EXPLORACIÓN AL MUNDO DE LA MUJER
Es la primera vez que madre e hija comparten el escenario con un texto que no lleva ninguna clave de sol, sólo palabras. Las dos vinculadas a la música, una al tango y la otra al jazz, asumieron el desafío de integrar el mismo elenco, con una obra de estructura dramática. Susana Rinaldi y Ligia Piro hablaron con Clarín sobre Vino de Ciruela, estrenada en el Teatro Broadway. Es una adaptación de Rubén Pires (también la codirige junto a Manuel González Gil) de La Edad de la Ciruela, de Arístides Vargas —argentino exiliado en Ecuador—. Sus estilos personales son bien distintos, pero las dos expresan el mismo entusiasmo. Vino de Ciruela es el regreso al teatro de Rinaldi, quien interpreta tres personajes en un elenco que se completa con (además de su hija) Perla Santalla, Rita Terranova, Magela Zanotta y Claudia Pisanú.
“La leí y me encontré con una obra excepcional. Sentí que tenía que hacerse”, cuenta Rinaldi. Cuando le comunicó a Pires la fabulosa impresión que le había causado el texto, el director le informó que ya había convocado a Ligia. Madre e hija ignoraban hasta entonces que la otra iba a estar en el elenco. “Trabajé con Rubén el año pasado en Romeo y Julieta, con Florencia (Peña). El ya tenía esta obra en la cabeza”, acota Ligia. Vuelve a tomar la palabra la madre y explica: “La excusa es una familia de mujeres que analizan, sin proponérselo, esta sociedad. Esta familia es la sociedad conservadora en la cual nos acostumbramos a vivir en un estado de estupidez. Somos cómodos y no tenemos un gesto mínimo que nos aporte la voluntad de ser diferentes”, agrega.
El texto original propone que dos actrices realicen todos los personajes. Pero en la adaptación, el elenco es más numeroso, aunque algunas actrices encarnan más de un papel. “Han pasado muchas cosas con esta obra, por eso he decidido salir a defenderla en todos los rincones”, expresa la embajadora del tango en el mundo, refiriéndose a los cambios del elenco.
¿Cómo vivieron los cambios que sufrió el elenco durante los ensayos?
Susana: Esta obra es tan importante que ha provocado todas esas trabas que se presentaron para llevarla adelante.
Florencia Peña fue una de las primeras confirmadas. Pero después de un mes de ensayos, se bajó del proyecto. “Hubo problemas con algunas compañeras que no terminaron su trabajo de ensayo. Yo lo lamento mucho. Porque los actores cuando nos enamoramos de algo y después tenemos que, por distintas razones, renunciar a ese algo, nos queda adentro una asignatura pendiente. Creo que eso es lo que les va a pasar a Rita Cortese y María Leal. Pero las relaciones humanas no todas son felices”, reflexiona Rinaldi. Lydia Lamaison fue la última actriz a la que se convocó y que tampoco permaneció en el elenco.
Entre los vaivenes que sufrió la pieza, el título también se reformuló varias veces. El texto original se llama La edad de la Ciruela; la adaptación tomó primero el nombre de Pasajeras de la vida y finalmente, Vino de Ciruela. “Si bien es cierto que son generaciones que se van pasando la posta unas a otras, a veces lo hacen en los defectos, no en las virtudes. Eso es resignarse. Vino de Ciruela es el título más acertado, porque es el detonante de todas las situaciones”, asegura Rinaldi.
¿Cómo es compartir el escenario con su hija?
Susana: Es una grave responsabilidad. Si bien no dialogamos en escena, es una responsabilidad muy grande. Aunque yo sea profesional, no puedo dejar de sufrir y de esperanzarme como mamá.
¿Vos, Ligia?
Ligia: Yo a mi vieja la admiro mucho. A mí me gusta la idea de trabajar con ella.
De los dos hijos del clan familiar, Alfredo eligió el tango y Ligia, el jazz, “la música que yo escuché siempre”.
También escuchabas tango, en tu casa…
Ligia: No, mi mamá ponía discos de Liza Minelli. Y yo siempre viví en mi mundo. Nunca tuve nada que ver con el tango. Melódicamente el jazz se asemeja al tango, tiene estructuras musicales y acordes muy parecidos. El jazz tiene la melancolía del tango, viene de los suburbios, del dolor de la raza negra, tiene que ver con lo oscuro, el alcohol, la decadencia, la nostalgia del hombre que se va y la mujer que lo abandonó. Para cantar tango, tenés que tener una cosa adentro de arrabal, que yo no tengo. En Romeo y Julieta y en Gotán cantaba tangos, pero como lo hacía desde un personaje, no tenía el prejuicio de estar cantando tango y que no me saliera bien. Me parece que me salen muy abolerados…
Susana: ¿Qué tiene que ver eso? Musicalmente le sale todo bien.
Susana, cuando sus hijos eran chicos, ¿los llevaba en sus giras?
Susana: A veces sí, sobre todo cuando eran muy chicos. Después, tuve una ayuda sin límite que fueron mi madre y mi hermana. Ellas me acompañaron enormemente en esta tarea de trascender la música de Buenos Aires fuera de nuestro país. No hubiera podido hacer nada sin ellas, porque soy muy madraza, la responsabilidad de mis hijos no la hubiera delegado en cualquiera. La figura de mi madre y de mi hermana amparaba los espacios que yo no podía sustentar. Quizá por esa razón, mis hijos, los dos por igual, sienten un respeto muy grande por la familia. Ha imperado muchísimo en nuestra actividad como familia musical este criterio. No tenemos necesidad de ser mafia. Y cada uno pudo manifestar su toque especial que lo hace diferente dentro del grupo familiar.
“Nunca tuve una mamá o un papá que me abrieran puertas. Al contrario, yo tuve que pelear en una época en la que los primeros eran muy importantes”, dice Rinaldi con orgullo de madre que ha dejado crecer libremente a sus hijos, dejándolos abrirse camino a su modo. “Sé que mis hijos, los dos, han hecho sus intentos de marcarse, profesionalmente, solos. Tanto el padre como yo, de distinta manera, hemos sido un poco duros, rigurosos en ese sentido. No queríamos que pareciera que desde lo que somos les dábamos un empujoncito, para que los demás tuvieran una mejor mirada de lo que ellos hacen. He criticado tanto eso, que no me atrevería jamás a hacerlo. Por eso tiene más valor”, asevera con convicción.
Además de Vino de Ciruela —donde la música original es de Juan Carlos Cuacci, cuñado de Rinaldi— y de Gotán, otros títulos juntaron a la familia. En Fra Noi, en Mar del Plata, se presentaron Ligia y Alfredo Piro, Inés Rinaldi, Juan Carlos Cuacci, Ana Cuacci y cerraba Susana Rinaldi. “Yo era como la oveja negra, porque hago jazz y el resto tango”, dice Ligia. “El público tanguero es muy fuerte. Mi hermano canta tango muy bien. Es el varón del tango, bien macho”, afirma. Los hermanos Ligia y Alfredo actuaron y cantaron en la versión tanguera de Romeo y Julieta, “pero no nos cruzábamos en escena”, aclara la joven. Hicieron además Tangos de una noche de verano.
“Vino de Ciruela no es un panfleto feminista ni una imagen de la mujer patética como estamos acostumbrados a ver. Las mujeres nos mostramos desde los distintos personajes de todas maneras: buenas, malas, cínicas, perversas, agradables, sumisas, independientes… Y todas somos una, todo eso lo llevamos dentro”, sintetiza Rinaldi y asume sus palabras.
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