EXPERIENCIA INÉDITA DE EDUCACIÓN POPULAR EN ROSARIO
Nada tan aguijoneante para las fibras de poderosos y elitistas como la llegada de obreros y pobres a la educación y de allí a la posibilidad de pensar, imaginar, organizar. Por eso la dictadura golpeó tan fuerte, en la vida y en todo lo que motorizara las experiencias por la dignidad colectiva, entre ellas la de la Biblioteca Popular Constancio C. Vigil que surgió y estuvo en el corazón del barrio La Tablada, en Alem al 3.000 hasta su destrucción en 1977.
Por eso la restitución de su personería jurídica a los socios‑dueños asi como los bienes inmuebles de la entidad ‑entre ellos el complejo de Alem y Gaboto que en gran parte ocupa hoy la Región VI del Ministerio de Educación‑, y de sus actividades educativas, culturales, deportivas y recreativas será pedida al gobierno de Jorge Obeid. Otro gobierno de Santa Fe, durante la dictadura militar, en febrero de 1977 la intervino, la desarticuló y liquidó sus bienes. Una semana y media atrás una inquieta asamblea de más de 250 personas que se reunió en el Club Central Córdoba nombró una comisión provisional que integran ex alumnos del instituto secundario de la Vigil, dirigentes históricos del complejo y vecinos, socios y no socios, interesados en recuperar la que fue una de las más importantes experiencias de educación, cultura y expresión popular de América latina. Para eso ya está en la calle una campaña de firmas y se pedirán audiencias y respaldos en todos los niveles de gobierno: municipal, provincial y nacional. Desde 1983 con el inicio de la etapa democrática en el país y José María Vernet en el gobierno provincial hasta estos días nadie atendió los pedidos de audiencia de quienes hicieron intentos por lo que se considera una indispensable reparación histórica. El ex presidente Juan Domingo Perón conocía y levantaba la experiencia (ver aparte) mientras que nadie recogió todavía el guante que devuelva lo que es parte de la riqueza, la memoria y la proyección populares.
La sede del Club Central Córdoba fue la caja de resonancia de las más de 250 personas que se reunieron el pasado 11 de marzo para motorizar otra vez el reclamo por la restitución a los asociados de la personería jurídica y la reapertura del funcionamiento de las actividades educativas, culturales, sociales, mutuales y del jardín materno infantil de la Biblioteca Popular Constancio C. Vigil.
Allí se reunieron los dirigentes históricos y los ex alumnos del instituto secundario del complejo, entre ellos la actual secretaria de Cultura de la Municipalidad de Rosario Marina Naranjo, vecinos‑socios del emprendimiento educativo y cultural y otros nuevos que conocieron lo que fue o a quienes les contaron que había hasta 1977 en la sede de Alem y Gaboto, donde hoy está la sede de la Región VI de Educación, la Escuela Media Nº 338 y el teatro Saulo Benavente, la sede de Cultura de la provincia y las escuelas provinciales de Cine, Teatro y Bellas Artes, además de la Biblioteca Eudoro Díaz.
La asamblea fue movilizadora y emotiva. Así lo cuenta Carlos Taruselli, un hombre de 45 años que terminó como parte de la primera promoción de peritos mercantiles del instituto en 1976 y ahora es presidente de la cooperadora de la Escuela Nº 1235 “C.C. Vigil” y de la escuela media en la que cursó, la Nº 338. Nadie esperaba una convocatoria tan importante y dispuesta a hacer, a gestionar, tanto que ya nombró una comisión provisoria que trabaja en la reunión de firmas para acompañar el pedido y que propone entrevistar y pedir el pleno respaldo del Departamento Ejecutivo municipal, de los concejales de la ciudad, de la Legislatura, del gobierno provincial y llegar hasta el Congreso nacional y la Presidencia de la Nación.
Taruselli ya hizo algunas gestiones ante el Ministerio de Educación nacional. “El de la Vigil es uno de los casos de más grave daño a la educación pública y popular”, dijo a Rosario/12.
Augusto Duri quien fue presidente de la Biblioteca que empezó a gestarse en 1944 recuerda que desde 1983 se hacen gestiones pidiendo por la restitución de la personería jurídica, de las actividades y de los bienes del complejo. El primer intendente de la democracia Horacio Usandizaga y el Concejo Municipal de aquella época se expidieron en favor de esa restitución, cuenta. “Pero nunca obtuvimos nada de los gobiernos provinciales. Desde la gestión de Vernet en adelante nadie respondió, ni siquiera a los pedidos de audiencia y se hizo oídos sordos al reclamo por la reparación histórica que plantean los asociados de la Biblioteca Constancio C. Vigil”, recordó.
La charla con Duri y con Taruselli transcurre de manera inevitable por los movimientos para recuperar la vida y los bienes de la Vigil con los mil detalles ligados a su historia. El “terrible” mérito de la Vigil al que la dictadura atacó de inmediato y que no logró reparación desde el período democrático “fue el ejercicio del pensamiento, de la crítica, de la creatividad” dicen casi alternadamente. Los días de muerte, de terror y de la exploración de todos los caminos, los más retorcidos y sinuosos para lograr la tétrica alianza de miedo, prejuicio e ignorancia que se instalaron en todo el país golpearon una experiencia de educación y cultura popular autogestionaria e inédita en el país y en América latina.
La comisión que de manera provisional tomó el compromiso de gestionar por la restitución de la personería jurídica a los socios piensa también en la recuperación de los bienes inmuebles del complejo, la mayoría de los que fueron vendidos por la intervención liquidadora a la provincia. Tanto Duri como Rubén Naranjo ‑que en la biblioteca fue director de la Escuela de Artes Visuales, de la Editorial y rector del instituto secundario‑ recuerdan que el 25 de febrero de 1977 quien ocupó la gobernación de la provincia, el vicealmirante Jorge Aníbal Desimoni y el entonces director del Instituto Nacional de Acción Cooperativa (INAM) dispusieron la intervención normalizadora a cargo del capitán de corbeta Esteban César Molina, primero y luego del teniente coronel (RE) Sócrates Alvarado. De allí en más vino la liquidación judicial sin quiebra de los bienes (ver aparte).
La excusa para la intervención la ofreció la escalada inflacionaria del rodrigazo. El recurso económico que significaron las rifas y luego los bonos que se vendían en un número de 100 mil en la provincia de Santa Fe y en otras y a través de los que se otorgaban muchísimos premios ‑‑casas, departamentos, autos, viajes, libros, discos‑‑ tropezó con el gran escollo que enfrentó todo el país. Los ganadores en los sorteos aumentaban sin que se pudiera atender, como se hizo durante tantos años, las demandas que correspondían. Los proveedores no entregaban los premios a los mismos precios que se habían contratado sino a cientos de veces más. No se pudo sostener la situación. “Sin embargo -dice Duri- no había razón para la intervención ni para la liquidación, el capital de la Biblioteca superaba en mucho a las deudas que luego tampoco se pagaron”.
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