EXTRADITAN A CUATRO ARGENTINOS A EE.UU.
La Argentina extraditó a los Estados Unidos a cuatro argentinos, presuntos integrantes de una red internacional de tráfico de heroína colombiana, para que sean juzgados en ese país por ingresar droga con destino final en Nueva York.
Enrique Javier Moscoloni, Carla Lorena Zurrián, Betiana Eva Zurrián y Tamara Sabrina Arla Pita son los primeros ciudadanos argentinos enviados a los Estados Unidos para ser sometidos a proceso bajo los términos del acuerdo de cooperación firmado entre ambos países y ratificado en el año 2000.
El suyo es, además, un caso sin precedente en América latina, pues se trata de una extradición temporal: los acusados deberán regresar a la Argentina en tres meses, tras enfrentar el final de su proceso penal en Nueva York, para ser sometidos a juicio ante el Tribunal Oral Federal N° 3 de San Martín. Si resultan condenados en ambos casos, sólo irán a una prisión norteamericana una vez que cumplan su condena aquí.
En diciembre de 2001, el líder de la red, Gabriel Antonio Peláez Marín, fue extraditado desde Colombia y sentenciado a 12 años de prisión en Nueva York. Los cuatro argentinos, según informó la DEA, detenidos ahora en Nueva York desde que la cancillería argentina autorizó su remisión, el 24 del actual, enfrentan cargos que llegan a cadena perpetua, más una multa de 4.000.000 de dólares.
La comparecencia de los imputados, detenidos por la policía bonaerense en junio de 2000, ante los estrados norteamericanos comenzó a destrabarse sólo en noviembre último, cuando, como publicó LA NACION, la Corte Suprema de Justicia revocó la denegatoria de extradición dictada en mayo de 2001 por el juez federal de Morón Alberto Criscuolo.
El magistrado de instrucción había considerado que la extradición solicitada por los Estados Unidos en noviembre de 2000 no podía ser aceptada pues el cuarteto estaba acusado en la Argentina por el mismo delito por el cual era requerido por la justicia norteamericana: tráfico de drogas.
Pero el máximo tribunal determinó que los Estados Unidos requerían a los imputados argentinos por el delito de asociación ilícita destinada a la importación de la heroína, entre agosto de 1999 y mayo de 2000, mientras que Criscuolo los tenía a su disposición acusados por transporte de estupefacientes agravado por el número de personas, mediante el reclutamiento de “correos”, personas que llevaban la droga.
En su acordada, el tribunal supremo estableció que “el tipo penal aplicado por el juez argentino no subsume totalmente los hechos valorados por el juez de los Estados Unidos (Lois Bloom, de la Corte del distrito de Brooklyn, en Nueva York)”, por lo que los ministros de la Corte descartaron que hubiese una doble incriminación, pues a los efectos de la extradición no se exige identidad normativa entre tipos penales, sino que las normas argentinas y del país requirente castiguen el mismo delito.
Por cuatro países
En junio de 2000, la investigación de la oficina de la DEA en Nueva York tuvo su exitoso epílogo al cabo de una serie de allanamientos en Colombia, Ecuador, Nueva York y Buenos Aires que derivó en el fin de una red que traficaba heroína con destino final en Manhattan. En ese operativo se confiscaron 41 kilos de heroína -24 en Nueva York y 17 en Quito, Ecuador-, y fueron detenidas 17 personas, entre ellas, tres mujeres y un hombre argentinos.
La DEA estableció que la red concretó al menos una docena de entregas de narcóticos entre agosto de 1999 y mayo de 2000, de entre cuatro y 12 kilos de heroína por vez.
La droga tenía su origen en Colombia y era enviada desde allí a Ecuador. De Quito, y en barco -estableció la DEA-, el estupefaciente llegaba a Buenos Aires. La heroína era puesta en sobres que eran cosidos a los forros de las valijas con las que “mulas” argentinas contratadas por la célula bonaerense de la red viajaban en vuelos de línea hacia los aeropuertos John F. Kennedy, en Queens -Nueva York-, y Hartsfield, en Atlanta, Estado norteamericano de Georgia. Desde esos aeropuertos, los “correos” argentinos viajaban en tren hasta Manhattan, destino final de los cargamentos, valuados en varios millones de dólares en el mercado norteamericano.
Luego de que la policía bonaerense detuvo a los cuatro integrantes argentinos de la red, surgieron más detalles de las operaciones de la banda.
Según consta en la causa judicial, Carla Zurrián era la encargada de contratar a las “mulas”, a las que enviaba a Quito con 5000 dólares, para llevar la droga desde la capital ecuatoriana hasta Buenos Aires.
Cada cargamento de heroína era “enfriado” en una casa de Moreno, en el conurbano bonaerense, hasta que nuevos “correos” eran instruidos para viajar, de Ezeiza a Nueva York y a Atlanta en vuelos de Aerolíneas Argentinas, United Airlines y LAPA, y desde allí al corazón de Manhattan. Los “correos” se alojaban en hoteles e informaban de la entrega a Buenos Aires. De aquí se avisaba a Colombia, desde donde se concertaba con el comprador neoyorquino la transacción. El pago se hacía por medio de transferencias electrónicas.
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