EVALUARÁN EL AGOTAMIENTO LABORAL CRÓNICO DE DIVERSOS TRABAJADORES
Un grupo de profesionales especializados en estrés realizará en nuestra ciudad un estudio sobre el agotamiento laboral crónico que quedó como remanente de las inundaciones en el personal de la salud, de los servicios (ambulancias, bomberos) y los docentes.
La investigación se realizará por iniciativa de los integrantes de la delegación local de la Asociación Argentina de Psiconeuroinmunoendocrinología, entidad que realizó recientemente su primera jornada titulada Puesta al día en estrés.
La Dra. Diana Zabalo, y la Lic. Teresa Valente, presidenta y secretaria de la entidad nacional, recordaron que algunos profesionales de Buenos Aires especializados en estrés (egresados de una maestría de la Universidad Favaloro) junto a sus pares santafesinos trabajaron en nuestra ciudad durante los primeros días de la inundación, como una forma de ayudar en la prevención del estrés.
“Pero -advirtieron- no tuvimos oportunidad de ofrecerles alguna salida sino que hicimos algunos tests en centros de evacuados y recabamos información. Por este motivo, realizaremos un test del agotamiento laboral crónico denominado Burnout (síndrome del quemado en el trabajo), con la colaboración de la Lic. Rosa Pietrani y el Dr. Mario Rappaportt, de la delegación local”.
Explicaron que el test fue aplicado en dos jornadas de capacitación que se brindó a personal de salud y docentes, y que posteriormente se hará en las escuelas y hospitales. Luego se cruzarán los datos con un grupo de control de Buenos Aires y se sacarán las conclusiones.
Al respecto, aseguraron que “durante las inundaciones, los profesionales de la salud, de los servicios y los docentes tuvieron mucha presión y demanda de la sociedad, muy pocos recursos, un costo emocional muy grande, además de agotamiento físico y poco reconocimiento en lo económico y lo social”.
Las profesionales indicaron que “este síndrome es muy grave, y hay gente que al año o dos años tiene que abandonar la profesión en los casos extremos, porque esas situaciones terminan invadiendo su vida privada. Según las estadísticas, un 5 o 10% deja de ser laboralmente activo por esta causa”.
Sin recuerdos familiares
Consultadas sobre su experiencia en los centros de evacuados, comentaron que “lo que más nos llamó la atención fue no la pérdida de lo material en primera instancia sino del pasado, de los recuerdos familiares. Todos nos hablaban de las fotos y de la historia individual y familiar. Eso primó en un momento, y por esa razón estaban bajoneados”.
“Pero -agregaron- también nos llamó la atención que la gente que más había perdido en lo material era la que más estaba centrada en las pérdidas emocionales y espirituales, mientras que alguna gente de clase media-alta, que casi no se había inundado, estaba preocupadísima por lo económico”.
En este sentido, mencionaron que “en los colegios, pedimos a los chicos que dibujaran lo que quisieran, y en su gran mayoría hacían las casitas inundadas, incluso en algunos casos con una imagen de un cadáver dentro de la casa”.
Por este motivo, comentaron que la propuesta que plantearon en las jornadas consistió en “aplicar el concepto de resiliencia, que es crecer en la adversidad, para no quedarnos de brazos caídos, deprimidos y derrotados. Queremos trabajar con el optimismo y no con el pesimismo: se trata de dejar el lamento, que es válido en los primeros momentos de la adversidad, cortar con la autocompasión y empezar a sacar la fuerza interior que cada uno tiene y establecer redes de apoyo entre pares, además de sociales y familiares. También se deben dar cambios en la forma de ver la realidad, que es lo que nos permite crecer y resolver esta tremenda tragedia”.
Al respecto, agregaron que “la gente nos dijo que es muy difícil ser optimista en estas circunstancias, y les dimos la razón, pero les explicamos que el optimismo es una militancia que requiere mucho sacrificio y que se construye día a día”.
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