EXTRAÑO CASO EN UN CEMENTERIO SALTEÑO
Un extraño caso sacudió la habitual calma de un apacible pueblo salteño: muchos vecinos denunciaron que desde el interior de un ataúd se escuchaban ruidos extraños. Y lo que en principio podría haberse incluido como parte de las crónicas de la fantasía pueblerina fue tomando otros ribetes. A punto tal que un juez ordenó la exhumación del cadáver para constatar el origen del fenómeno que fue eje de todo tipo de comentarios entre los habitantes de Rosario de Lerma, un pueblo ubicado a 32 kilómetros al suroeste de la capital salteña.
El pasado jueves, Jorge Sandón, empleado del cementerio de “Sagrado Corazón de Jesús” de Rosario de Lerma pasó, mientras trabajaba, frente a un nicho que aún estaba sin cerrar.
Quedó perplejo al constatar que desde el interior salían ruidos extraños, lo que puso en alerta a su mente y a prueba su coraje: los sonidos provenían desde el interior de un ataúd.
El empleado comunicó la novedad al encargado del cementerio, Demetrio Alancay, y entre ambos llamaron al personal de la comisaría Nº 14 del pueblo.
“Sí señor, se escucharon ruidos que provenían desde el interior del cajón. Son pequeños golpes intermitentes que se producen cada cinco segundos, como si se tratara de un marcapasos”, contó con la voz entre cortada el cabo primero Dante Martínez, quien constató el fenómeno junto a un compañero, el agente Horacio Cardozo.
Con estos elementos, las autoridades pidieron intervención a la Justicia, y el fiscal correccional Nº 5 en feria durante enero, Marcelo Rubio, comunicó la novedad a la jueza Catalina Russo. La magistrada ordenó la exhumación del cuerpo.
El ataúd había ingresado al cementerio el lunes 16. En su interior descansan los restos de Gladis Celina Rodríguez (57), quien falleciera un día antes de “muerte natural”, según consta en el certificado de defunción.
La exhumación la realizó el cuerpo de bomberos del pueblo y fue supervisada por un oficial de justicia, policías, el médico legal, Pablo Alanís, y una hermana de la difunta, Elena Socorro Rodríguez, quien prefirió tomar distancia del patético cuadro y se ubicó unos metros más allá del lugar.
Cuando el féretro fue abierto, el médico pudo constatar que el cuerpo se encontraba en avanzado estado de descomposición, dato considerado clave para desechar cualquier especulación.
“No se observó ningún indicio de que la persona hubiera estado con vida al momento de cerrar el ataúd, como rasguños en las paredes del cajón u otro signo que nos hiciera pensar lo contrario”, asentó el médico en su informe.
“Hablando con la gente de la empresa fúnebre, me explicaron que las altas temperaturas contraen la chapa con la que están forrados los ataúdes. Quizás esto explique los ruidos que salían del cajón”, le dijo a Clarín, el sargento ayudante Miguel Angel Ruiz como para bajarle el telón a un caso que para la Justicia tocó su fin, pero que la gente lo seguirá usando como combustible de la hoguera de sus charlas pueblerinas.
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