EVO MORALES ENFRENTA LA PEOR OLA DE PROTESTAS DESDE QUE ASUMIÓ
La Paz amaneció ayer en silencio. En lugar del tránsito alocado que cada día invade esta ciudad a 3.600 metros de altura, las calles estaban prácticamente vacías. Una huelga de choferes hizo desaparecer a los clásicos minibuses que llevan a una docena de pasajeros apiñados. Cientos de personas tuvieron que caminar cuadras y cuadras. También los maestros iniciaron una protesta por 48 horas, y esto generó una marcha de los padres de familia, que aquí están organizados, y salieron ruidosamente a las calles a pedir que sus hijos puedan volver a las aulas.
Con mucha Policía en las calles y algunos incidentes aislados, el presidente de Bolivia, Evo Morales, enfrentó ayer la jornada de protestas más fuerte desde que asumió, en enero. Anoche, el gobierno salió a intentar frenar parte de los conflictos y tuvo éxito en lograr que los choferes desistan de extender su huelga otro día. Pero los efectos del paro fueron muy duros.
En una placita sobre los cerros de la humilde zona norte de La Paz, muy cerca del límite con la ciudad de El Alto, Angela Yugra, de 24 años, con su beba de seis meses arropada en un “aguayo” colgado de su espalda, tomaba un helado de frutilla, sentada en un banco, poco después del mediodía. “Tuvimos que llevar a la niña al hospital caminando, desde El Alto hasta el centro de La Paz. Nos llevó casi dos horas, porque no había transporte”, contó a esta enviada. “Estamos descansando señorita, ahora tenemos que volver a caminar”, agregó su mamá, Albi, con otro vasito de helado.
“Soy vendedora ambulante, vendo pastillas en El Alto, pero hoy no fui. Como no hay movilidad no hay nadie comprando”, se quejó Albi. A pocas cuadras, en una de estas angostas y empinadas callecitas que llevan hacia El Alto, Lucio Calle conversaba con un vecino en la puerta del taller donde arregla aparatos eléctricos. “El paro de transporte nos ha afectado mucho. No han venido clientes. Vivimos a diario de esto y hoy prácticamente no hemos tenido ingresos”, comentó.
En la autopista que lleva hasta El Alto se veían ayer decenas de personas caminando por las banquinas, muchos a paso lento, resignados. Para evitar posibles incidentes con los transportistas, que a la mañana arrojaron algunas piedras a los pocos micros que circularon, la Policía desplegó un gran operativo de seguridad. En el peaje de la autopista se veían decenas de agentes con sus uniformes verdes, mientras de unos pocos minibuses bajaban pasajeros que tuvieron la suerte de conseguir un asiento.
El paro también se cumplió en otras ciudades, pero con menos repercusión, según mostraban anoche los noticieros locales. La Confederación Sindical de Choferes de Bolivia rechaza el cobro de multas indexadas al valor del dólar y el pago por la inspección técnica de los vehículos de servicio público. Los maestros, uno de los gremios más combativos, protestan contra la ley de educación del gobierno y piden la renuncia del ministro Félix Patzi.
El gobierno enfrenta múltiples reclamos. En la rica región de Santa Cruz, el comité cívico que agrupa a los empresarios —una importante fuerza opositora aunque no se enmarque en un partido— desistió de ir a un “paro cívico”, pero advirtió que vigilará al gobierno en la anunciada reforma agraria y el manejo de la Asamblea Constituyente.
El departamento de Tarija, que alberga la mayor reserva de gas, hizo una huelga de 24 horas en solidaridad con comerciantes de la frontera con Argentina, afectados por medidas aduaneras restrictivas que llevaron al corte del suministro de gas al norte argentino el lunes (ver “Se restableció…”). A la vez, el comité cívico de Chuquisaca, en el sudeste del país, hará hoy un paro contra el gobierno, al que acusan de desatender la región, se informó.
El Gobierno, que además enfrenta serios cuestionamientos de la oposición por la nacionalización del gas, denunció que detrás hay “intereses políticos”.
“Se están abriendo muchos pequeños frentes contra el gobierno, se están sumando fuerzas descontentas, pero hasta ahora se ha podido negociar —interpretó la analista Jimena Costa—. Aunque su popularidad bajó en las encuestas, Evo Morales tiene todavía apoyo”.
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