ETA VOLVIÓ A GOLPEAR EN MADRID
Hace sólo cuatro meses pareció derrumbarse con la captura policial, en Francia, de su jefe máximo, el veterano Mikel Antza. Sin embargo, la banda terrorista ETA reapareció ayer con un impresionante atentado en esta ciudad.
Junto con el mensaje de terror, la banda estampó uno de osadía, al hacer estallar 30 kilos de explosivos en las proximidades del principal centro de convenciones de Madrid. Allí mismo eran esperados, horas después, los reyes Juan Carlos y Sofía, acompañados por el presidente de México, Vicente Fox, de visita en España.
La bomba estaba oculta dentro de un automóvil que los terroristas estacionaron en el lugar elegido sólo un par de horas antes de la explosión. Pese a la fuerte onda expansiva, no hubo víctimas fatales, pero sí 43 heridos y destrozos materiales enormes, entre ellos 18 vehículos dañados. La zona parecía devastada.
Ocurrió a las 9.30, hora local, en un barrio de los más nuevos de Madrid, llamado Parque de las Naciones y caracterizado por altos edificios de oficinas de diseño moderno, con enormes cristales en sus ventanas y mucho acero y cemento a la vista. Era, precisamente, la hora en que llegaban miles de empleados al lugar.
El poderoso estallido sumió a la ciudad -y al país- en el recuerdo de los atentados de marzo último, en que 192 personas murieron por el terror de signo islámico al estallar mochilas bomba en trenes suburbanos. Apenas ocurrido, un paisaje, olor y ruido penosamente conocidos volvieron a instalarse: la lluvia de vidrios, las personas que huían con la ropa ensangrentada, las sirenas, las carpas donde rápidamente se organizaron unidades de asistencia médica. Hacía tres años que el grupo terrorista no atacaba dentro de la ciudad, pero en diciembre último sí la sumió en el caos al colocar varias bombas de pequeña intensidad en sus principales accesos.
Como suele ser habitual, el atentado fue precedido por una llamada de advertencia al diario vasco Gara, pero esta vez la voz anónima no dejó en claro el escenario del ataque, por lo que se duplicaron los operativos para evacuar la zona. Aun así, hubo denuncias por el hecho de que no se dio orden de desalojo alguna en las torres de oficinas afectadas.
Una vez que los peritos terminaron su labor se iniciaron trabajos contra reloj para limpiar el grueso de los destrozos. Poco después, los reyes y Fox inauguraron allí mismo la Feria de Arte Contemporáneo (Arco), de modo de que no fuera el terror el que manejara la agenda.
El nuevo ataque se produce en un momento delicado para el futuro del País Vasco, cuyo reclamo de independencia sigue siendo utilizado por ETA para justificar su existencia. Hace dos semanas el Congreso nacional rechazó el llamado “plan Ibarretxe”, que, justamente, impulsa la secesión de España de esa rica zona. El debate de ese plan fue ocasión para que el discurso político repitiera que ETA estaba “en su peor momento, muy debilitada, en vías de extinción”. Diagnosticaron, también, que el programa rechazado rescataba y hacía propio el objetivo independentista que la banda, supuestamente en retirada, no había conseguido con años de asesinato y terror.
“Me parece absurdo intentar buscar una lógica a la acción del terrorismo”, dijo el ministro de Seguridad, José Antonio Alonso.
Sin embargo, la conjetura sobre la reaparición sumaba como elemento un supuesto reclamo de ETA al gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero para que se libere a los 700 terroristas presos en distintas cárceles, revelado ayer por el madrileño diario ABC en su primera página. Sorprendido por el atentado en Varsovia, el presidente se negó a valorar esa información.
“El futuro del País Vasco y de España en su conjunto se construirá pese a los terroristas. Sus bombas sólo conducen a la cárcel. Nosotros aplicaremos todos los instrumentos para conseguir el fin de la violencia”, dijo Zapatero, al condenar el atentado.
Varios analistas se preguntaban anoche si sus palabras, cuidadosamente elegidas, incluirían alguna alternativa política capaz de alterar el escenario sobre el que transcurre el llamado “conflicto vasco”.
Por lo pronto, ingredientes de ese conflicto reaparecieron ayer en el debate político. La enorme mayoría de los partidos políticos, incluida -claro está- la principal fuerza de oposición, que encarna el derechista Partido Popular (PP), condenó el atentado.
La única excepción a la condena fue el ilegalizado Batasuna, al que se considera -precisamente- la voz política de la banda terrorista.
“Eso de condenar atentados es del pasado, nosotros pensamos en el futuro”, dijo Joseba Permach, uno de sus líderes. La afirmación es paradójica si se tiene en cuenta que Batasuna aspira a participar en “elecciones democráticas” en el País Vasco.
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