EXTRAÑA FUGA DE TRES PRESOS, ACUSADOS DE VARIOS SECUESTROS EXTORSIVOS
La camioneta Ford F150 del Servicio Penitenciario de la Federal salió del Complejo Penitenciario I de Ezeiza sobre las seis de la mañana de ayer. En la parte trasera iban siete presos y adelante —separados de ellos por una división blindada— tres guardiacárceles que podían verlos por una ventanita.
Unos 40 minutos después el transporte llegó al penal de Devoto, donde parte de los detenidos se cambiaría a un móvil que los llevaría a a un juzgado federal de Lomas de Zamora. Entonces se descubrió todo. La dotación de penitenciarios había llegado completa pero la de presos no: tres de los siete desaparecieron “misteriosamente” en algún punto entre Ezeiza y Devoto.
El escape tiene características de escándalo. Y no sólo por las serias irregularidades que llevaron a la inmediata detención de los tres penitenciarios a cargo de la “comisión”. Sus protagonistas no son presos anónimos: dos de los tres fugados, Gustavo Escobar Duarte (29) y Carlos Cuesta Gati (25), están acusados de haber secuestrado, el 18 de setiembre en Adrogué, al defensor oficial de Lomas de Zamora, Daniel Baca Paunero.
Ayer Cuesta Gati y Escobar Duarte iban a ser sometidos a rueda de reconocimiento en la DDI de Lomas de Zamora por otros cinco secuestros, además del de Baca Paunero. El preso que se escapó con ellos, Fernando Casella, se entregó más tarde en el juzgado del juez federal de San Isidro Roberto Marquevich. Allí tiene abierta una causa por secuestro extorsivo. Allí habría explicado que estaba esposado a uno de los dos presos que huyeron, por lo que se vio obligado a seguirlos.
Baca Paunero se reunió ayer a la tarde con el secretario de Justicia y Asuntos Penitenciarios, Pablo Lanusse, quien le designó una custodia permanente. A primera hora Lanusse se había presentado en el juzgado de Instrucción Nº 8 de Capital, donde quedó radicada la investigación judicial de la fuga.
Según un documento de dos carillas presentado por el funcionario, el móvil 153 de la División Traslados salió de Ezeiza con su capacidad completa: siete presos. Por eso el encargado de la custodia debió viajar en la cabina delantera junto con el chofer y el encargado de la comisión.
La puerta de la camioneta quedó cerrada por fuera por un pasador de hierro y un candado. Adentro a cada preso se le esposaron las manos.
Sentados en dos filas enfrentadas los detenidos quedaron separados de los guardiacárceles que, según fuentes del caso, sí podían verlos por una especie de ventanita. Pese a esto nadie parece haber advertido la fuga.
Cuesta Gati, Escobar Duarte y Casella desaparecieron sin dejar rastros. En principio la puerta de la camioneta no tenía marcas que indicaran que había sido forzada de adentro y el candado había sido abierto, pero no roto.
La fuga fue tan perfecta (“demasiado”, según tres fuentes del caso) que hasta ayer no se sabía en qué parte del trayecto los presos salieron de la F-150.
Para las autoridades tampoco está claro por qué si en Devoto había otro móvil esperando para llevar a tres de los detenidos a Lomas, no se hizo el recorrido al revés. Es decir, que este móvil, vacío, fuera a buscar a los presos a Ezeiza y luego los llevara a Lomas, lo hubiera sido más seguro.
Lucini indagará hoy a los tres penitenciarios detenidos. Seguramente lo hará por los delitos de “facilitación de evasión” e “incumplimiento de los deberes de funcionario publico”.
Ante el juez los guardiacárceles tendrán la difícil tarea de explicar cómo fue que no escucharon, vieron o notaron que tres hombres se estaban escapando frente a sus narices. También serán citados los cuatro presos que no escaparon. Ellos son testigos importantes de lo ocurrido.
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