ETA HABLA DE UN ACUERDO DE PAZ, PERO VOLVIÓ A ATACAR
Por segundo año consecutivo, la banda terrorista ETA se las ingenió para eclipsar el festejo de un nuevo aniversario de la Constitución española. Ocurrió ayer, con el estallido de cinco pequeñas bombas en otras tantas rutas de acceso a esta capital y una falsa alarma, que obligó a cerrar durante varias horas el aeropuerto de Santander, en la región cantábrica.
Pero lo extraño del caso es que la nueva irrupción del terrorismo separatista coincidió con la difusión de un comunicado en el que la organización se declara “aburrida” de las “peticiones de tregua” y reclama a los gobiernos de España y Francia que “den los primeros pasos” para la paz.
¿Cuáles serían los “primeros pasos?” Entre ellos figura, a la cabeza, la “autodeterminación” del País Vasco, integrado por las provincias españolas de Alava, Vizcaya y Guipúzcoa, y las francesas de Labourd, Baja Navarra y Soule.
El otro punto llamativo del texto que dio a conocer la banda terrorista es que, por primera vez, hace mención al proceso de paz en Irlanda, caracterizado, entre otras cosas, por un largo y silencioso diálogo que desembocó -hace poco- en el desarme del terrorismo irlandés.
A la luz de todo esto, son muchos los que en España empiezan a pensar que “algo está pasando” con ETA, aunque no está del todo claro qué.
Quienes piensan que algo puede cambiar apuntan a que, si bien la banda sigue atentando, lleva dos años largos sin provocar muertes, lapso en el que produjo comunicados como pocas veces en su larga historia.
Ayer, justamente, y antes de que empezara la cadena de ataques, el presidente José Luis Rodríguez Zapatero insistía en su confianza en que “pasen cosas importantes” con la banda en los próximos meses.
Si bien es cierto que Zapatero habló antes de la nueva irrupción terrorista, sus palabras parecieron más que acordes con la situación.
“Ha habido avances significativos” para el fin de ETA, dijo. Entre ellos señaló, precisamente, el que no haya habido atentados mortales en los dos últimos años.
No fue sólo el gesto presidencial. Veinticuatro horas antes, la vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega, había expresado “razonables esperanzas” de que la banda termine con la violencia.
Dudas enormes
Las dudas sobre el alcance de todo esto son, sin embargo, también enormes. A la cabeza de ellas figura el opositor Partido Popular (PP), convencido de que el gobierno socialista no hace si no “crear expectativas” de paz que “luego en los hechos no se confirman”.
El secretario de Seguridad de esa agrupación política, Ignacio Astarloa, reprochó, además, a la gestión del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) el “error de diluir la lucha antiterrorista” con los riesgos que, a su juicio, eso entraña para la sociedad.
Sobre ese fuego cruzado, y mientras la sociedad festejaba el 27° aniversario de su Constitución, la banda volvió a hacerse oír, tanto con la cadena de leves estallidos como con el comunicado.
Autoridades policiales están convencidas de que los estallidos fueron organizados por lo que se denomina un comando “legal”; es decir, integrado por personas que no tienen antecedentes penales y que llevan una vida normal dentro de la sociedad. Pero se abstuvo de explicar qué le hacía pensar eso.
El rosario de estallidos recordó los ocurridos hace doce meses, cuando otra cadena similar tampoco provocó graves daños ni víctimas, pero sí uno de los atascos de tránsito más fenomenales de la historia madrileña: varias rutas quedaron colapsadas durante horas, mientras la policía intentaba dar con los terroristas.
En cuanto al nuevo comunicado de ETA, lo significativo es que se suma a otro conocido hace apenas un par de semanas, en el que pedía “participación internacional” para iniciar una supuesta negociación de paz.
“La tregua o los pasos de una sola parte no traen la solución de fondo”, insistió ayer. Y acusó a los políticos de “hablar para la galería” con “aburridas peticiones de tregua” en vez de ponerse a trabajar a fondo.
Más allá de la curiosa “lección de democracia” por parte de una agrupación terrorista, la duda sobre eventuales cambios de fondo sigue latente.
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