ESTUDIO ABRE INTERROGANTES SOBRE LOS EFECTOS DE LA INUNDACIÓN Y LA SALUD
El 28 de abril de 2003, una vecina del barrio San Lorenzo (43 años, 6 hijos) fue al hospital Cullen para controlarse por sus problemas metabólicos, que le traían como consecuencia -entre otras manifestaciones físicas- ser obesa. Después de un tiempo, había logrado bajar más de 40 kilos, llegar a un control metabólico y tener una continuidad en su tratamiento.
Pero la catástrofe hídrica que ocurrió en nuestra ciudad un día después la marcó fuertemente. El estrés postraumático que le significó vivir aquellos días fuera de su casa, en centros de evacuados, con las pocas o nulas pertenencias que le habían quedado repercutieron en su salud y calidad de vida.
Lamentablemente, su enfermedad vascular cambió ante esa circunstancia y le costó casi un año volver a encauzarla. A esto se sumó una depresión, motivo por el cual tuvo que ser asistida con psicoterapia, a través del grupo de psicólogos del Ente que trabaja en los centros de salud.
Una investigación encarada por la Sociedad de Medicina Interna de Santa Fe -a partir de las estadísticas del Servicio de Clínica Médica del Hospital Cullen (Sección Hospital de Día, Consultorio de Hipertensión y Factores de Riesgo)- concluyó que “la observación clínica de 500 pacientes con enfermedades vasculares (hipertensos, diabéticos, obesos, dislipémicos) puede predecir que alguna implicancia tuvo la inundación ocurrida en 2003”, aunque advirtió que “científicamente no podemos decir que tiene una directa relación con el estrés postraumático de esa catástrofe”.
Registro previo
El estudio se realizó a partir de una muestra de 500 pacientes en seguimiento por padecer esas enfermedades (de alto, mediano y bajo riesgo) que concurren a ese servicio, sobre un total de unos 5.000 que lo hacen desde 1988.
En 2003, cuando ocurrió la catástrofe hídrica como consecuencia del aumento en el nivel del río Salado, dicho servicio hospitalario contaba con un registro previo de un grupo poblacional, que luego estuvo afectado por la inundación. Por este motivo, se pudieron medir sus cambios clínicos posteriores a la catástrofe hídrica.
Se constató que los pacientes que estaban bien controlados por su enfermedad, aunque tenían un riesgo muy alto y estaban muy interesados en cumplir con su tratamiento, perdieron el interés por su control. Priorizaron otras cuestiones y su enfermedad vascular mostró la complicación que ocurre cuando uno no se controla.
Cabe recordar que los pacientes son de alto riesgo cuando tienen edad avanzada, altos niveles de colesterol y triglicéridos, han pasado un largo tiempo con su enfermedad, y tienen sobrepeso.
Esa complicación se tradujo en “eventos mayores” en los pacientes de alto riesgo, como infartos agudos de miocardio, accidentes vasculares, tanto cerebrales como periféricos. Dentro de este grupo de riesgo, algunos pacientes tuvieron esos eventos luego de que pudieron reconstruir sus viviendas y volver al domicilio.
En los pacientes de mediano riesgo el control fue más discontinuo y se comprobó que subieron su riesgo porque se volvieron más obesos, aumentó su colesterol y sus triglicéridos. Además, discontinuaron sus controles y aumentaron su riesgo. En tanto, los de bajo riesgo pasaron a tener mediano o alto riesgo.
Meses sin consultar
La mayoría de los pacientes que asistía a dicho servicio perdieron ese control frecuente, tanto los que estaban medicados como los que no recibían tratamiento farmacológico. Incluso, con la inundación perdieron un cuadernito de seguimiento que cada uno llevaba, adonde se anotaba su medicación y los controles que iban llevando.
Por este motivo, muchos dudaron en seguir concurriendo para controlar sus enfermedades y otros demoraron hasta 8 meses o más en hacerlo, motivo por el cual su salud se complicó más.
La investigación también detectó que 10 pacientes del grupo de alto riesgo que se había elegido para el trabajo no volvió a hacer su consulta en el Servicio de Clínica Médica del hospital Cullen. Incluso, se trató de buscarlos con una asistente social pero no se pudo dar con ellos. Se estima que pueden haberse mudado a otra ciudad, con familiares, aunque no se tiene la certeza de lo que ocurrió.
Volver a la consulta
Desde el Consultorio de Hipertensión y Factores de Riesgo del hospital Cullen se hizo hincapié en insistir a los pacientes que se vieron afectados por la catástrofe hídrica, que tienen algún tipo de enfermedad vascular y por alguna causa no siguieron controlándola, que deberían hacerlo en cuanto puedan.
Asimismo, sugirió al Ministerio de Salud que debería organizar grupos de trabajo de profesionales en enfermedad vascular, específicos en la atención primaria y no sólo secundaria, es decir, cuando ya tuvieron un evento y deben ser atendidos por ese motivo.
Opinó que deberían estar formados por un médico internista (clínico), un pediatra, un ginecólogo y un médico generalista. Ayudarían a disminuir la cantidad de pacientes que deben consultar en el hospital y beneficiaría a la población, ya que se podría atender en el centro de salud de su barrio. Además, explicó que el trabajo del profesional se optimizaría en relación a la respuesta del paciente.
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