirlas pero, según dijo, “no se lo entendió”.
La piedra de la discordia
Justamente el tema de las retenciones y su reducción al 5%, el nivel que tenían el año pasado, fue el tema por el cual se quebró el consenso en la reunión que la mesa de carnes mantuvo el lunes con Miceli.
Cuando ya estaba acordado el congelamiento de los precios y las entidades habían estampado su rúbrica, Miceli aseguró que el mes próximo el gobierno implementaría la rebaja, tras conocer primero la evolución del acuerdo. Ante esta situación, los dirigentes de SRA y CRA se levantaron de la mesa de diálogo y pidieron que se les tache su firma del acuerdo.
Para el titular de FAA, Eduardo Buzzi, fue una decisión errada por parte de sus pares. “Desde la entidad federada estamos cada vez más convencidos de haber firmado el convenio porque por fin se está discutiendo una política con las bases ganaderas, que a nuestro criterio debe partir de la fijación de un precio mínimo sostén para los novillos”, dijo el dirigente.
A su juicio, “a muchos sectores no le gustan que se intervenga en la economía, pero creemos que además de lo sectorial hay que pensar en el interés general, ya que hay quince millones de pobres en la Argentina”, dijo Buzzi.
Sin embargo, para la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap) entidad adherida a CRA, “estos acuerdos inconduscentes producen pan para hoy y hambre para mañana”, dijeron los ruralistas quienes arremetieron contra las entidades firmantes que a su juicio “son poco representativas de la ganadería nacional y condicionadas desde el gobierno”.
En ese tono, el debate entre los sectores de la carne -que quedó fracturado por este tema- fue subiendo los decibeles.
Así, el titular de la Asociación de Productores de Carne Bovina Argentina (Aprocaboa), Angel Girardi, señaló responsabilizó al gobierno por “implementar una política de divide y reinarás que confunde a la gente”.
De este modo, “se desperdicia una oportunidad histórica para la ganadería argentina por el populismo barato”, dijo Girardi, quien convocó.
El diagnóstico del vicepresidente de la Sociedad Rural de Rosario, Jorge Ugolini, fue mucho más crudo. “La dramática y a mi criterio nefasta decisión del gobierno de imprimir a las carnes un fuerte sesgo antiexportador, trasuntado en las retenciones y la eliminación de los reintegros a las exportaciones, no hacen otra cosa que aumentar la dosis de más de lo mismo para conseguir la continuidad del fracaso para una ganadería que ya cumple 40 años en el estancamiento”, dijo el dirigente.
Para Ugolini, “impedidas las exportaciones, el stock ganadero continuará disminuyendo -en 1970 había 10 millones de cabezas más que hoy- sin incentivos al engorde se producirán novillos ultralivianos demandados por el mercado doméstico, a la vez que el crecimiento de la población y el consumo per cápita colisionará con una ganadería en retroceso”.
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