Federico Luppi, como “El Negro” Monzón: ¿amar al pecador, odiar el pecado?
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Con la muerte del gran actor vuelve a la coyuntura una discusión latente: la dicotomía entre la vida pública y la privada de algunos hombres violentos. Tal como sucede, por ejemplo, en Santa Fe particularmente -y el mundo del boxeo en general- con el caso de Carlos Monzón, estos “grandes” ¿serán recordados por sus logros o por sus miserias?
El exitosísimo y multipremiado actor argentino – español Federico Luppi dejó de existir hoy, a los 81 años a causa de complicaciones cardiovasculares derivadas de un accidente doméstico.
Había protagonizado decenas de películas y había recibido premios en festivales internaciones de cine, como el Sitges y San Sebastián. Y también fue profeta en su tierra, porque ganó seis veces el Premio Cóndor de Plata como mejor actor y tres diplomas al mérito Konex por su labor en cine, teatro, radio y televisión, por citar algunos.
Sin embargo, la reacción de la sociedad ante el anuncio de su deceso fue dispar: amado y odiado, algunos lo honran por su obra y otros, en cambio, lo recordarán por sus escándalos personales, que van desde denuncias por violencia de género por parte de su ex esposa Haydeé Padilla, un hijo no reconocido del que hacía alarde – “A mi hijo le paso plata, pero no lo quiero conocer” habría admitido en marzo de 2013 a la revista Pronto- y hasta exabruptos a sus colegas, episodios que lo habrían llevado a alejarse de la escena mediática.
En tanto, en Santa Fe hay otro caso que divide las aguas de la opinión pública: el de su Campeón Mundial de Boxeo Carlos Monzón. Con 87 sobre cien peleas ganadas, reconocido mundialmente por su estilo, ubicado en el puesto 11º entre los mejores boxeadores de la historia por la revista Ring, con un sitio propio en el Salón Internacional de la Fama del Boxeo en el Madison Square Garden de la ciudad de Nueva York…hoy, la Municipalidad y la Provincia de Santa Fe contemplan la posibilidad de retirar su monumento de la costanera santafesina por considerar, en palabras de la Subsecretaria de Políticas de Género, Gabriela Sosa, que, como gobierno no pueden “seguir multiplicando mantener figuras que representan una situación de violencia”.
Es porque “El Negro” falleció en un accidente de tránsito, en ocasión de una salida transitoria mientras cumplía condena por el asesinato de su pareja, Alicia Muñiz; y, aunque entonces no existía la figura del femicidio, y se lo había condenado por homicidio simple, hoy, a la luz de las políticas de género, el debate está abierto: ¿amaremos a nuestros ídolos por su obra, o les pediremos completa entrega?
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