Eugenia Suárez: “Ser madre es lo que mejor hago en el mundo”
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Dueña de una belleza deslumbrante, con la exitosa Abzurdah debutó en cine en un papel difícil con el que cosechó halagos y despejó prejuicios. Ahora se lanzó también como diseñadora, aunque lo que la apasiona es ser mamá de Rufina, tan rebelde, confiesa, como era ella.
La imagen parece salida de un comercial del Día de Madre: Eugenia Suárez, la China, maquillada con los ojos en sombra -esos glamorosos smoky eyes que inmortalizaron a Brigitte Bardot-, el pelo batido hacia atrás y un vestido moldeado en encajes y transparencias, bailando en el estudio al ritmo de una lista de pop hits que suena a todo volumen. Correteando por ahí, bailando también, compartiendo coreografías y saltando enloquecida está Rufina, su hija de dos años, que lleva zapatillas deportivas de it girl, un jeans achupinado, camiseta floreada y una colita en su pelo negro y enrulado, tan rebelde como ella. “Te amo, hija”, le dice la China a cada rato, y le estampa un beso. Rufina celebra, ríe a carcajadas, es feliz. Esa imagen, esa conexión, resulta tan única y genuina, tan fuerte e instintiva que atraviesa el glamour y la tensión que envuelve una producción de tapa y nos deja a todos abstraídos, embobados con tanto amor. Al momento de hacer las fotos Rufina se entretiene jugando con este periodista al que recién conoce, pero parece haberle caído bien, y mira de reojo, cada tanto y sin sorprenderse, cómo su mamá ejerce el papel de diva frente a las cámaras. La situación, para ellas dos, es tan normal como subirse solas a un avión rumbo a Miami, ir al supermercado o pasar una tarde en la nueva oficina taller que Eugenia -ahora al frente de una colección de ropa- tiene junto a la diseñadora Natalia Antolín.
¿Cómo fue que te pusiste a diseñar?
Todo empezó porque yo siempre le decía a Natalia: tengo una fiesta, tengo una gala, y me pasaba que, si me gustaba un vestido que le había visto a otra, no lo quería usar. Entonces le propuse a Nati que hiciéramos juntas lo que me quería poner, y con el tiempo eso se transformó en una marca de ropa. Yo quería hacer algo grande, bien hecho. No remeras de algodón. Por suerte a Nati le encantó la idea y armamos todo rapidísimo, en tres meses. Montamos una oficina para mí en su estudio y nos sentamos con la estilista de moda Ash Mateu, que es muy laburadora y apasionada por lo que hace, como me gusta a mí, y al día siguiente ya teníamos los primeros figurines y unos dibujos increíbles.
Muchas famosas están poniendo su nombre en marcas de ropa. ¿Te sentís una más?
A mí las cosas cómodas para ganar plata no me interesan. Cuando empecé con esto le dije a Nati que no quería poner mi nombre y decir: esto sí, esto no. Quería venir todos los días a la oficina y sentarme a laburar, que es lo que estoy haciendo en este momento. Me gusta hacer las cosas bien, si no no las hago.
¿Tenés pensado dedicarte al diseño en un ciento por ciento?
No, creo que es algo perfectamente compatible con mi trabajo. Siempre me interesé por la moda mientras trabajaba como actriz, siempre me metí en el vestuario, me sé peinar y maquillar sola, y todo eso es parte de mi trabajo, siento que soy mi propia empresa y abarco todo lo que pueda.
Al momento de hacer esta entrevista, la China llevaba menos de 24 horas en Buenos Aires. Venía de Nueva York, su lugar en el mundo, adonde viajó con la modelo Agustina Córdoba en plan de amigas solteras. Sin novios, sin hijos y sin agenda laboral, Eugenia y su amiga se dedicaron a recorrer tiendas vintage, absorber esa energía única de la Gran Manzana y buscar inspiración. Pero sobre todo caminaron, caminaron mucho todo el día aprovechando el anonimato, ese bien tan preciado que la China, con 23 años de vida y más de una década de exitosa carrera artística, desconoce por completo cuando está en la Argentina. “Yo me muero en Nueva York, soy feliz todo el día. La gente anda por la calle vestida como quiere, nadie te dice nada, nadie te mira. Me gusta ir porque recorro todas las tiendas vintage; a mí más que la moda actual me divierte lo vintage, me gusta Jane Birkin, Kate Moss, las actrices y modelos de antes.
Fue tu primer viaje de soltera después de haberte separado de David Bisbal. Y te fuiste con Agus Córdoba, que también se acababa de separar. ¿Salieron mucho?
No, salimos una sola vez. Soy medio abuela yo.
Allá ninguna de las dos es famosa.
Por suerte.
¿Cómo es la reacción de los hombres que no te reconocen? ¿Fuiste a un boliche, te encararon?
No, en Estados Unidos no me dan mucha bola. Agus tenía mucho más levante que yo. Además, soy medio antipática, no me gusta que se me acerque a hablar un tipo en un boliche. Y por eso debo ser medio caracúlica.
A Eugenia no le gustan mucho ni los bares ni los boliches, casi no toma alcohol y no tolera la idea de que un hombre se le acerque por ser famosa. En esos casos, que obviamente ocurren con mucha frecuencia, ella se bloquea, pone mala cara y huye despavorida. A sus novios, dice, los conoció trabajando, dando siempre ella la luz verde para habilitar el acceso a una posible cita. Nacho Viale, Nicolás Cabré y David Bisbal son sus tres amores más reconocidos. Siempre uno después de otro, casi sin tiempo de estar sola.
Será por eso que ahora los medios catalogan a la China como la soltera más codiciada, la más perseguida y exitosa, mientras las revistas del corazón especulan con un nuevo romance. Internacional, también. Famoso, también. Joven, rico y apuesto. Se trata del modelo brasileño Marlon Teixeira.
Este año, además, consiguió lo que muchas quieren: un rol protagónico en cine, en este caso el primero de su carrera, con Abzurdah, una película que fue un éxito en las taquillas y le valió halagos por su gran interpretación y la transformación física que logró para ponerse en la piel de una adolescente con trastornos alimentarios.
¿Esperabas el boom de Abzurdah?
La verdad que no. Sabía que la película estaba bien dirigida y eso me tenía entusiasmada. Nunca había hecho cine y no tenía idea de qué era lo que esperaban los productores, pero le fue tan bien que se me empezó a acercar gente grosa, tipo Guillermo Francella, a decirme que vio mi primera película y que le encantó. Eso, para mí, es lo mejor que te puede pasar.
¿La película cambió la percepción que muchos tenían de vos como actriz?
No sé, había mucho prejuicio de a ver qué va a hacer esta pibita. Mucha gente no ve compatible que te guste la moda y que seas una buena actriz de cine.
Y que seas muy linda.
Eso no, yo me considero normal. Siempre digo que para mí yo estoy muy sobrevaluada. Pero sí, como te decía, tal vez ahora se empiecen a derribar los prejuicios de que la gente que trabaja en televisión no puede hacer un buen trabajo también en cine. Para mí, un actor bien dirigido puede actuar en cualquier formato o escenario.
Tras el éxito de Abzurdah, el Incaa invitó a Eugenia a los Premios Platino en España como embajadora del cine argentino, evento que despertó todo tipo de comentarios. “Iban Francella, Grandinetti, Erica Rivas, todos actores grosos. Y yo qué voy a hacer ahí, pregunté, pero ellos me insistieron en que querían que fuera.
Casualmente, David Bisbal iba a esa misma entrega de premios y nadie sabía si estaban separados o no. En un punto parecía una movida de prensa.
¡No, cero! Yo jamás hago esas cosas, mirá que en España me han llamado de todos lados y nunca aparecí, nunca di notas ni nada relacionado con eso. Sabía que al ir me exponía, pero me lo tomo con tranquilidad, es parte de mi vida.
¿No te daba miedo ir a un lugar en donde estaba tu ex, siendo los dos superfamosos y estando recién separados?
Para nada. Cada uno tiene que hacer su trabajo, los dos estamos en un ambiente muy parecido y es natural que nos crucemos. Además, terminamos bien, entonces no hubo drama. Qué sé yo, a mis ex novios siempre me los cruzo. El papá de mi hija [Nicolás Cabré] es actor, Nacho Viale es productor. Es normal cruzármelos siempre. No soy una mujer que se ponga tensa con esas cosas. Soy tranquila, trabajo desde chica y sé cuándo me llaman por mí y cuando me llaman por otras cosas.
Sin haber comunicado una separación oficial, ¿sentías la presión de dar explicaciones a la prensa?
No, nunca doy explicaciones de lo que hago. Entiendo que el trabajo de los periodistas es saber eso, pero yo tengo muy metido en la cabeza que nadie me obliga a dar explicaciones.
Durante ese viaje fuiste tapa de una revista por hacer topless en la playa. ¿Sabías que eso podía ocurrir?
Es que allá están todas en topless, lo raro es andar con el bikini puesto. Me sorprende que en la Argentina sigamos tan atrasados y eso sea un tema. La gente tiene la cabeza muy cerrada, y a veces los medios se encargan de cerrársela más, en vez de tomarlo como algo natural.
¿Tenés carácter fuerte?
Soy muy tranquila y buena. Cuando era chica tenía un carácter terrible, era muy reaccionaria con todo, siempre estaba a la defensiva porque cuando trabajás desde muy chica no te queda otra.
¿Qué te tranquilizó?
Mi hija, Rufi. Con ella todo pasó a importarme mucho menos.
Rufina parece haber heredado el espíritu alegre y extrovertido de su madre, y el carácter fuerte de su padre. En mitad de la sesión de fotos, cuando juego con ella mientras su mamá posa sexy ante la cámara, se rebela y quiere ir a upa con la China. Mis intentos por distraerla son inútiles: el llanto es tan fuerte que paramos la sesión. Eugenia alza a su hija, Rufina se calma. Hablamos de cómo es ser mamá.
“Yo no me acostumbro a esto que me pasa. Todos los días le agradezco a Dios porque tengo una hija con salud, que tampoco es algo normal que haya que dar por sentado. Entonces digo, qué bueno. La veo correr y pienso, qué bueno que pueda correr; veo que no tiene problema con nada y digo, qué placer que haya tenido fiebre solamente una vez en sus dos años de vida. Yo todo eso lo valoro. Cuando estaba embarazada le decía a Nico: hay que agradecer todos los días que yo pueda tener un embarazo como el que tengo.
¿Te gusta mucho ser madre?
Es lo que más me gusta en el mundo, y sí, creo que es lo que mejor hago, porque es en lo que más me esfuerzo. Tuve la mejor mamá del mundo, y eso hace que todo sea más fácil. Que mi mamá me mire y me diga: Qué buena madre sos, es espectacular. Y ser mamá es lo que más me gusta en la vida.
¿Ahora tu ego pasó a segundo plano?
Te corrés del centro. No importa por dónde esté tu ego ni por dónde tengas la autoestima. Te corrés del medio. Antes tomaba todas las decisiones en relación a mí, pero ahora es inevitable que todo pase por Rufina. Cuando estaba embarazada, mucha gente me decía que ya no iba a poder salir con mis amigas, que iba a perder un montón de cosas. Y ahora que lo veo en perspectiva siento que eso es lo mejor, que no perdí nada, que jamás me privaría de estar una noche con Rufina por salir a bailar.
¿Con tus viajes no se te complica la crianza?
No. Tengo la suerte de haber elegido el mejor papá del mundo para ella, así que nos turnamos.
¿Y cuando estabas de novia con David, que vivía al otro lado del mundo?
Ella venía conmigo a todos lados, siempre me fui arreglando. Y ahora también. A veces me invento salidas los días que la tiene Nico porque si no me quedo en mi casa sola, extrañándola. Entonces aprovecho y salgo a comer, hago algo tranqui. Pero siempre es mejor plan estar con mi hija. Ella sale con nosotros, viene a comer con mis amigos, está muy acostumbrada a venir conmigo a todos lados, y siempre la pasa bien.
Entonces, ser mamá es tu mejor virtud.
Sí, y es en lo único que me interesa ser la mejor.
¿Cómo se aprende eso?
Es instinto. Yo desde que soy chica quiero ser mamá. Tengo amigas a las que no se les cruza por la cabeza, y para mí siempre fue lo único que quise. Toda la vida dije que a los 21 iba a tener un hijo, y así fue.
Justo se dio que estabas en pareja.
Claro, si no ni loca.
¿No tenías miedo de ser mala como madre, de no saber cómo hacerlo?
No, te juro que nunca dudé. Yo tengo inseguridades con otras cosas, pero con respecto a mi hija nunca me agarró eso de pensar si iba a hacer las cosas bien o no. Una también va aprendiendo sobre la marcha, vas conociendo a tu hijo y viendo qué necesita, que cosas no quiere, que límites hay que ponerle.
¿Te cuesta eso?
No.
Recién estábamos haciendo las fotos y Rufi se largó a llorar mal y a vos no se te movió un pelo.
Pero claro, si son chicos, cómo no van a llorar. Uno sabe cuando llora porque le duele la panza y cuando lo hace por capricho. Como mamá me doy cuenta de todo, si llora por cansancio, porque quiere que la abraces. Si es por un berrinche, que llore todo lo que quiera.
¿Qué cosas estás dispuesta a resignar por tu hija?
Todo. Creo que cualquier madre te diría lo mismo.
Hay grados. Algunas mujeres viven la maternidad con mayor compromiso que otras.
Bueno, no sé. Tampoco creo que haga falta dejar nada. Yo siempre quiero que Rufi me acompañe y así poder seguir con mi carrera. Y todo lo pienso para poder darle un mejor futuro a ella. A mí me va a gustar que Rufina crezca y vea a su madre desarrollada, haciendo lo que le gusta, porque también es un buen ejemplo para ella. No existe más esa cosa del ama de casa resignada. Yo quiero que mi hija me admire, no importa lo que haga.
¿Qué es lo que más te cuesta de ser mamá?
[Piensa] A veces soy poco paciente. Conmigo mis padres fueron cero malcriadores, en casa se comía lo que había y si no me gustaba, me iba a dormir sin comer. Y yo como mamá soy así.
¿El padre también?
Nico la malcría más. Porque es nena, y él tiene mucha más paciencia. Yo le cocino, le hago todo, pero quiero que entienda cómo es la vida, que no puede tener siempre al alcance de la mano cualquier cosa que quiera. Le explico todo siempre, le hablo mucho.
Dicen que los hijos son las únicas personas que uno sabe que siempre van a estar. ¿Cómo es tener a alguien que te va a amar incondicionalmente durante toda tu vida?
Es la mejor sensación del mundo. Sabés que nunca vas a estar sola, eso es muy real. Y si tenés un problema laboral, si te separás, si pasa lo que sea que te deprima, sabés que te tenés que levantar, que debés seguir por tu hija. Cuando tenés un hijo no te podés quedar todo el día en la cama llorando, porque tenés que salir adelante como sea.
¿Si te agarra una crisis de pareja, te obligás a estar bien por tu hija?
Es que no hay tiempo para deprimirte, porque tenés un hijo que te sonríe, que te está esperando, que te necesita.
Viviste dos separaciones desde que nació Rufina. ¿Qué papel cumplió ella en esos procesos, cómo te ayudó?
En la primera separación fue un poco difícil, porque me estaba divorciando de su papá. Pero a la vez uno en lo único que piensa es en su hijo, en que si ella va a estar mejor con nosotros separados, si nos damos cuenta de que la cosa no funciona y no funciona, perfecto, hay que hacerlo. Cuando tenés un hijo pensás todo en relación a su bienestar.
¿Y en la separación con David Bisbal?
No sé, no quiero dar detalles porque no me interesa, pero lo que te digo es que no tenés tiempo para pensar hoy me quedaría todo el día deprimida en la cama mirando tele con un kilo de helado. No podés, y punto.
¿Nunca te deprimís?
No. Tengo la suerte de ser muy optimista. Obviamente que me pongo triste, pero no soy de tirar para abajo.
¿Cómo sos en tu rol de hija?
Muy rebelde.
¿En serio? ¿Siempre fuiste rebelde?
Sí, toda la vida.
Y si Rufina te sale igual, ¿qué haces?
Eso me dice siempre mi mamá: ¿Ahora te das cuenta lo que sufrí yo con una hija rebelde? Rufina hace lo que quiere, maneja todo.
¿Cómo se manifestaba esa rebeldía tuya?
No en el reviente, porque nunca fui así. Pero de repente decía, teniendo 16 años, que me quería ir de viaje con una amiga, solas, a un all inclusive en el Caribe. Y lo hacía, porque ya ganaba mi propia plata y era muy independiente.
¿Cambió tu rol de hija al convertirte en madre?
Totalmente. Cuando sos madre entendés un montón de cosas. La preocupación extrema que tenía mamá cuando yo salía a bailar, la tengo ahora y con Rufina. Pienso en cuando ella sea adolescente y quiera salir con las amigas, y te juro que ya me da miedo.
¿Sentís que Rufina te salva de todo?
El dolor más grande fue la muerte de mi papá, hace tres años. Ese es un dolor real, y no me morí. Después de eso siento que puedo superar cualquier cosa. La muerte es algo irremediable, una separación no. Una separación es una transición, es algo feo, obvio, pero tengo a mi hija, que es saludable y es feliz. Entonces ya está, no necesito más que eso.
Fuente: La Nación
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