EVOCAN EL FANTASMA DE LA CENSURA
Puede parecer una anécdota menor, pero la historia que recupera el documental “La noche de las cámaras despiertas” es muy representativa (simbólica) de las irreconciliables diferencias, del debate político y del “color” de los comienzos de los agitados años 70. Este primer largometraje de los jóvenes Hernán Andrade y Víctor Cruz se centra en unos curiosos hechos ocurridos a fines de noviembre de 1970, cuando varios directores vanguardistas que formaron parte del denominado grupo Underground (entre ellos Alberto Fischerman, Julio Ludueña, Rafael Filippelli, Carlos Sorín, Miguel Bejo, Jorge Cedrón y Roberto Scheuer) decidieron filmar en los estudios Delta durante una sola noche y montar al día siguiente nueve cortometrajes sobre la censura para ser presentados el fin de semana siguiente en un acto organizado contra los recortes presupuestarios y la prohibición de trabajos realizados por alumnos en la Universidad del Litoral, ubicada en la ciudad Santa Fe. La proyección de ese Primer Encuentro Nacional de Cine, realizado en un local de la Unión Ferroviaria, terminó en escándalo y los grupos de la izquierda más radicalizada insultando y echando a los visitantes porteños, a los que acusaron de “traidores”, “reaccionarios” y “derrotistas”.
El grupo Underground estuvo integrado en su mayoría por cineastas formados en la publicidad y fuertemente influidos por las nuevas corrientes estéticas de la época (el new american cinema de John Cassavetes y la nouvelle vague francesa con Jean-Luc Godard a la cabeza). Con películas más cercanas al espíritu lúdico, a los happenings del mítico Instituto Di Tella que a la narración convencional, este movimiento -en el que también participaron desde Edgardo Cozarinsky hasta Bebe Kamin- se diferenció fuertemente de la experiencia política del Grupo Cine Liberación -más cercana a la izquierda peronista-, que lideró Fernando Pino Solanas con “La hora de los hornos”. En este sentido, “La noche de las cámaras despiertas” acierta al incluir los críticos testimonios de Octavio Getino y Dolly Pussy, que formaron parte de esta segunda corriente más contestataria y militante.
Basado en un conocido ensayo de la intelectual Beatriz Sarlo, el film de Andrade y Cruz abre con un videoclip que describe la tónica sociopolítica y cultural de la época y cierra con el único de los nueve cortos en 16 milímetros y blanco y negro que sobrevivió de aquella delirante y accidental experiencia: el realizado por Alberto Fischerman.
En diálogo con LA NACION, Andrade -que al igual que su codirector tiene 30 años y es egresado de la carrera de Imagen y Sonido de la UBA- recuerda que “nos faltaban dos entrevistas para finalizar el rodaje y me llama la productora para decirme que el actor Oscar Ferreyro había encontrado una lata en un armario. Fui corriendo y, efectivamente, era el corto de seis minutos que Fischerman rodó con él como único protagonista: un hombre desnudo al que le van tapando la boca, atando las manos y los pies, y apretando la nariz con un broche hasta que muere. Fue entonces que decidimos modificar la estructura del largometraje, reforzando la idea central, que es la ausencia”.
Andrade y Cruz también forman parte de una experiencia colectiva que ya ha producido una gran cantidad de cortos de ficción y documentales como “Tapados”, “La vaca verde”. Para “La noche…” contaron con un gran apoyo inicial por parte de la propia Sarlo y luego invirtieron seis meses en la investigación y más de un año en el rodaje, que incluye 16 entrevistas y un amplio material de archivo.
La película -que se exhibirá en el Auditorio del Malba (Figueroa Alcorta 3415) todos los viernes y sábados de julio que restan, a las 22)- encuentra, especialmente a partir del largo testimonio de Filippelli, una mirada irónica y despiadada sobre el enfrentamiento entre la vanguardia estética y la vanguardia política que marcó a esa convulsionada época.
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