EVO FORMÓ SU GABINETE CON MAYORÍA INDÍGENA Y CAMPESINA
Si de cumplir promesas se trataba, Evo Morales quiso demostrar que consultó a las organizaciones sociales y a las bases del Movimiento al Socialismo (MAS), como había dicho poco después de ganar las elecciones presidenciales. Ayer nombró, con el consenso de ellas, un gabinete de 16 ministros integrado, en su mayoría, por indígenas, campesinos, dirigentes sindicales y activistas sociales, casi todos ellos de izquierda, entre los cuales hay cuatro mujeres. Alicia Muñoz es la primera ministra de Gobierno (Interior) de la historia.
Fue un día después de asumir el cargo en medio de una fiesta que no cesó desde el viernes, con gente en las calles, tambores batientes, estribillos de aliento y grupos folklóricos frente al Palacio Quemado. Por la tarde, después de cerrar acuerdos con el presidente bolivariano Hugo Chávez, tomó juramento en Sucre, la capital histórica de Bolivia, a los nuevos prefectos (gobernadores), elegidos por primera vez por el voto popular.
Con su suéter a rayas –la ya famosa chompa–, Morales convocó por la mañana al “gabinete del cambio” y lo instó a cumplir con el “mandato del pueblo para cambiar el modelo neoliberal y, en democracia, resolver los problemas estructurales y sociales” del país.
Entre los nuevos ministros, David Choquehuanca, aymara como él, sin experiencia diplomática, que domina varios idiomas y tiene vínculos con organismos no gubernamentales europeos, ha sido nombrado canciller, y un abogado y periodista de formación marxista cuya trayectoria se caracteriza por la defensa de los recursos naturales, Andrés Soliz Rada, quedó a cargo de la vital cartera de Hidrocarburos.
Soliz Rada dijo que su primera tarea “será anotar en bolsas y otras instancias las reservas de gas a nombre del país”, como primer paso hacia la nacionalización de los recursos naturales. Las compañías petroleras Repsol, Total, BG Group y Petrobras, cuya inversión en la última década fue de 3500 millones de dólares, deberán negociar sus contratos antes del 30 de junio. En realidad, según confiaron a LA NACION fuentes gubernamentales, ya comenzaron a hacerlo con la premisa, impartida por Morales, de respetar que “el gas es propiedad de Bolivia bajo tierra y después de ser extraído”.
En su gabinete, cual señal a Santa Cruz de la Sierra, la región de mayor poderío económico, pionera en su afán de lograr mayor autonomía frente al poder central, incluyó al empresario Salvador Riece, como ministro de Servicios y Obras Públicas, y al abogado Hugo Salvatierra, de filiación socialista, como ministro de Asuntos Indígenas.
“La política es la ciencia de servir al pueblo, no de vivir del pueblo -dijo Morales-. Quiero pedirles personalmente, en nombre del pueblo, cero corrupción, cero burocracia. Tiene que terminar eso de vuelva mañana, vuelva pasado mañana. El pueblo está cansado. Tenemos la tarea de dignificar a la política.”
La jornada de Morales, el primer presidente indígena en la historia de Bolivia, había comenzado temprano. Y rindió cuentas de ello, como quien debe justificar cada minuto de su incipiente gestión. A las cinco de la mañana, dijo, recibió a una delegación japonesa con la cual comenzó a negociar una propuesta de condonación de la deuda boliviana y de compra de alimentos. Luego estuvo con funcionarios cubanos: otorgarán becas a 5000 estudiantes bolivianos, anunció.
En su discurso de anteayer en el Congreso, Morales había dicho que pretendía “refundar” el país después de 500 años de resistencia indígena y que inauguraba una nueva era. Ayer, en su primera reunión bilateral, firmó acuerdos con Chávez para intercambiar soja por diesel, de modo de resolver la falta de combustible en un país, curiosamente, rico en reservas de gas y petróleo.
“No queremos ser un país mendigo -dijo-. Queremos que nos compren y así conseguir mercados para nuestros productos.”
El gabinete en sí, desprovisto de políticos y tecnócratas, responde, en principio, a sus expectativas de aprovechar el momento. Sobre todo, el impacto que ha despertado la metamorfosis de Bolivia con un presidente indígena. Lo dijo a sus ministros: “Hay una expectativa impresionante en Bolivia y en el mundo. Tenemos la gran oportunidad de cambiar Bolivia. Quiero que empecemos a trabajar. Se acabó la fiesta”.
La fiesta, sin embargo, continuaba tanto dentro del Palacio Quemado como fuera de él. Dentro, mientras los nuevos ministros eran felicitados, el aymara Abel Mamani, enfrentado con la compañía francesa Suez Lyonnaise, administradora de Aguas del Illimani, tenía hinchada propia. Mamani será el ministro del Agua, una de las carteras creadas por Morales, y tendrá la misión de nacionalizar ese recurso.
Con la designación de sus ministros, Morales procuró hamacarse en dos frentes internos: uno, la relación con Santa Cruz de la Sierra, de modo de que sea un reflejo de su actitud “inclusiva” hacia todos los sectores del país, y el otro, la relación con las organizaciones sociales, reflejada en el canciller David Choquehuanca, de gran aceptación entre los indígenas más allá de su experiencia nula en el terreno diplomático.
En el Congreso, el MAS tiene 84 de los 157 legisladores que tendrán a su cargo la nacionalización de los recursos sin afectar, en principio, los bienes de las compañías ni perjudicarlas en su desenvolvimiento.
En Sucre, donde asistió al juramento de los prefectos con la intención aparente de ejercer su poder político en un año en el cual se hará la crucial asamblea constituyente en la que Bolivia definirá su perfil de país, pidió apoyo después de haber sorprendido a muchos con los miembros de su gabinete.
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